sábado, 31 de julio de 2010

EL ECO ME DEVUELVE TUS PALABRAS

El eco me devuelve tus palabras
como un suave rumor de caracolas,
son las dulces palabras y suspiros
salidos de tus labios y tu boca.

Se remueven inquietos los silencios
en el pecho impaciente de la rosa,
es el alma con pétalos mojados
la que espera ese paso de las horas.

Sin embargo prosiguen los latidos,
y los mares golpean en la costa,
y se vuelven de nuevo mansamente
a dormir, en la playa, con sus olas.

Tus palabras de nuevo me conmueven
y presiento esa brisa que se aloja,
esa lava de fuego incandescente
como suave preludio de una nota.

Esa nota arrancada del vacío
como dulce susurro de una viola,
ese canto lejano y sin palabras
que me deja en su vuelo la gaviota.

Hay un breve y sutil escalofrío,
es el néctar vertido en una gota,
es tu vino que llega hasta mis labios,
a saciar esta sed abrasadora.

Tus palabras me llegan con el eco
y sus versos componen una estrofa,
un poema sin rimas ni asonancias
recogiendo el perfume de sus hojas.

Un perfume que embriaga los sentidos
y me llena y me cubre con su aroma,
un perfume del todo diferente
en un beso preciado que me roza.

Y me rozan el eco y tus palabras
y palpita mi pecho que se aloca,
porque siente las letras tan sublimes
que regresan de tierras muy remotas.

"...Tus palabras me vienen con el eco
y se quedan pacientes con mi sombra,
son palabras y ecos que me hablan
mientras besan mis labios sin demora..."

Rafael Sánchez Ortega ©
31/07/10

viernes, 30 de julio de 2010

CORRE, CORRE, CAMINANTE

Corre, corre, caminante
y tu cuerpo no doblegues,
sal en busca de la luna
aunque vuelvas con claveles.

Ten en cuenta que los niños
tienen sueños muchas veces,
y en los mismos siempre encuentran
mil sorpresas y juguetes.

Más los hombres no son niños,
son personas simplemente,
unos miran las estrellas,
otros beben y se duermen.

Hay sorpresas que no esperan
en la plaza y en las fuentes,
son suspiros de la vida
con la brisa que los mece.

Hay susurros en los labios
que musitan lo que quieren,
lo que guardan, lo que piensan
esos pechos tan valientes.

Hay juguetes en los niños
que no son lo que parecen,
son las letras y dibujos
los cuadernos y deberes.

Hay canicas en la bolsa
con mil sueños en la frente,
bicicletas encantadas
y también con patinetes.

Es por eso caminante
que te digo que hasta siempre,
corre, corre, muy deprisa,
corre en busca de tu suerte.

Tú destino está marcado
y una sombra te protege,
es la sombra de la luna,
de cristianos y de infieles.

Corre, corre, caminante,
busca el río y su afluente,
vete pronto a la ribera
a encontrar lo que tu sientes.

Ese cáliz con la sangre,
esa lava tan ardiente,
ese cirio con la llama
que se apaga y que perece.

"...Corre, corre, caminante,
haz que el cuerpo se enderece,
mira arriba, a las estrellas,
y recoge lo que tienen..."

Rafael Sánchez Ortega ©
30/07/10

jueves, 29 de julio de 2010

VOLVERÁN CON EL MAR Y LAS MAREAS

Volverán con el mar y las mareas
los romances de niños y de ancianos,
y con ellos vendrán tantos recuerdos,
impacientes, que fueron rescatados.

...Sín títulos, ni rótulos estaba
aquel viejo café de no hace tanto,
tras sus puertas guardaba los secretos,
confidencias de jóvenes de antaño.

Era un viejo esqueleto el edificio,
y el café se encontraba en aquel bajo,
junto al puerto cargado de ilusiones
con marinos llegados en los barcos.

Acudían también a la taberna
jubilados curtidos por los años,
con su pipa paciente y la petaca
conteniendo las hebras del tabaco.

Se sentaba mirando la ventana
y llevaba la copa hasta sus labios,
era un vino mezclado con el humo,
con el gesto nervioso de sus manos.

También iban señoras muy curtidas,
jornaleros y tipos trajeados,
una mezcla de seres muy bohemios
que ponían la esencia de ese cuadro.

Y allí estaba la eterna sirenita,
despachando cervezas en los vasos,
con su gracia sutil y su presencia,
y poniendo una nota con su encanto.

Porque sí, era ella quien cantaba
y limpiaba el tablero con un trapo,
tan ajena a la calle y a la vida,
con mil sueños tenidos, pero intactos.

Conservaba la gracia en su mirada,
su sonrisa prendida de los labios,
y ese toque sutil y diferente
que llamaba atención, sin evitarlo.

Simplemente allí estaba, porque era,
la criada y la dueña de aquel antro,
el café de los hombres tan curtidos,
marineros, obreros y borrachos.

Albergaba en su pecho la esperanza
de marchar algún día hacia otro lado,
de encontrar a ese hombre de su vida,
y olvidar los bochornos de ese cuarto.

Es posible que el sueño que tuviera,
fuera solo de niña y un regalo,
pero todo pasó, como la brisa,
y ahora mismo el café ya está cerrado.

Sólo quedan las puertas mal cerradas,
y el olor a taberna que está rancio,
a pesar de que llegue entre la niebla
ese tierno recuerdo del pasado...

"...Volverán con el mar y las mareas
el salitre y el yodo hasta los labios,
y vendrán muchos besos y suspiros
a besar tus cabellos plateados..."

Rafael Sánchez Ortega ©
29/07/10

miércoles, 28 de julio de 2010

HAY VERSOS QUE ME DICTA TU MIRADA

Hay versos que me dicta tu mirada
y que leo gustoso en el silencio,
me pierdo entre sus letras una a una
sorbiendo el suave néctar de tus besos.

Por eso te contemplo ensimismado
y veo como sales por el cielo,
te elevas por el este con las horas
y mandas a la tierra tu reflejo.

Tus versos tienen magia y fantasía,
embrujo de las hadas de febrero,
nostalgia de romances que has vivido
llegando a tus oídos con el viento.

Te leo y te releo lentamente,
y miro como vienes a mi encuentro,
tus versos son de meigas y nostalgias
que amaron a fornidos caballeros.

Entonces esos versos cobran vida,
me cuentan y confían sus secretos,
susurran con la luz que tu les mandas
rompiendo las amarras de los pechos.

La sangre se rebela lujuriosa,
galopa el corazón como un crucero,
el pulso se acelera sin pensarlo
y escapa del volcán, la lava, al puerto.

Un beso se confunde con los versos,
el beso de unos labios siempre tiernos,
los versos más hermosos de la luna
que deja su mirada y embeleso.

¡Ay luna, mi lunita encantadora!,
la luna tan llenita que yo quiero,
la luna que me escribe con sus ojos
retazos de cariño, en un momento.

No dejes que mis fuerzas me abandonen,
ni dejes que se pierdan mis anhelos,
un día subiré hasta tu lado
y entonces viviré contigo un sueño.

El sueño que he leído en tu mirada,
el dulce escalofrío de tus besos,
y entonces los pegasos de la noche
de pronto apagarán, su sed y fuego.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/07/10

martes, 27 de julio de 2010

A VECES LOS SUSPIROS SON CARENCIAS

A veces los suspiros son carencias
y esconden muchos sueños en su fondo,
hay gritos desgarrados que se emiten
del faro intermitente de los ojos.

Suspiran los helechos en la tarde
al roce inmaculado de los corzos,
que bajan hasta el río en un momento,
sedientos, sorteando los matojos.

Suspira el ganadero, que en el bosque,
recoge de los mismos un coloño,
la leña que alimenta las pasiones
del fuego encarnecido y pelirrojo.

Suspiran las montañas tan nevadas,
al beso de ese sol, que poco a poco,
desnuda de su manto tan preciado
llevando el agua fresca hasta el arroyo.

Suspira el marinero, que en su barca,
se esmera en la faena puntilloso,
tratando de obtener esa captura,
el jargo, de los mares, tan remoto.

Suspiran las ciudades y estornudan,
al paso de los coches tan ruidosos,
la eterna geometría en movimiento,
del hombre levantándose del polvo.

Suspira el corazón entristecido,
sabiendo que en el mismo existe un roto,
la herida recibida de hace tiempo
se mezcla gota a gota con el lodo.

Suspiran las campanas de la iglesia
y anuncian el rosario del otoño,
la mezcla del fervor y la esperanza
unidas en los labios codo a codo.

Suspira aquel amante que ha querido,
y tiembla con pesar ante el soborno,
él siente que el amor está presente
si late el corazón quebrado y loco.

Suspiran los claveles y las rosas
y envidian con pesar a los gladiolos,
tomados por la mano de aquel hombre
que aviva ya, su paso presuroso.

Suspiran unos labios por un beso
en busca de otros labios y un sollozo,
suspiran con sus miedos y carencias
en busca de otro beso con un soplo.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/07/10

lunes, 26 de julio de 2010

PEQUEÑA CENICIENTA DE MI VIDA

Pequeña cenicienta de mi vida,
eterna caracola rescatada,
no temas a la brisa del noreste
y busca entre mis brazos la bonanza.

Prosigue con tus sueños de princesa
y juega mientras tanto con las Hadas,
escucha de sus labios las canciones
y baila con las hojas de las hayas.

No temas si susurran los cipreses,
ni tiembles con los rayos que descargan,
las nubes tienen formas caprichosas
producto de los vientos y las lágrimas.

Los vientos que soplaron en los mares
y fueron rescatados de la Atlántida,
el reino de los mitos y leyendas,
perdido entre los mares y las aguas.

Las lágrimas tomadas de los hombres
esperan ese roce de tu cara,
el leve escalofrío de tus labios
que gime y balbucea sin palabras.

Pequeña cenicienta de mi vida,
no quiero nos separe la distancia,
ni quiero que tus ojos tengan miedo
por causa de la duda que te asalta.

Acércate a la playa en un momento
y busca a las sirenas encantadas,
pregúntales por todo lo que dudas
y aspira el dulce aroma de las algas.

Y luego, cuando tengas la respuesta,
sumérgete en las aguas tan saladas,
espera a que las olas te saluden
y diles todo aquello que tú guardas.

Es hora que preguntes por la luna,
también de las estrellas que te hablan,
la noche con su manto tan oscuro,
y el baile con la música y la danza.

No temas ni te apures por la hora,
ya sé que está sonando la campana,
apriétate en mis brazos simplemente,
pequeña cenicienta enamorada.

"...Pequeña cenicienta de mi vida,
eterna singladura de mi playa,
tú eres la gaviota caprichosa
y el dulce escalofrío de mi alma..."

Rafael Sánchez Ortega ©
26/07/10

AQUELLOS OJOS TRISTES...

(Recordando a la Morita)

Aquellos ojos tristes
con pena me miraban,
miraban a mis ojos,
miraban a mis lágrimas.

No sé que me decían,
ni sé que suplicaban,
mas sé que sus pupilas
llegaban a mi alma.

Un grito silencioso,
sin voces ni palabras,
maullido simplemente
dejaba en su mirada.

Mis dedos a su frente
con pena acariciaban,
quería darle vida,
y fuerzas a sus patas.

Quería que mi sangre
con ella se mezclara,
quería simplemente
los ratos que me daba.

Aquellos ronroneos,
el lomo que rozaba,
buscando la caricia,
y el pienso con el agua.

No sé que sensaciones
sentía yo al mirarla,
pues tanto la quería
por ser ya de mi casa.

Vivía con nosotros,
dormía en nuestra cama,
trepaba muy curiosa
por muebles y ventanas.

A todas las visitas
sin miedo se acercaba,
buscaba su regazo,
rodillas y sus nalgas.

Allí dormía un rato
en medio de las charlas,
y luego muy coqueta
prudente protestaba.

Quería mil caricias,
cerraba sus pestañas,
sentada cual princesa,
esfinge sin sus alas.

...Y ahora, aquí a mi lado,
sus ojos de agua clara,
pedían las caricias
y fuerzas que faltaban.

Pedían esa brisa
que sopla en la mañana,
pedían simplemente
cariño y confianza.

Y yo oculté mi rostro,
tratando de calmarla,
no quise que me viera
llorar junto a su cara.

No quiero que ya sufras
y duermas hasta el alba,
allí, junto a las nubes,
Morita tan preciada.

Morita juguetona,
coqueta y casquivana,
orgullo de mis días,
princesa solitaria.

Rafael Sánchez Ortega ©
25/07/10