domingo, 10 de diciembre de 2017

ACABA NOVIEMBRE...



Acaba noviembre 
y terminan los días grises,
aunque continúen en diciembre,
y en un inverno cercano, a menos de un mes ya.

Quizás es el momento de quitarse 
la tristeza y la venda de los ojos
y las almas,
de mirar a este invierno cercano, que decimos,
y a sus primeros días 
con esas fiestas de Navidad 
y la blancura que las mismas
desprenden,
en esa infancia renovada y latente,
con la sonrisa de los niños,
que nos contagia un tanto, 
y nos acerca a ellos, 
y a los instantes maravillosos
que un día vivimos 
y ahora añoramos.

Pero también vivimos y soñamos, 
lo hacemos ahora,
en este hoy y en el mañana, 
en el otoño presente
y en el invierno cercano,
lloviendo y nevando 
y aguardando la llegada lejana, aún, 
de la primavera;
y lo hacemos para volver a ver la luz como renace
en las cosas que nos rodean,
y recordando, de lejos, este otoño pasado,
con sus grises y sombras
que, en algunos instantes, 
nos encogió el alma.

Pero no, no te apures, te dices,
así es la poesía.
Unas veces amanece el día 
y ves lo que te rodea 
de una forma maravillosa y hermosa,
y otras te levantas, tras el alba, 
y persigues su luz que no encuentras,
y te invade la nostalgia,
los recuerdos,
incluso te acuerdas de los años que tienes,
y te sonríes, ya que no puedes hacer trampa
al espejo del baño.
Él sabe la cuenta exacta y te lo indica
cuando te afeitas,
cuando te lavas los dientes,
cuando te refrescas la cara,
y sí, ya sé que a ti te da igual,
pero los años están ahí, 
y aprietan en las articulaciones,
en los riñones cansados,
en las piernas que tiemblan un poco
al subir las escaleras,
en ese pulso acelerado ahora, tras caminar,
y no con el paso de la vecina del cuarto,
ni tampoco con la imagen que esperabas,
tantas tardes, en aquella alameda
para tomarla del brazo y acudir a la academia.

Por eso te digo que se acaba noviembre
y que, aunque debemos cerrar los balcones, 
por el frío,
tenemos que abrir las ventanas del alma
para ver el pulso de la ciudad que nos rodea,
para sentir la vida en sus mínimos detalles
y para gozar de esos segundos que ella nos
regala cada día.

Porque noviembre empieza con tristeza
en esos primeros días de Todos los Santos
y acaba con la ilusión y la esperanza infantil
de la Navidad y el invierno,
con esas fiestas a la vuelta de la esquina,
con esos momentos mágicos para vivir 
y compartir con la familia,
con las miradas de los niños de hoy,
con los que están cerca,
con los que están lejos,
con la cantidad de proyectos 
para el nuevo año,
con las caricias prometidas
y aquellas que se ofrecen de verdad,
entre el mazapán y los dulces,
olvidando las espinas pasadas,
los cristales rotos,
las uvas amargas que rascaron el alma.

Y sé que el alma se transforma,
porque lo precisa,
porque quiere soñar,
porque ambiciona un mundo mejor,
porque siente la poesía de la vida
y esta vez se dice que sí,
que escuchará los latidos de la misma
y los seguirá allá, donde vaya,
de día y de noche,
a pesar del otoño en que estamos
y del invierno que llega,
hasta alcanzar y conseguir
la ansiada primavera,
porque entonces, unas manos estrecharán
las suyas de nuevo y unos labios
llegarán hasta sus labios
para decirle en un susurro
que le aman.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/11/17

sábado, 9 de diciembre de 2017

COMO CADA DÍA...



Como cada día,
cuando son las nueve,
raudo me levanto
al café caliente.
Abro la ventana
veo el prado verde,
la bahía quieta,
la trainera enfrente.
Noto que la brisa
sale y amanece,
arañando caras
todavía imberbes.
Y es que las mañanas
son algo inclementes,
el otoño es duro
y los días breves.

Luego, por las tardes
está aquí el nordeste,
que asegura el día
y estremece pieles.
Es viento del norte
y del mar tan verde,
aunque los marinos
digan que es celeste.
Pero pasa el día
y la tarde inquiere,
tomar los bizcochos
y el café caliente.
Sentir ese gusto
y hasta estar alegres,
mirando a la noche
que ya pronto viene.

Y llegó la noche,
(¡qué bendita suerte!),
la paz y el descanso
en ella se sienten.
Se acuestan los niños
la estrella los duerme,
y suena, a lo lejos,
el paso de trenes.
Sus labios se cierran
y rezan silentes,
el "ave maría"
de ahora y de siempre.
Se queda en silencio
la casa y la tele,
la noche ha llegado,
descansan las frentes.

"...Como cada día
acudes a verme,
poema del alma
con verso latente..."

Rafael Sánchez Ortega ©
29/11/17

viernes, 8 de diciembre de 2017

ME GUSTARÍA...



Me gustaría hablarte,
charlar contigo,
compartir unos minutos
y saber de ti.

Es curioso que piense esto ahora,
pero al verte, nuevamente,
al escuchar tu voz en un poema,
al leer las letras,
que dejaste en el cuaderno,
algo aceleró los latidos
de mi pecho
y la sangre ha corrido, impetuosa,
por mis venas,
como lava descendiendo
de un volcán.

Recuerdo, de aquel tiempo, 
tu mirada de niña,
la sonrisa triste pero sincera,
aquella voz temblorosa y especial
que decía tantas cosas en su tono.
Recuerdo tu presencia invisible,
el cariño que emanaba tu figura,
la sensibilidad con que pronunciabas
mi nombre en aquel apelativo
que ambos conocemos.
Recuerdo que te amé como la niña
que eras,
y también en la mujer que salía de la infancia
y daba sus primeros pasos 
en un nuevo mundo,
alejado de la poesía y dentro de ella,
donde el amor y la mentira estaban presentes,
donde la duda y los sueños apenas tenían cabida
porque había que vivir con los pies en el suelo
y donde los sentimientos eran una utopía
cegados por la pasión y la velocidad del tiempo
que pasaba a nuestro lado,
sin dejarnos respirar.

Recuerdo que creí que me amabas
y que fui inmensamente feliz 
durante unos días,
pero luego todo cambió
y la tormenta cegó mis ojos
y también mi corazón 
haciéndome ver personajes de ficción
donde solo había molinos de viento.
Recuerdo que te perdí y que lloré,
que supliqué como un niño
en aquella infancia lejana,
porque había perdido algo más que el amor
ya que la magia que emanaba de tu persona
no podía conseguirla en ninguna otra parte.
Y recuerdo que te seguí amando en silencio,
sin palabras,
mirando tu caminar en la distancia,
sabiendo de tu vida por tus letras,
escuchando tu voz 
y soñando que aquellos versos
eran para mí,
aunque bien sabía que eran para otros.

Recuerdo aquel pasado y no me arrepiento
de amarte, pero sí de ser idiota
y no tener el valor suficiente
para enfrentarme a la verdad,
para hablar de frente,
para preguntar,
para aclarar malentendidos
y para retener los latidos de tu corazón;
pero la vida es así 
y no sirve el consolarse
pensando lo contrario.

Hoy te he visto, como tantas veces,
de aquel entonces,
y pensé en ti,
en que me gustaría hablarte,
charlar contigo,
preguntarte por tu vida,
compartir unos minutos,
tomar un café, como aquellas tardes,
en que lo hacíamos de una manera virtual,
pero sincera,
y luego, tras las sonrisas,
continuar nuestro camino
hasta otro momento,
hasta otro instante,
hasta cuando quieras,
o hasta siempre.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/11/17

jueves, 7 de diciembre de 2017

LA MUERTE...



(Inspirado en un poema de Teresa Fernández)

La muerte llega de pronto,
muchas veces con sigilo,
y a pesar de nuestro celo
ella cumple con su rito.
El temerla es algo innato
a pesar de tantos guiños,
que nos deja y que nos manda
día a día como aviso.
Yo la he visto muchas veces
y he temblado como un cirio,
cuando acerca su guadaña
hasta el péndulo del hilo.
Es después de la galerna,
con la Parca sobre el río,
cuando pienso en tanta suerte
como tengo y he tenido.

Sin embargo, es ley de vida,
que termine el peregrino
su paseo por la tierra
y el penoso recorrido.
Hay aristas y senderos
que encarnaron los peligros,
y pusieron muy a prueba
esta vida en la que sigo.
Unas veces la fortuna
y otras tantas los amigos,
con su mano generosa
ofreciéndome el auxilio.
Es por eso que no temo
este tiempo que he vivido,
aunque siempre está la muerte
con sus dedos tan sombríos.

"...La muerte a todos alcanza
y con ella se va un ciclo,
de este sueño de la vida 
que es así, como un suspiro..."

Rafael Sánchez Ortega ©
28/11/17

miércoles, 6 de diciembre de 2017

ERA UN HOMBRE MUY TRISTE...



Era un hombre muy triste que vivía su vida
persiguiendo con prisa la fugaz bacanal,
a la vez conseguía la sonrisa fingida,
de manera liviana sin principio y final.

¿Dónde está, se decía, la sonrisa querida,
la que borra nostalgias y te aparta del mal?
¿Dónde estás, te reclamo, pues te quiero, encendida,
a mi lado y latente, cual remedio y sin sal?

Una tarde la brisa se cruzó en su camino
con un beso de plata de la luna del cielo
que dejó entre sus labios un inmenso candor.

Y quedó el don Quijote suplicando al molino
como un hombre doliente, que buscaba con celo,
en la Mancha lejana su fortuna y amor.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/11/17

lunes, 4 de diciembre de 2017

PLANEA COMO UNA SOMBRA...



Planea como una sombra
la muerte sobre el albero;
parece que llegan nuevas
esas alas de los cuervos.

Ya sé que son malsonantes
los anuncios tan extremos,
y que nos dejan tristeza
los crespones que son negros.

Pero debemos mirarlos
con los ojos bien serenos,
aunque tengamos clavada
una espina en nuestro pecho.

Rosas que fueron claveles
ahora solo son recuerdos,
por el paso de los días
y una página en el tiempo.

Hojas que son volteadas
de sus letras y sus versos,
destilando tanta vida
como prueba de los sueños.

Porque es humano, sin duda,
ambicionar los deseos,
y soñar, como los niños,
con caricias y con besos.

Pero las sombras avanzan
con lentitud y en silencio,
y hasta las almas se callan
porque ya sienten el miedo.

Miedo a cruzar esa línea
de la muerte y de lo eterno,
con multitud de preguntas
y sin respuesta en el eco.

"...Planea como una sombra
la Parca con traje austero,
y va pasando la lista
aunque nos cueste creerlo..."

Rafael Sánchez Ortega ©
27/11/17

domingo, 3 de diciembre de 2017

CADA MAÑANA...



Cada mañana abro los ojos
y me despierto.
Hoy tengo frío y un sabor amargo
en la boca.
Vuelvo del sueño, 
salgo de la noche,
regreso al mundo, mientras mis dedos 
retiran unas legañas juguetonas 
para que mis pupilas puedan ver la luz,
percibir las cosas que me rodean
y sentir el pulso de la vida misma.

He vuelto a la poesía,
ya siento los latidos de sus versos,
ya percibo el aroma del café
que me espera en la cocina,
ya escucho el paso de los autos
por la carretera vecina,
incluso el autobús que hace su parada
a recoger los pequeños
y llevarlos al cole.

Me levanto y paso por el baño.
Miro ese rostro en el espejo
que es el mío. 
Me afeito y me cepillo los dientes,
luego me doy una ducha templada
para despertarme totalmente.
Acudo a tomar el café apresuradamente
porque el tiempo apura.
Salgo a la calle para ir al trabajo.
Camino por las aceras
entre gentes que saludan.
Por fin llego al santuario laboral.
Allí me esperan papeles, informes,
decisiones incómodas, entrevistas.
De esta forma paso la mañana
y llega la hora de comer algo, 
de salir a despejar un poco la cabeza.
Voy a la cafetería de siempre 
donde he visto un plato combinado
que me seduce.
Saludo a la camarera que me atiende,
intercambio un breve coloquio insustancial,
entre bocado y bocado.
La televisión está dando las noticias.
Miro el reloj, 
debo apresurarme,
ya casi es la hora de regresar, nuevamente, 
al trabajo.
Mientras me acerco a la mesa
suena el teléfono.
Tengo que visitar a un cliente
ya que su pedido le ha llegado
en malas condiciones.
(Menos mal que su domicilio
está cerca de donde trabajo).
Me paso hora y media explicando
que no se preocupe, 
que el pedido salió bien del almacén,
que ha tenido que ser el servicio
de mensajerías 
y que eso lo cubre el seguro.
Al final, el cliente, me invita a un café
y yo acepto.
Cuando vuelvo a la oficina
los compañeros están recogiendo.
Es la hora de salir,
marchar a casa,
volver a intentar buscar esa vida privada
que todos merecemos,
pero no tengo ganas de meterme en un bar,
en un club o algo parecido.
No tengo ganas de buscar una figura dorada
ni de apoyarme en un vaso de licor
para mantener mis sueños y esperanzas 
en esta sociedad en la que vivo.
Prefiero regresar a casa,
preparme algo de cenar,
ver un poco la televisión,
aunque sea zapeando,
leer aquel libro de poemas
que tengo empezado 
y quizás, quedarme dormido 
con él entre mis dedos,
para volverme a despertar,
mañana, tal vez,
en ese bucle de la vida
y de mi vida.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/11/17

sábado, 2 de diciembre de 2017

UN HURACÁN...



Un huracán de fuego y de emociones,
un vendaval sin causa conocida
es el ciclón que lleva hasta la vida
y el néctar que desata las pasiones.

Porque llegar y abrir los corazones,
para curar y restañar la herida,
es evitar que el alma compungida
se confunda entre fuertes decepciones.

Hay que dejar que el viento del oeste,
el temporal que llega en el invierno,
descargue bien su furia y que proteste.

Es importante hallar en el cuaderno
un poema sutil, sin que moleste,
aquel sueño infantil y siempre eterno.

Rafael Sánchez Ortega ©
25/11/17

viernes, 1 de diciembre de 2017

HOY LA LLUVIA...



Hoy la lluvia que ha venido
dejó gotas, sin disfraces,
y los robles han sentido
sus caricias tan tenaces.

Y se ha visto al extranjero,
empeñado en el beber,
una copa de soltero
intentando sorprender.

Mas la mano vacilante
no tenía buen carisma,
y perdió, por un instante,
el control sobre sí misma.

Con la copa surgió el drama
y el intento ya fracasa,
al romperse el anagrama
con el vino que traspasa.

Y es entonces el lamento,
las figuras misteriosas,
esas sombras y el vals lento
que estimulan mariposas.

Hay un rato muy movido
con la voz que está de vuelta,
proclamando "yo no he sido",
en la lengua desenvuelta.

Parece que simplemente
nadie acepta la verdad,
ni se contenta el que miente
ni el que ve la realidad.

La lluvia llegó, al final
y con ambiente sombrío,
dejó al extranjero igual,
que a un vividor en el río.

"...No tengan miedo, señores,
que, en consecuencia el follón,
entre el vino y los amores,
lo soluciona el porrón..."

Rafael Sánchez Ortega ©
24/11/17

jueves, 30 de noviembre de 2017

EN TUS OJOS...



En tus ojos no había ni una nube
y los mismos emitían mil reflejos,
buscando, sin cesar, un tanto lejos,
el paso del que sigue y del que sube.

El néctar de ese vino que en su entube
macera su solera sin complejos,
igual que los otoños de los viejos,
buscando en el poema su querube.

Palabras que se dicen sin alarde
y brotan a pesar de la distancia
tratando de llegar de tarde en tarde.

Me queda tu pupila de la infancia,
espero que la misma me resguarde
y siga, junto a mí, sin petulancia.

Rafael Sánchez Ortega ©
23/11/17

miércoles, 29 de noviembre de 2017

LA POESÍA Y LA VIDA...



La poesía y la vida
están aquí,
y nos acosan,
con sus brazos alargados
que se estiran para atraparnos,
para cubrirnos de caricias,
para dejarnos su hermosura
y su tristeza,
para que veamos en ellas
la esencia y el camino 
a seguir,
para que cortemos con el cuchillo
esa piel de nata que las cubre
y entremos adentro,
en el paisaje recubierto de ensueño,
allí donde las margaritas florecen
entre la hierba,
donde los vencejos platican
sin cesar en la mañana,
donde las mariposas suspiran
en su vuelo de colores,
donde las olas murmuran
en las rompientes,
donde los trigales bailan
bajo el sol de agosto,
donde los niños persiguen 
a las sombras,
donde los ancianos dormitan
en el parque
y donde los sueños se transforman
y persiguen a la poesía 
y a la vida.

La poesía y la vida 
están aquí,
y están en ti y están en mí
y nada podemos hacer para impedirlo
ya que sus largos dedos
toman los nuestros, de trapo,
y nos llevan en un viaje irrepetible
por un mundo apresurado,
por un mundo soñoliento,
y aceleran sus latidos
y despiertan a las calles y ciudades,
a sus hombres y mujeres
y les dicen que se animen,
que sonrían,
que se aparten y que olviden a las dudas,
que no teman al futuro
y que vivan el presente,
intensamente,
recogiendo los detalles
que perciben los sentidos;
esa voz, inolvidable, de la tierra,
esa otra, incomparable de los cielos
y del mar, 
esa música del viento y de la brisa,
cuando llega y acaricia,
cuando arranca las cuadernas 
de las almas
y desnuda, ante el espejo,
el corazón de los cobardes
y los hace más valientes.

Porque la poesía y la vida
están aquí,
y tú lo sabes, como yo,
ya que bebimos de su copa
y escanciamos ese néctar en sus versos,
nos llenamos con su tinta
y vivimos embriagados
unos días de placer y de agonía,
persiguiendo los gorriones,
y después las golondrinas,
como dos enamorados;
y ahora mismo proseguimos el camino,
retomando en el cuaderno de la vida
todo aquello que palpita,
esa brizna que susurra una plegaria,
ese eterno carrusel 
de sensaciones agridulces 
que componen el poema,
esos versos que destilan los segundos,
esa estrofa, sin sentido, que se encuentra
en todas partes,
y ese soplo que nos dice, "sin palabras",
que adelante,
que la vida no se acaba ni termina
cada día,
y que todo continúa en un poema,
con tu nombre y con el mío.

Rafael Sánchez Ortega ©
22/11/17

martes, 28 de noviembre de 2017

RELOJ...



Reloj que restas las horas
de este tiempo en el que vivo,
y te muestras tan sereno
a pesar de tantos gritos,
ya que cantan las cigarras,
los gorriones y los grillos,
dime tú ¿cuándo comienza
este viaje al infinito?
dime tú, desde el silencio
de la torre del castillo
¿dónde están esas cañadas
y en las mismas los caminos?
porque quiero ver las huellas
que plasmaron los bandidos
y esas otras, singulares,
de esforzados peregrinos.

Reloj que aguantas los años
imperturbable a los fríos,
a las lluvias torrenciales
y a calores de delirio;
tú que ves pasar los días
y las noches en tu sitio,
sin apenas sobresaltos
ni dar muestras de cariño,
dime entonces la receta
de esta resta a mis suspiros,
ya que avanzan los segundos
a ese tren que es mi enemigo,
aunque a veces tenga dudas
y no sepa lo que digo
quiero ser y estar consciente
por los siglos de los siglos.

Reloj que vas en el alma
controlando sus trocitos,
dame tú, sin decir nada,
la respuesta que persigo,
dame el canto de las horas
en el llanto del rocío,
y esa brisa imperceptible
en el baile de los lirios,
el susurro de las olas,
el bogar de los marinos,
la sonrisa de la luna
y sus ojos tan bonitos;
aunque olvida mis palabras,
ya que en ellas me despisto,
y prosigue tu descuento
en silencio y a tu ritmo.

"...Reloj que restas las horas
y que estás, aquí, conmigo,
haz que viva este presente
y que apure sus latidos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
21/11/17

lunes, 27 de noviembre de 2017

CUANDO YO ME MARCHE...



Cuando yo me marche,
que será algún día,
cuando me fatigue,
cuando tome tila,
cuando sea viejo,
cuando ya no escriba,
todas las palomas
vendrán a por migas,
también los gorriones,
las hadas madrinas,
y algunos amigos,
con gran cortesía,
dirán con tristeza:
"qué corta es la vida"

Yo sé que las rosas
se quedan marchitas,
también los poemas
escritos en tinta,
y esto es lo que duele
y esto es lo que grita,
y esto es lo que cansa,
porque tiene espinas,
y esto me hace daño,
la prosa maldita,
y esto me hace lobo
que aulla y que grita,
aunque sea un niño
que sigue en su misa.

Tantas decepciones
causan las partidas,
y aquello que dejas
atrás en las vías,
maletas, andenes
y un tanto de envidia,
poemas y versos
que nadie acaricia;
estoy muy cansado
y soy una birria,
viajero sin norte
buscando el tranvía;
la luna, en el cielo,
susurra y me mira,
diciendo: "Poeta,
¡disfruta tu vida!"

Rafael Sánchez Ortega ©
20/11/17

domingo, 26 de noviembre de 2017

PARECE QUE ES ASÍ...



Parece que es así, como un suspiro,
un fragmento del tiempo en una estrella,
un rosal encumbrado en la epopeya,
un lamento olvidado en un zafiro;

un clavel candoroso al que yo admiro,
una voz juvenil y de doncella,
un arrullo ardoroso que atropella,
una tarde de otoño en que deliro;

un cambiar lo vulgar por lo discreto,
un volver a asumir algún secreto,
una tarde con luna que se esfuma,

un sentir por la vida el fiel respeto,
una mano que llega y que consuma;
y una voz y el amor en un soneto.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/11/17

sábado, 25 de noviembre de 2017

CANTAN LAS OLAS SOMBRÍAS...



Cantan las olas sombrías
al acercarse a la playa
tras navegar por los mares
entre el salitre y las algas.
Son las sirenas dormidas
que se despiertan y cantan,
porque adivinan la tierra
y su conjunto de magia.
Es ese verso incompleto
donde los sueños descansan,
donde las almas se abonan
para encontrar esperanzas.
Es el poema y la vida,
en otra página blanca,
donde renacen los sueños
y se abandonan las lágrimas.

Cantan las olas, repito,
con su ternura y nostalgia,
en el romance perfecto
que le han legado las aguas.
Hablan de barcos y puertos,
de corsarios y de piratas,
con grumetes y princesas
peleando por su causa.
También cuentan de marinos
de la pesca con las cañas,
del besugo y la merluza,
en palangres con carnada.
Y así se van serenando
estos cantos y algazaras,
como ese suave murmullo
que destilan las tonadas.

"...Pero el cantar de las olas
es melodía que atrapa,
es el latir de un poema
en esta vida que pasa..."

Rafael Sánchez Ortega ©
18/11/17

viernes, 24 de noviembre de 2017

LA NOCHE...



La noche se presentaba larga y escurridiza 
y más tras la siesta y el descanso 
que la había precedido. 

Tú dormías a mi lado en un sueño profundo,
aunque de vez en cuando te movías inquieta 
y pronunciabas palabras sin sentido
y producto del sueño. 

Te miraba y escribía.
Buscaba las estrellas que brillan a lo lejos, 
más allá de una luna de plata, 
silenciosa,
que asomaba su cara entre las nubes oscuras. 
Había en el ambiente como una música imperceptible 
que bajaba del cielo y parecía querer
acariciarnos con sus notas. 

Pensaba en ti mientras escribía y te miraba.
Pensaba en aquel día en que te vi llorando 
y con unas lágrimas bajando
por tus mejillas. 
Recordaba ese instante en que te pregunté
por el motivo 
y tú me respondiste con un beso
para cerrar mis labios a las preguntas...

Beso agridulce con lágrimas saladas
y con la tristeza anidando en mi alma
inocente.

Pero la noche acababa de comenzar
y aún quedaban muchas horas.
Horas en que las letras nerviosas
saldrían al cuaderno a protestar,
a gritar a decir, en su escritura,
lo que los labios se negaban 
a decir.
Horas en que los versos se formarían,
sin darse cuenta,
perfilando un poema cruel y sincero.
Horas largas e interminables,
horas en que escucharíamos el latido 
de los corazones
en esa partida irremediable por el tiempo 
que conduce
al alba.

Atrás quedaría el beso y las lágrimas,
la tristeza y los sueños.
Atrás quedaríamos nosotros,
con aquella ilusión y tantos proyectos
que el destino no quiso
llevar a buen puerto.

Recuerdo que vimos las luces llegar,
que recogimos las maletas
y nos subimos al tren,
en vagones diferentes
y en una estación equivocada,
mientras la noche marchaba lejos
con su manto negro de tristeza.

Rafael Sánchez Ortega ©
17/11/17

jueves, 23 de noviembre de 2017

EN LA MESA...



En la mesa me espera
el café de cada tarde
y tu recuerdo.

Porque aquella tarde
fue una tarde diferente
que llegó tras el paseo
que dimos en la montaña.

Nos sentamos en la cafetería 
y nos miramos;
se buscaron nuestras manos
en silencio
y dejamos que brotaran
las palabras de los labios.

Tú me hablaste de tu vida,
del trabajo, de la familia 
y de aquellos mil detalles
que intuía y me fueron acercando,
de una forma más precisa,
a tu figura.

Yo te hablé de mis proyectos,
de mi vida personal,
de mis sueños inmediatos e irreales,
de los otros que vivía cada día
en el trabajo,
y también de ese poema que me oíste
recitar en una tarde
y que llamó tu atención
produndamente.

Me preguntaste por el mar
que ¿cómo era?, 
si tenían sus praderas horizontes
y si había los veleros y las olas
que decía y que salían en mis versos.

Tú me viste sonreír y enmudeciste.
Diste un sorbo a tu café
que te esperaba, muy templado,
y con él a mi respuesta.

Yo te hablé de aquella Mar que conocía,
del abrazo irreverente de sus olas,
de las miles de caricias que dejaban
por la arena de la playa 
extendiendo su melena,
de los besos incontables que ofrecía
a cada instante,
del susurro y los acordes que mandaban
las resacas,
de sus ojos de turquesa que embobaban
los sentidos,
del suspiro inacabado de su boca
tan salada,
de los brazos extendidos que ofrecía
con la brisa,
de la fuerte marejada que dejaba
la galerna con su ira
y quería secuestrar a mis poemas...

Yo te dije todo esto en un instante
y hasta viste deslizarse, de mis ojos,
unas gotas de rocío inmaculadas.

Tomé un sorbo de mi taza de café
ignorando un sobresalto en las pupilas.

Sentí tu mano acercándose a la mía,
noté tus ojos penetrando en mi alma
y diciéndome que no siguiera,
que no te hablara del mar,
ni de ese Mar, 
que, con tanta asiduidad y frecuencia,
plasmaba entre mis versos 
y llegaban al cuaderno.

Seguimos tomando los cafés,
los apuramos muy despacio, 
y dejamos las tazas vacías
sobre la mesa.
El sol se despedía en la tarde
y su manto amarillo se extendía
por el cielo.
En aquella cafetería estábamos nosotros,
con las manos unidas 
y los dedos acariciándose,
olvidando, por un momento,
al mar y a la Mar
que nos había unido, en un poema,
y que dentro de unas horas
nos haría volver, cada uno,
a nuestra realidad,
haciéndonos pensar
"si aquella tarde no habría sido,
también, un sueño"

Rafael Sánchez Ortega ©
16/11/17

miércoles, 22 de noviembre de 2017

SENTÍ...



Sentí que me atrapaban 
las caricias de la brisa 
y luego los abrazos de las olas,
en ese temporal de las pasiones, 
que vino sin pedirlo y sin pensarlo, 
a pesar de saber que me abrazaba.

Sentí que las caricias eran brasas 
escapadas de volcanes 
que llegaban derramando por el pecho 
la lava encadenada de los dioses 
y dejándome aturdida la mirada.

Sentí que el corazón estaba vivo 
latiendo sin cesar 
y que pensaba igual que un tiovivo de la feria 
rodando y persiguiendo a la sangre 
transferida en la fogata.

Sentí que los rescoldos de tu cuerpo 
tenían la galerna en su regazo 
dejando mil zarpazos en los dedos, 
hiriendo los rosales más sagrados 
guardados para ti en un día de mañana.

Sentí que se marcharan las violetas 
llevadas por los vientos del verano, 
y luego las perdiera de la vista 
surcando por encima de montañas 
como si fueron los cometas de los niños 
y no perlas cultivadas en el alma.

Sentí que me dijeras en silencio 
aquello que ocultaban las palabras 
dejándome pensando en tantas cosas, 
por culpa de la duda que surgía 
en medio del desierto de una infancia.

Sentí que te marcharas de mi lado, 
que fueras un borrón en lontananza, 
en medio de un futuro floreciente, 
vibrante y lleno de utopías y de sueños, 
que ambos habíamos creado de la nada.

Sentí que no sintieras todo esto 
y que simplemente, recogieras tu alianza, 
marchando a tu destino en las estrellas, 
dejándo atrás a un niño solitario, 
a un hombre aferrado a su poema 
y a un verso coronado con su lágrima.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/11/17