domingo, 23 de julio de 2017

AQUELLA TARDE...



Aquella tarde busqué tus ojos,
desesperadamente;
quería ver en ellos la alegría sin nubes 
y sin brumas
y ese brillo especial de los niños
cuando son felices y ajenos
al mundo que les rodea.

Tú mirabas las gaviotas
que estaban sobre los acantilados
de la costa y trataban de recibir
el abrazo del nordeste
y el salitre de las aguas.

El mar invitaba a que desnudáramos
las almas,
a que te confiara mis sentimientos
y mis miedos,
y a que tú me hablaras de tus sueños.

Tomé tu mano y empecé a decirte
todo aquello que esperabas.
Tú sonreías y te sonrojabas,
incluso, de vez en cuando,
un suspiro se escapaba de tus labios.

Luego llegó el silencio y apoyaste
tu cabeza en mi  hombro
mientras tus cabellos
me rozaban la cara.

Al cabo de un rato fuiste tú
la que comenzó a desgranar un monólogo
y a contarme tus sueños y proyectos.

Con la mirada baja y jugando con mis dedos
me hablaste de ti, de tus estudios,
del trabajo que deseabas conseguir,
de aquella familia que ambicionabas
y de los niños. 
¡Esos niños maravillosos que nuestro
sentimiento intentaría hacer realidad
y dar vida!

Sentí tu mirada, la que buscaba
unos minutos antes, 
y vi en ella la luz y la ilusión,
el sueño llevado a la realidad
y el temblor de tus labios
que pedían todo aquello.

Lo curioso es que en ese diálogo,
en aquella charla tan intensa,
donde nos dijimos todo aquello,
y nuestros ojos y nuestras manos
hablaron,
y donde nuestros corazones latieron con fuerza, 
las palabras brillaron por su ausencia,
ya que no hicieron falta,
porque estaban ahí, 
en la esencia de la vida y nuestras vidas,
y en aquel verso final de un poema 
que vino a mis labios y decía:

"...Sin palabras, mi niña, solo mira mis ojos
para leer yo en los tuyos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
16/07/17

sábado, 22 de julio de 2017

ESCRIBIRÉ UNAS LETRAS...



Escribiré unas letras,
mientras camino por la playa 
y pensaré en ti, 
en la persona real y de ficción 
que se ha creado en mi cabeza 
y corazón, 
y añadiré unas gotas especiales 
de imaginación para soñar contigo 
y verte aquí y allí, 
en tantos sitios donde la poesía 
y las palabras enmudecen 
y dejan paso a la luz 
y al brillo de las perlas que se engarzan 
en tu cuerpo y tus sentidos. 

Seguiré imaginando y buscaré esa piel 
visible y sensible que se altera 
con el roce de la brisa de la tarde, 
ya que piensa en las caricias de unos dedos 
que caminan, y descubren, lentamente, 
los senderos de tu alma, 
esos puntos tan sensibles que allí existen 
y esa lava de pasión que allí se oculta 
muy celosa. 
También contemplaré, extasiado, 
esos hombros y ese cuello sugerente 
que se ofrece a la mirada 
y que rubrican unos labios temblorosos 
que suplican y suspiran mil caricias. 

Quizás siga recreando esta imagen 
con tu pelo alborotado por el viento 
y por mis dedos, muy nerviosos, 
mientras busco con mis labios a tus labios 
y los beso con pasión incontrolada.

A lo lejos nos contemplan las gaviotas de la costa 
y te saludan y te dicen que adelante, 
que no temas a la vida ni a sus gentes. 
Que eres libre y que es tu día. 
Es el día de romper tantas amarras 
y seguir hacia delante, 
sin mirar lo que atrás dejas 
y llevando solamente la maleta 
y el cariño que precisas, 
porque tú eres lo importante de la vida, 
y eres tú la "Campanilla" de los sueños, 
la que tiene que lograr al Peter Pan que te merezca,
ya que muchos solo buscan otra cosa 
y no a la niña que se esconde tras tu alma
de mujer.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/07/17

viernes, 21 de julio de 2017

REMO EN EL MAR...



Remo en el mar y avanza mi barquía
en medio del silencio.
El corazón está impregnado de salitre
y en sus arterias se esconden las palabras.

A lo lejos se ve la luz del sol, que se retira,
detrás del horizonte,
en esta despedida de la tarde
y en un viaje hacia la nada.

Quizás deba remar con fuerza
y dirigir mi barca hacia el ocaso,
a donde el sol se oculta y se adormece,
para buscar el puerto y el destino
que preciso.

Pero debo convencerme de que existo
y no estoy solo, en esta vida.
De que debo de luchar y convivir, día tras día,
para vencer el reto de la muerte.

Toco mi cara y me reafirmo en el detalle
de que existo.
Abro los ojos y miro el ancho mar
que me rodea.
Veo el cielo azul y rosa despedirse
en esta tarde, y también veo 
unas nubes grises
que me dicen que estoy vivo
y que me esperan, con su lecho ceniciento.

Sigo remando y me estremezco.
El viaje es largo y a pesar de su dureza
no me importa.
Debo bogar en este mar de las tinieblas
de la vida.
Debo seguir sin pausa entre las aguas silenciosas,
ya que aunque las nubes grises me reclamen,
y a pesar de no llevar nada en la mochila,
debo luchar por alcanzar ese rayo de esperanza 
que se esfuma en la distancia.

Sé que el manto de la noche llegará pronto 
hasta mi lado y me cubrirá con sus cenizas, 
pero nada puedo hacer, 
salvo intentar vivir y amar intensamente,
mientras remo y trato de acercarme, un poco más, 
hasta la luz difusa de ese faro que se esfuma 
y que me envía su esperanza, desde el cielo, 
y acelera mis latidos, y mis sueños, 
por la vida en esta tarde.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/07/17

jueves, 20 de julio de 2017

HOY MI MANO...



Hoy mi mano se ha quedado adormilada
y los dedos, temblorosos, se han rendido,
como fruto del trabajo y del cansancio
en la tierna confección del verso amigo.

No es mi mano quien escribe en la mañana
ni mis dedos trovadores, peregrinos,
los que buscan aplacar tantas pasiones
amainando las galernas y suspiros.

Es preciso que los labios sustituyan
a la mano y a los dedos que ahora cito,
y que plasmen los poemas en palabras
y en las voces melodiosas de los niños.

Sé, muy bien, que las estrofas seductoras,
son aquellas que en idioma muy sencillo,
nos presentan a la vida y a las gentes
como buenos compañeros del destino.

Pero el hombre se cuestiona la existencia
y hasta duda de creer en lo vivido,
ya que piensa que la vida es un misterio
y una parte del enigma es infinito.

Es posible que persiga una esperanza,
un deseo de lograr ahogar el limbo,
como oscura marioneta de una mano
que no acaba de ultimar, muy bien, el tino.

Retrocedo y me dirijo a la libreta,
al poema inacabado con su guiño
y a los versos incipientes y sesgados
que aceleran la caída del Olimpo.

Yo no sé si los poetas son gigantes
o, por contra, pordioseros de sí mismos,
ya que abarcan en sus almas tantas cosas
que es difícil entender bien sus escritos.

"...Hoy la mano se ha quedado adormilada
y hasta el tierno corazón está con frío,
porque busca la palabra y la respuesta
en la letra de tus ojos y los míos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
13/07/17

miércoles, 19 de julio de 2017

UN DÍA...



Un día decidiste que tu vida
tenía muchas metas y fronteras
y no las conocidas carreteras
que andabas, cada día, en tu salida.

Por eso planeaste la partida
de modo que tu vida se perdiera,
buscando en ultramar, lo que quisiera,
el alma de una niña confundida.

Partiste, corazón, sin un abrazo,
dejando mi ilusión en cuarentena,
por culpa de la herida y del zarpazo.

Hoy vuelves a la vida y a la escena,
me ofreces todo aquello que rechazo,
y pienso que tu vida es una pena.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/07/17

martes, 18 de julio de 2017

LLEGA EL CUERVO...



Llega el cuervo, y me estremezco,
de color ennegrecido,
con recuerdos en las alas,
en su boca y en el pico.

Me pregunto si esta tarde
habrá discos de vinilo,
y ese viento de los cielos
en las aguas de los ríos.

Es posible que descargue,
de las nubes, el granizo,
y las gotas de la lluvia
sea el llanto que preciso.

Puede ser que una paloma
ahora esté en el paraíso,
y también que mis poemas,
en el lecho, estén dormidos.

Es factible que las piedras
no se rompan como el vidrio,
ni tampoco los espejos
den los rostros confundidos.

Por si acaso estoy atento
y no quiero compromisos,
soy humano, simplemente
y hasta escucho sus graznidos.

Pero hay cuentos de dragones
que confunden a los niños,
y hasta escenas de la vida
cuyos versos es un grito.

Este grajo está latente
con sus plumas por vestido,
de ese negro tan aciago
cuya vista es un martirio.

"...Llega el cuervo y me estremezco
y hasta ansío estar contigo,
en la tierra y en la sangre
que aceleran mis latidos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
11/07/17

lunes, 17 de julio de 2017

ES POSIBLE...



Es posible que el trayecto de la vida 
sea muy corto 
y debamos recorrerlo sin premura, 
como actores invisibles 
de la misma.

Pero esta vida, 
con sus días y sus noches, 
es la esencia que preciso, 
con tus besos y mis besos, 
las caricias y el amor 
en cada instante.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/07/17

domingo, 16 de julio de 2017

AQUELLA TARDE...



(A Inés y Ángel, con un recuerdo especial, 
a nuestros padres, en estos versos).


Aquella tarde miré tu foto
y te vi, madre, con delantal,
ibas deprisa, quizás al puerto,
ruborizada y con tu cantar.

¿Qué buscas niña, dice la copla,
una gaviota y un alcatraz,
o quizás busques a la sirena
que traen las olas en pleamar? 

Pero la niña, que era mi madre,
iba a la leche, por Santillán,
sube por Boria, cruza un atajo
con su marmita para llenar.

Luego, despacio vuelve hacia el pueblo
donde está el puerto que es un imán,
ya que en el mismo hay marineros
con un grumete que es especial.

Y aquel marino, que era mi padre,
sin saber cómo la vio pasar,
y desde entonces sigue su paso,
la dice frases como un don Juan.

Pero era un ángel, el que en su boca,
dicta los versos al saludar,
sin darse cuenta que es otro arcángel
el que recibe lo que le dan.

Pasan los meses, corren los años,
y aquel noviazgo forma un hogar,
nacen tres niños muy diferentes
la viva imagen de aquella edad.

Y aquellos años fueron dichosos,
con mil locuras por relatar,
aunque el romance siguió su curso
entre sonrisas y adversidad.

"...Aquella tarde, que vi tu foto,
yo supe madre donde ahora estás,
porque en el cielo, ya estaba un ángel
y te esperaba para bailar..."

Rafael Sánchez Ortega ©
10/07/17

sábado, 15 de julio de 2017

POR UN MOMENTO...



Por un momento creí que estaba
muy solitario tu corazón,
pero al sentirlo muy cerca, luego,
le vi con fiebre por el amor.

Temblaba el cielo, también las nubes
y hasta los rayos del tierno sol,
eran momentos quizás sublimes,
eran instantes de puro ardor.

Entre la copa del alto pino
te protegías mi fiel gorrión,
y hasta las rimas de este verano
salían tristes, casi sin voz.

Era el estío con su silencio
el gran preludio de arena y ron,
y hasta las playas de las leyendas
llegan las olas de dos en dos.

Por el camino del camposanto
pasan los versos de un soñador,
y los cipreses que son muy tristes
lloran de pena sin ton ni son.

Lloran las rosas, lloran los lirios
y las violetas del tocador,
pero los ojos de aquel poeta
lloran de gozo, con gran candor.

Recuerda el pecho y las campanadas
que daba alegre tu fiel reloj,
y la sonrisa, siempre en los labios
mientras decías un breve adiós.

Luego los años dejaron nieve
y hasta cenizas de flor en flor,
se marchitaron las margaritas,
los viejos sueños y la ilusión.

"...Por un momento volvió el recuerdo
pero no quise sentir dolor,
por eso vengo al cuaderno amigo
donde va el verso y mi confesión..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/17

viernes, 14 de julio de 2017

SIENTO EL RUMOR DE LAS OLAS...



Siento el rumor de las olas
entre la brisa del mar,
cierro los ojos despacio
para soñar con un vals.

Siento que llegan con ellas
una persona jovial,
una sirena muy tierna
y un estupendo alcatraz.

¡Qué maravillas sin nombre,
puedo de cerca mirar,
una sirena preciosa
y un alcatraz su guardián.

Pero las olas prosiguen
con su resaca especial,
y van dejando regalos
para a mis ojos gozar.

Veo un cometa en el aire
con unos niños detrás,
tratan de hacer que unos sueños
puedan, sin duda, volar.

Hay un castillo en la arena
aunque le falta el Don Juan,
pero los niños prosiguen
la construcción singular.

Luego las olas me dejan
una botella especial,
con un mensaje guardado
en un secreto sin par.

Siguen viniendo detalles
cual si tuviera un imán,
ya que las olas suspiran
en ese baile final.

"...Siento el rumor de las olas
y no me puedo negar,
vuelvo a los besos sencillos
con el sabor de la sal..."

Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/17

jueves, 13 de julio de 2017

EL VIAJE DE LA VIDA...



El viaje de la vida es un momento,
que pasa sin que nadie se de cuenta,
de forma tan sencilla y polvorienta
que es fruto del final ese fragmento.

El viaje de la vida es como un cuento,
tan lleno de ilusiones se presenta,
que luego, cuando llega la tormenta,
la vida se convierte en un lamento.

Viajamos en un tren de fantasía
soñando con tener en la guantera
el néctar con la risa y la alegría.

Viajamos sin maleta, ni escalera,
pensando, solamente, en cada día,
y ajenos al final que nos espera.

Rafael Sánchez Ortega ©
07/07/17

miércoles, 12 de julio de 2017

HE VUELTO A LA VENTANA DE LA VIDA...



He vuelto a la ventana de la vida
a mirar a los niños en la calle,
y a buscar, en sus manos, los juguetes,
que alternaban las horas de la tarde.

Pero en julio el calor es tan intenso
que el vacío se corta con el aire,
y no vi, en la plaza solitaria,
la figura jugando en ese instante.

Entonces he mirado en el espejo
para ver otra imagen agradable,
y también me quedé como un idiota
con mi rostro pasmado en su detalle.

Observando a la cara conocida
recordé testimonios y pasajes,
otros tiempos de infancia y juveniles
que formaron el alma y el carácter.

Aunque es mucho decir eso del alma,
ya que el alma precisa realidades,
aunque nutra su esencia de los sueños
para luego dormir en los trigales.

A veces, muchas veces, es la vida
la que ofrece la puerta, tan amable,
para ir a otro mundo diferente
y, a la vez, a otras calles y ciudades.

Porque el alma se nutre de esperanzas,
aunque sea su búsqueda constante,
de esa luz que vislumbra por la noche
con destellos y visos de mensajes.

Es la luna cargada de ternura,
las estrellas con brillos elegantes,
y la niebla y la bruma de las sombras
que desprenden, sin prisa, los marjales.

"...He vuelto a la ventana de la vida
y allí vi los motivos de la sangre,
del ese amor que se busca y no se encuentra
a pesar de llamar a cualquier parte..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/07/17

martes, 11 de julio de 2017

ME HE DESPERTADO...



Me he despertado,
he retirado la sábana que me cubría
y he buscado las zapatillas
para dar los primeros pasos por la habitación
y recibir bien al día que saluda 
en la ventana.

Todo comienza de esta forma,
mientras mis ojos se limitan a deshojar
una pequeña flor en las pupilas.

Todo ha comenzado, menos la muerte,
menos la vida,
y también el amor y el odio 
están pendientes de esos pétalos
que van siendo deshojados uno a uno
en la ruleta cruel de la fortuna.

Porque todo empieza de nuevo
en este amanecer.
La pasión y el deseo de amar,
de odiar, de vivir y de morir,
frente a ese oscuro jugador que tengo enfrente 
y que oculta su rostro
con las sombras de la noche.
Parece un ángel negro y oscuro.
Un ángel con su espada de fuego.
Y frente a él me encuentro yo,
con una flor entre mis dedos.

Casi no me di cuenta 
pero ya estábamos jugando la partida.
Yo jugaba y quería vivir.
Negaba la muerte y la alejaba.
Él respondía con ironía y con su silencio.
Sobre el tapete verde dejaba su oferta
en forma material. 
Había dinero, aplausos, fama, adulación
y hasta abundante salud.
¡Hermosa tentación...!
Pero aguanté el envite y pedí amor,
cariño, ternura, sensibilidad 
y tiempo para vivir, como quería mi flor.

El angel negro se apoyó en su espada de fuego
y volvió a sonreír.
Tenía el fuego y la muerte entre sus manos.
Yo añoraba la vida con mi flor.
Él conocía mis pasos y también los movimientos
que podía hacer. 
Sabía que buscaba la libertad,
que ansiaba el Amor con mayúsculas,
que quería vivir para escuchar el latido
de la poesía en cada segundo de la vida.
Pero eso no lo podía aceptar ni consentir.
Él era consciente de que si aceptaba la apuesta ganaría,
que yo me quedaría con la "libertad" y mis sueños
y él con su victoria.
Por eso apostó todo y depositó su espada de fuego 
sobre el tapete.
Yo miré al cielo, tembloroso,
y cuando iba a posar mi flor
las nubes comenzaron a llorar,
en el nuevo día.

Rafael Sánchez Ortega ©
05/07/16

lunes, 10 de julio de 2017

TE FUISTE SIN AVISAR.



Te fuiste sin avisar, 
sin despedirte. 
Tú siempre tan miedosa 
y nos dejaste aquí 
con tus miedos por recuerdo.

Te miré y te vi dormida. 
Pero tú habías cerrado los ojos 
para abrir los míos 
y decirme que no ibas lejos, 
que siempre estarías cerca, 
¡muy cerca!, 
alimentando mis sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/07/17

domingo, 9 de julio de 2017

LLEGO TARDE.



Sí, llego tarde y lo sé.
Precisamente hoy que quería verte
y darte una sorpresa,
ya que la mereces por todo lo que haces,
por esa constancia en tu trabajo,
por la dedicación a los niños
y también por esos detalles especiales
a las personas mayores
que acuden a tu lado en busca de una palabra
que para ellos es como una caricia.

No tengo remedio. 
Perdí el tren de las cuatro
y ahora tengo que esperar una eternidad
a que llegue el nuevo enlace.

Pienso que estarás en el café que quedamos,
mirando el reloj constantemente 
y preguntándote por el motivo de mi tardanza. 
En realidad podía enviarte un mensaje por el móvil, 
incluso te podría hacer una llamada, 
pero no tengo tu número
y recuerdo las bromas que nos gastamos el otro día
acerca de para qué necesitábamos los números
si cada uno llevaba al otro en su corazón.

Ya ves, ahora, 
¿cómo te vas a enterar, 
de lo que me ha pasado,
si yo no puedo comunicarme contigo?

Pero de hoy no pasa. 
Luego te pediré el teléfono
y añadiré tu número a mi agenda, 
igual que tú harás con el mío. 
Así estaremos más cerca,
incluso más de lo que nuestros corazones 
ya se encuentran, 
porque si llegan las ausencias,
vienen con ellas los miedos 
y ante estos hace falta tener ese recurso para llamar, 
para escuchar la voz,
para oír el motivo y la causa del retraso 
y también para enviar y recibir un beso 
a través de la distancia.

Pero bueno, mientras pienso esto el tiempo pasa,
los minutos avanzan y ya queda menos para embarcar
y poder verte, 
aunque igual ya te has cansado 
y como no sabes nada de mí, 
hasta puede que te hayas marchado.

Si esto es así, no sé qué haré, 
porque tampoco sé dónde vives,
ni a dónde dirigirme para localizarte, 
pero no adelantemos acontecimientos
que aún no estoy en la cafetería, 
donde habíamos quedado.

Ya quedan pocos minutos para ir a tu encuentro
y estoy nervioso, aunque me pregunto por qué,
ya que en el hospital tú me dabas una gran tranquilidad
cuando entrabas en la habitación 
y me preguntabas qué tal estaba 
con aquella mirada y sonrisa que desarmaban los temores. 
Eras un ángel vestido de azul en medio de la bruma. 
Quizás por eso me sumé 
a todos los que te seguían y miraban, 
los que te pedían un poco de atención
y les devolvías la ternura más infinita.

Al final no sé por qué me dijiste 
que me invitabas a un café
cuando me dieran el alta. 
En realidad debería haber sudo yo 
el que te invitara a ti,
porque eso era lo correcto y porque además te lo debía 
por todo el esfuerzo realizado para sacarme una sonrisa.

Contigo fue muy fácil reír, 
porque la sonrisa iba contigo, 
en tu voz, en tu manera de ser 
y no pude resistirme.

Ahora aquí estoy, esperando este tren 
y mordiéndome los labios,
ya que ni siquiera sé si llegaré para verte 
y poderte decir lo mucho que tengo guardado 
y que no pude expresar allí,
en el hospital.

Ha empezado a llover, en la tarde, 
y al final del andén se ve el nuevo tren 
que entra, lentamente, en la estación
para abrir sus puertas y recoger a los viajeros.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/07/17

sábado, 8 de julio de 2017

HE VUELTO A MIRAR LA LUNA...



He vuelto a mirar la luna
en esta tarde que acaba,
y yo recibí sus besos
con un rayito de plata.

Luna de niños y hombres
que por el cielo descansas,
deja en mi pecho el suspiro
mientras tu sueño reparas.

Dicen las viejas leyendas
que fue, sin duda, un pirata,
el que robó de los cielos
esa lunita tan blanca.

Y la llevó en su goleta
por mar y tierras extrañas,
a conseguir los botines
con el cañón y la espada.

Pero la luna, tan tierna,
con todo esto lloraba,
ya que la sangre y el robo
la hacían muy desgraciada.

Cuentan que a una sirena
llegó un delfín en la playa,
y le explicó que la luna
era bandera y esclava.

Entonces pidió a los cielos
una galerna sin falta,
con unos vientos furiosos
para librar la batalla.

Plegó el pirata las velas
para librar la borrasca
y la lunita de un salto
pudo volver de la nada.

"...He vuelto a mirar la luna
y cómo no, a susurrarla:
luna lunita del cielo,
toma mi mano y mi alma..."

Rafael Sánchez Ortega ©
03/07/17

viernes, 7 de julio de 2017

UNA GOTA DE LLUVIA...



Una gota de lluvia se posa 
en tu cara y te deja su beso,
como aquella lejana caricia, 
(que una vez, renació de tu alma)
para ir a dormir a mi pecho.

Porque llega la gota de lluvia
para dar el mensaje tan tierno,
ofreciendo ese beso sin nombre
que apacigüe las voces del fuego.

Un gorrión se te asoma a los ojos
y te dice que sí, que estás cuerdo,
que el momento que ahora percibes
es la vida real y no un sueño.

Porque el sueño que llega profundo
es capaz de embriagarte de lleno
y hasta hacer que percibas visiones
de otro mundo irreal y no cierto.

Esa flor que se agita a tu paso
y despeina sus pétalos tiernos,
es la rosa sencilla y hermosa
que una vez te ofrecieron mis dedos.

Porque piensa en la rosa marchita
que una vez acogió tu cuaderno,
y recuerda la tarde de estío
cuando yo te la di con un verso.

Ese hombre que marcha cansado
y precisa parar un momento,
es el niño que huyó de la infancia
con su carga de sueños y miedos.

Porque el niño anterior, que se cita,
es el hombre que sigue viviendo,
a pesar de que oculta su cara
y sus sienes estén en invierno.

"...Una gota de lluvia, un gorrión,
(¡qué preludio de amor en el pecho!),
y hasta el sueño y la flor, con el hombre
de ese niño que sigue despierto..."

Rafael Sánchez Ortega ©
02/07/17

jueves, 6 de julio de 2017

ATRÁPAME UNA OLA...



Atrápame una ola con tus labios
y deja que perciba sus latidos,
es fácil que se aleje la nostalgia
cobrando el corazón un nuevo brío.

Volvamos a ese mundo de los sueños
a ser el Peter Pan de los mendigos,
busquemos en los hombres la mirada
y en ella el tulipán que está perdido.

Andemos por las calles de la aldea
tratando de emular a peregrinos,
aquellos que pasaron con los tiempos
marchando por senderos infinitos.

Dejemos que nos canten las cigarras,
después de la sonata de los grillos,
y luego, emborrachados de ternura
volemos a otro mundo que es distinto.

Saquemos las caretas de las almas
y hagamos del amor lo que es preciso,
la fuente y el origen de la vida
sintiendo, en cada instante, sus latidos.

Hagamos, como hacen los valientes,
que tiemblan sin cesar, y no de frío,
luchando por aquello, que en justicia
les dicta el corazón, cual cometido.

Seguro que estaremos muy cansados
de tanto protocolo y compromiso,
incluso que nos cunda la pereza
por culpa de un sopor muy repentino.

El agua no se oculta a la batalla
y baja, en los meandros, por el río,
helada, apasionada y generosa,
en plena comunión de sus sentidos. 

"...Atrápame una ola con tus labios
y deja que me sienta como un niño,
serás la Campanilla de mi vida
y entonces soñaré siempre contigo..."

Rafael Sánchez Ortega ©
01/07/17

miércoles, 5 de julio de 2017

VOLVIÓ LA LLUVIA...



Volvió la lluvia, de nuevo,
y se mojaron los campos,
aunque tus ojos preciosos
por la cellisca lloraron.

Fueron quizás unas gotas,
unos claveles dorados,
los que llegaron al suelo
pada dormir en los charcos.

¡Qué sensación tan sublime
ver esos círculos mágicos,
como se estiran y esfuman
en la quietud de este cuadro!

Porque la magia se asoma
cuando la lluvia hace acto,
y hasta los sueños se animan
y ya no piden descanso.

Siempre se añora la lluvia
cuando el calor hace daño,
y más si empieza el estío
y el sacrosanto verano.

Pero las nubes, tan sabias,
saben que fibra tocarnos,
para arrancar la sonrisa
del corazón alterado.

Saben llamar a los cielos,
decir la sed que hay abajo,
luego cargar sus alforjas
y con las mismas regarnos.

Porque la extraña simbiosis,
la comunión entre ambos,
hace del hombre y la lluvia
algo que cruza el espacio.

"...Volvió la lluvia, de nuevo,
para, por fin, alegrarnos,
ya que en las gotas divinas,
hasta sus besos dejaron..."

Rafael Sánchez Ortega ©
30/06/17

martes, 4 de julio de 2017

PIENSO QUE HE PERDIDO EL TREN...



Pienso que he perdido el tren,
que ya no merece la pena seguir esperando
y que estoy cansado de la vida.

"...Pero debes vivir, te dices, seguir adelante,
no asumir la derrota que los demás
quieren ver en tus ojos.

Es cierto que prefieres la soledad
y que huyes de ese montón de gente
que te aplaude, que te habla por hablar
y hasta te saluda efusivamente
para luego crucificarte con sus juicios
y su crítica.

Sientes que piensas, y te digo, que es bonito hacerlo,
aunque lo mejor sería cerrar los ojos 
y deslizarte por ese mundo de los sueños,
allí donde el mar llega con sus olas,
donde la resaca deja los susurros
y donde una vez pudiste mirar la desnudez
del cuerpo amado bajo la luz de la luna.

Quisieras poder volver a revivir aquel momento,
poder oler su cuerpo, 
sentir los latidos de su corazón acelerado,
y ver en sus ojos reflejarse a las estrellas..."

Pero vuelvo a pensar que he perdido el tren,
que estoy cansado de todo lo que me rodea
porque yo, que tanto he soñado, 
necesito una mirada sincera,
un alma gemela que me entienda,
una sonrisa llena de alegría,
una mano que tome mi mano y sienta mis dedos,
y unos ojos que no me miren como si estuviera loco
y que, simplemente, comprendieran mis lágrimas.

Pienso en aquella noche con la luna de plata,
en el cielo, y la lluvia que vino después, 
con sus caricias, para besar nuestros cuerpos.

Pienso que bebo y fumo demasiado, 
que ahogo los sueños en el alcohol
para luego amanecer con una gran resaca,
en soledad y silencio y lleno de ese olor
a tabaco y lejos del aroma y el perfume de tu piel.

Así que allí me veo, como tantas veces,
hablando para ti, ante un espejo imaginario,
y hablando conmigo mismo, justificándome, 
y buscando soluciones a mi vida que nunca llegan.

Y otra vez más pienso que he perdido el tren,
que no merece la pena seguir así
y que la vida es un asco
porque he soñado por dos y he llorado por dos
y hasta he amado por dos,
sin encontrar nunca a ese otro personaje,
real o de ficción, de mi poema.

A veces pienso en la estulticia de los hombres,
en la interminable partida de ajedrez que sigo
disputando con mi conciencia,
en la fórmula matemática que ignoro y que trato
de conseguir para descorrer las cadenas de mi alma...

Pienso en ese verso incompleto que persigo,
en la fragancia de la rosa inmaculada,
en el vuelo tan sutil de los cometas en la playa, 
en el canto infantil de las cigarras,
en el suspiro inocente de las olas
y la mirada, cargada de ternura, 
de aquel niño que jugaba a ser mayor 
mientras leía, en el recreo, a Don Quijote.

Pero al final pienso que el tren ya ha pasado,
que estoy muy cansado,
que la vida me desborda y me ahoga
y que es tarde, ¡muy tarde ya!, para abrir los ojos
y despertar de nuevo.

Aunque también pienso,
(y esta es mi desgracia),
en que sigo sin poder olvidar, ni olvidarte,
en que hay cosas que he vivido que no he podido dejar atrás 
y siguen conmigo,
en que te quiero y en que te amo,
aunque ya no estés en mi vida,
a pesar de que haya perdido el tren
y me haya quedado solo en una estación
vacía y sin viajeros.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/06/17