El cementerio,
con tumbas y con nichos
hoy nos espera.
Es el adiós,
al cuerpo del amigo
y del hermano.
Descansará
en un sueño infinito
con los cipreses.
Porque su tren
cargado de ilusiones
llegó al final.
Una estación
con salas sibilinas
de color blanco.
Y en una de ellas,
después de duros días,
cerró los ojos.
Te vas, lo sé,
pero también sé que
quedas con nosotros.
En el recuerdo
los frutos de la huerta
con los tomates.
Y tu sonrisa
y palabras sinceras
que no olvidamos.
Un fuerte abrazo,
te mando en este día
adonde vas.
Rafael Sánchez Ortega ©
23/11/25

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