Un día, como tantos,
miré por la ventana,
el día amanecía
y el cielo despertaba.
Creí ver una nota
sin rumbo y pentagrama
y solo era un suspiro
brotando de mi alma.
Hay sueños que, en los niños,
se duermen y descansan,
volcando sus recuerdos
en largas madrugadas.
Inviernos solitarios,
rocío en las miradas,
y eternas utopías
de ancianos con sus canas.
La vida es ese "tempo"
que nace y que se pasa,
haciendo que el instante
se pierda entre la nada.
Acepto la sonrisa
que el día me regala,
y quiero sus latidos
fundiéndose en mi alma.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/01/26
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