Mostrando entradas con la etiqueta Poemas en Prosa 2015. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas en Prosa 2015. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de diciembre de 2015

RECUERDO...



Recuerdo un sendero inclinado,
una ladera helada en la montaña,
quizás un instante que pudo ser decisivo.

Luego la paz,
el temblor,
el miedo contenido en un suspiro.

Recuerdo aquel susurro incontrolado
por mi cuerpo,
la dulzura del sol rozando mis cabellos,
la brisa, inmaculada y pura, llegando
hasta la carne
y la perfecta soledad del sitio y el lugar
brindando por mi vuelta.

Porque la vida es algo muy fugaz.
Es un segundo, tal vez, en la distancia
y en esa inmensidad que nos rodea.

Pero la vida es ese algo imprevisible
que llega y emborracha con su néctar,
aunque, también, es la galerna desatada
que azota y trae la lágrima furtiva,
y es el vagón de un tren
que se desliza a una estación
oscura entre la nada.

Recuerdos que aparecen en otoño
sin buscarlos:
"La infancia ya lejana.
La escuela gris y fría.
La iglesia que emanaba la ilusión,
como un incienso de esperanzas.
El sol que se filtraba en las ventanas
sin cortinas.
La madre que llamaba a la comida.
La cara de tristeza de mi padre.
La eterna soledad de aquel hogar
donde los libros abundaban, apilados
y dispersos.
El verso que escapaba del cuaderno.
La rima vacilante que llegaba a la cabeza..."


 ...Y tú, querido Amor, la forma imprevisible
que llenabas a mi alma de utopías,
avivando aquella hoguera con tus lazos invisibles.

Y así te descubrí, sin darme cuenta,
entre las pequeñas cosas de la vida:
"En el niño que jugaba en el recreo.
En el otro compañero que elevaba sus cometas
en la playa.
En la tierna mariposa que venía, hasta mi lado,
en primavera.
En la fuente cantarina que brincaba en el deshielo.
En los trinos de las aves que mostraban su jolgorio.
En el mar y las mareas que acudían a dormir
entre mis sueños...
"

Recuerdos de un otoño que termina,
de un invierno que ya acecha,
de unos tiempos ya pasados,
de una vida que se marcha
y que se pasa en un suspiro.

¡...Recuerdos...!

Rafael Sánchez Ortega ©
16/12/15

miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿QUIÉN ERES...?



¿Quién eres cuando estás a solas?,
(le preguntaron al poeta).

"...Soy una hoja de otoño,
que mece el viento,
impulsada por tus labios..."

Rafael Sánchez Ortega ©
13/10/15

jueves, 16 de julio de 2015

VEN HASTA MÍ...



Ven hasta mi, no temas a mis labios,
siente la voz que grita y que susurra
por culpa de la sangre enfebrecida
que corre, como lava, por mis venas
y busca los rincones de tu cuerpo,
quizás como la brisa, dulcemente,
que escapa del nordeste tan furioso
y quiere ese lugar, en tu regazo.

Roza mi piel de arena y de cenizas
que estremecida siente tu presencia,
para luego diluirse ante tus ojos.
Bésala ya, sin miedo ni reparo
y encontrarás la fuente del sediento,
quizás para esos labios tan sutiles
que imploran a los cielos una lluvia
y luego la deslizan por sus almas.

Siente mi desnudez bajo esa lluvia
y encuentra entre mis brazos los latidos,
el cuerpo irreverente, en su inocencia,
las sendas que quisieras recorrer,
los surcos que hay plagados de secretos,
el néctar y el pecado que se aloja
allí, donde no llegan las miradas,
y donde solo el sexo está latente.

Porque tu sangre es fuego y yo la siento,
como percibo al río y al meandro,
y espero esa corriente, en su locura,
impetuosa y brava, que me abraza,
que aumenta la ceguera de mis ojos
haciendo de mis dedos, lazarillos,
que buscan ese cuerpo, que es tu cuerpo,
tan ardiente, al que deseo y al que amo.

Quiero tu desnudez ante mis ojos,
pues mis dedos nerviosos, de impaciencia,
reclaman tu presencia, sin palabras;
te piden que te duermas a mi lado,
que sacies, con tus manos, mis gemidos
allí, donde el temblor es evidente,
donde castiga el mar en sus embates
y alivies, con tus labios, esa herida.

Mira a tu alrededor
piensa en tu desnudez, al ver la mía,
y tápame, despacio, con tus besos.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/15

domingo, 17 de mayo de 2015

A VECES...



"...A veces es la imagen hermosa que vemos
y que se refleja en las aguas,
aquella que nos encandila el corazón
en un instante y hasta nos hace suspirar
y creer que el tiempo se detiene,
porque no hay nada más allá,
de ese segundo infinito que se rompe
con el soplo de la brisa que la ondula
y que la envuelve,
que la riza y que la oculta en mil fragmentos,
y no son la realidad tan deliciosa
que vivimos en los sueños..."

"...A veces es el corazón el que galopa impetuoso
y corre, sin control, por los senderos nunca andados
en busca de la magia y de la luz
que ya se escapan por la noche
y en los largos arenales de la playa,
sin saber que, tras su trote, está el candor
y está el dolor de un sentimiento primoroso
que comienza y que termina
entre los pliegues de las almas..."

"...A veces es la razón la que se vuelve turbia
y se nos nubla con la bruma de la vida,
y es en esas noches de tormenta y ansiedad,
donde parece que se apuran los segundos
en una eternidad que tiene contenidos
los suspiros de los hombres por un tiempo..."

"...A veces te recuerdo, en mi delirio
y busco entre los pliegues de las olas
esa imagen tan hermosa y tan serena
que conservo de tus mares,
sin darme cuenta que el pasado está pasado
y que otras olas han suplido aquellos rizos,
que mis sueños, extendían por la arena
de la playa, entre cantos y rumores
de resacas y sirenas..."

"...A veces te imagino entre mis brazos,
en un baile irreverente,
con la luna y las estrellas conformando ese guiñol
de sensaciones musicales que le arrancan a la noche
y bailando, sin cesar, sobre las olas,
nuestros pies enamorados ese vals, tan inmortal,
que relatan las leyendas de los niños..."

"...A veces me despierto por las noches
y confundo realidad con el pasado,
en un presente muy confuso,
donde abundan los retales de otros tiempos
con cristales desprendidos de una infancia
ya lejana..."

"...A veces es un grito silencioso
el que se escapa de mi pecho con tu nombre
y te persigue y te reclama por las calles
y senderos de una vida que precisa de tu risa
y también de tu alegría,
como el verso deseado y suplicante de la rosa
en primavera en un jardín enamorado..."

"...A veces ya no sé ni lo que digo
y te llamo por tu nombre mientras sueño,
y le hablo a la luna y las estrellas
de tu risa y tu figura,
y me siento muy dichoso de tenerte entre mis brazos
y sentir esas caricias que me dejas
con tu brisa y con tus besos..."

"...A veces te desnudo en el silencio de la noche
y contemplo como tiemblas y suspiras
mientras busco con mis dedos a tu piel
tan delicada,
a esa cara deliciosa
y a esos labios de cristal que me suplican
que les bese sin tardanza..."

Rafael Sánchez Ortega ©
11/05/15

martes, 5 de mayo de 2015

SOPLABA EL VIENTO DEL NORDESTE...


Soplaba el viento del nordeste, sin cesar,
en aquel día.
Bendita sensación la de sus aguas
con láminas añil, de un verde y azulado
tan inquieto.
Las olas se rizaban con la brisa
que soplaba.

Recuerda bien, mi Mar,
al viento del nordeste que soplaba
enfurecido.
Allí te conocí, cruzando nuestros pasos
y caminos.
Tú estabas muy molesto por culpa de ese
viento, que sin duda te cegaba,
y yo te sonreí.

Recuerda simplemente, Mar,
que no nos conocíamos.
Que fuimos dos extraños, hasta entonces,
y tú nada sabías de mi vida.
Yo tampoco había disfrutado de la paz
y la frescura que nacía de tu lecho de cristal
irreverente.
Acuérdate muy bien de aquel momento
y no lo olvides.

Un niño se acercó hasta tu lado,
con cara de inocencia,
y te llamó a ti, Mar, con un
suspiro incoherente.
¡Tenía tantas cosas que pedirte
y tantas que contarte...!
que admirado por tu gracia y tu belleza
extendió sus brazos para estrecharte
entre ellos, mientras tú, simplemente,
le ignorabas y bañabas con un golpe de resaca
y de salitre.

Recuerda bien aquello, Mar, y no lo olvides.
No te enojes si te traigo aquella escena
del pasado a tu recuerdo.
Él te amaba.
Por eso te ofreció su confianza
y te habló de tú a tú,
contándote sus penas y alegrías.
¡Te amaba, Mar!, y tú no te enteraste,
ni escuchaste sus palabras,
ya que estabas más pendiente
de llevar tus resacas y mareas
a otras playas y otras costas.

Recuerda aquel momento, Mar,
y no lo olvides.
El viento del nordeste era muy fuerte.
pero era sano y curtía las mejillas
de los hombres.
Cicatrizaba sus heridas,
cauterizaba las pasiones
y hasta hacía que los niños se enamoraran,
como aquel, de quien te hablo,
y tú ya no recuerdas.
La brisa afloraba las sonrisas
de las almas,
las flores se movían temblorosas,
las arenas volaban emulando cenizas
de las rocas
y unos labios invisibles te buscaban,
sin cesar, y pronunciaban tu nombre.

¡Oh, Mar!, tu no recuerdas aquel instante,
y bien que lo lamento,
pero el amor pasó muy cerca de tu lado.
Estaba en aquel niño y en sus versos,
estaba entre los sueños que llevaba
y albergaba su cabeza,
estaba en unos ojos infantiles,
que admirados, contemplaban a tu cuerpo
tan desnudo,
estaba en ese añil, verdeazulado,
que llevabas como un manto transparente
y estaba allí, en el corazón que te llamaba
y te gritaba tras la brisa del nordeste.

¡Oh, Mar!, hoy sopla nuevamente aquel nordeste
como en tiempos ya pasados.
Pero no hay un niño que te mira,
ni unos versos que te buscan,
ni unos ojos que te llaman,
ni tampoco está aquel grito silencioso
que gemía con tu nombre.
Simplemente estás tú, con tus resacas
y mareas,
con tus olas y tus playas,
con las costas tan altivas
y con ese corazón tan bien blindado
que no atiende a sentimientos ni razones.

Quizás por eso lloro, Mar,
y te maldigo por no haber sabido
aprovechar aquel momento,
por no haber pedido que aquel niño
te contara sus secretos
y porque le dejaste marchar, sin atenderle,
con la ilusión y tantos sueños, bajo el brazo,
hacia otro mar,
distinto y sin nordeste.

...Pero ya sé que no te importa,
y que nada importa en este instante,
incluso el que lloren los peces
al saber de todo lo ocurrido en aquel tiempo
ya pasado.
¿Te imaginas ver llorar a los peces?.
-sonrío.
Pero es así. Los peces han llorado y lloran,
porque saben llorar, y la brisa todo lo cura,
todo lo cicatriza,
y hasta las heridas de las almas
se convierten en senderos invisibles
con el viento del nordeste.

Al final de este poema nos quedaremos solos,
tú y yo, Mar,
y ambos olvidaremos aquel niño
que te citaba y recordaba
con su imagen del pasado.

Cerraré los ojos, y tú harás lo mismo con los tuyos.
Aspiraré el salitre de las aguas,
y tú suspiraras a las estrellas en la noche.
Sentiré a la brisa besar mi cuerpo estremecido
y las gotas de la resaca restañarán mi piel
mientras tú azotarás, con tu añil verdeazulado,
a las costas y a las playas.
Y al final, simplemente, murmuraré tu nombre
para embriagarme con él y tu sonrisa
ya olvidada,
como tantas veces hice a lo largo de la vida,
en mis poemas,
pero tú me envidiarás y llorarás entonces
con la ausencia del Amor en tus entrañas
y sentirás el escozor que te producen
el salitre y el nordeste,
cuando grita el corazón a las respuestas
y el vacío, de preguntas que le mandan
desde el alma.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/04/15

viernes, 24 de abril de 2015

TE VEO...



Te veo en ese lecho tan cansada,
pero tengo ganas de ti
y quiero secuestrarte,
ven conmigo y nada temas,
iremos a pasear por la ribera,
escucharemos a las olas
y nos abrazaremos bajo el manto protector
de la luna y las estrellas.

Entiendo que estás cansada,
pero sigue a mi lado, te necesito.
Quiero robar tus sueños,
desnudar tu alma, para cubrir tu cuerpo,
y acariciar esos pliegues tan hermosos,
mientras mis labios mordisquean tu piel
y mis dedos dibujan arabescos por tu espalda.

Entiendo que necesitas descansar,
que precisas ese sueño reparador,
pero quiero darte lo que guardo,
los versos incipientes de mis dedos,
las pasiones alocadas de mi corazón,
los jardines de invierno de que tanto
te he hablado,
los silencios helados de los días sin nombre
y también quiero compartir contigo el renacer
de la vida con la nueva primavera.

Siento tu respiración acompasada
y me duele despertarte;
pero lo hago.
Quiero martirizarte con mis besos,
quiero encender tu cuerpo con el roce
de mis dedos
y quiero que suspires y despiertes
para volar conmigo
y buscar los cometas de la infancia.

Siento el sudor de tu piel,
en esa lucha incesante de tu cuerpo
y de tu alma,
y entonces quiero llevarte a ese bosque
donde la niebla y la bruma no existen,
allí donde el mundo se para,
donde los relojes se detienen,
donde las nubes florecen
y donde la lluvia forma pétalos cristalinos,
con sus diminutas gotas,
para besarnos.

Quizás sientas el calor de mi verso en tu oído,
quizás añores el poema de antaño,
quizás busques por baldas y desvanes
las viejas promesas,
y, a lo mejor, hasta escuches maullar
a los gatos por las calles vacías.

Pero es y será una pesadilla, ¡sin duda!
Yo estaré cerca y velaré tu sueño,
desnudaré tus silencios con mis dedos
y elevaré tu cansancio hasta las nubes
para que, en ese hermoso lecho,
tú descanses y recibas
el cariño de mis manos.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/04/15

miércoles, 22 de abril de 2015

OJALÁ YA FUESE REALIDAD...


Ojalá ya fuese realidad ese futuro
y esos días que soñamos,
ese tiempo en que pensamos estar juntos,
compartiendo sentimientos y latidos.
Pero hay que someterse a los designios
de la vida y hasta hacer
que tantos sueños se retarden
uno a uno y que esperen unos días.

Has sido y eres la razón de mi alegría,
el principio de una nueva primavera,
de una realidad, y no de un sueño,
con tu amor y tu cariño.
Y es así, porque abusé de tu paciencia,
porque vine, por las noches, a tejer
la telaraña que me dabas y ofrecías
con tu charla y con tus risas.
Y acepté, y tú lo sabes, ser tu amigo
y ser tu amante,
ser el hombre de tu vida,
ser el niño y el poeta que te busca
y que te llama por las noches,
y que sueña, por el día, con tus pasos
y venidas,
con tu risa contenida,
con tus bromas y suspiros que me dejas
tantas veces.

Tú has querido ser de barro y de ceniza
y elevarme en el cometa de tus sueños,
para ver, sobre los mares, las llanuras
tan inmensas de tu tierra,
para ir a las montañas a gozar
de las nevadas de las cumbres,
y has querido ser la humilde cenicienta
de mis versos,
aunque eras una diosa que vivías en un mundo
muy cercano a las praderas del Olimpo.

Es por eso que me lanzo tras tu vuelo
y te persigo,
necesito que me digas que me quieres,
que me amas,
y hasta siento al corazón que se desboca
por tu culpa y va perdido en una selva
de pasiones.

Soy el niño y el poeta,
el humilde prisionero de tus pasos,
el que sigue tus pisadas en la arena,
el que busca, por la noche, las estrellas
tan fugaces,
y el marino, y capitán del bergantín,
que sin velamen ni mesanas, atraviesa
los océanos en tu búsqueda.

Creo en ti, sin quitamiedos,
con mi capa tan sencilla, de juglar y Peter Pan,
con que me cubro.
Ya no uso parapente ni tampoco voy pisando
los cristales del pasado.
Soy Amor, sencillamente, para ti,
para que lo tomes y recojas,
para ser quien tu deseas,
para hacerte sentir bien y estar tranquila,
y hasta ser el pasaporte
que te abra muchas puertas
y te haga ver la vida de otra forma,
como quieres, como buscas,
como sientes y deseas.

Yo seré como esa espuma de los mares
que se estira por las playas
y que aguanta las resacas
con monótono sonido,
y seré, si tú lo quieres,
el salitre de tus venas,
el nordeste que se acerque hasta tu cara
y te bese con su brisa,
y el charrán, que con sus alas,
marcha allá, por el ocaso, hacia otras costas
y lugares,
y también seré ese faro que te guíe,
que te lleve de la mano,
que te alumbre por las noches
y que esté constantemente
vigilante ante la niebla de tus ojos.

...Y ojalá que este presente no se acabe
y que sientas el futuro, y realidad, con que
soñamos tantas veces muy cercano,
y hasta sientas que tus manos se estremecen
al tocarme y al sentirme,
porque marcho con tus pasos y latidos,
y va en ti, mi corazón, con su tic-tac irreverente,
el reloj que tanto añoras y deseas.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/04/15

domingo, 19 de abril de 2015

¿Y QUÉ DIRÁN...?


¿Y qué dirán los labios, nuestros labios,
cuando se encuentren y se vean,
en ese viejo andén de la estación?

Quizás se queden quietos y en silencio,
quizás no atinen las palabras a romper
ese momento tan soñado.

Es fácil que los dedos sustituyan a los labios
y sean los que alegren las pupilas,
es fácil que se rompa el corazón en mil pedazos
por culpa de las prisas y del beso que no llega,
es fácil que el temblor venga de nuevo
y recorra nuestros brazos y hasta nuble la razón
con esa brisa, que sin duda, se desprenda
de los ojos y nos moje y nos proteja.

Entonces dejaremos que las almas manifiesten
lo que sienten, lo que guardan, lo que ansían,
y haremos que los cuerpos se serenen al compás
de nuestros besos.

Pero todo es fantasía en estas letras
y hasta puede que actuemos de otro modo.

Dos personas diferentes y que dicen conocerse,
dos sonrisas apagadas, deseando ver la vida,
dos inquietos corazones que desean el galope
impetuoso de la sangre,
dos cabezas que ya ansían ese sueño entre
los brazos tan amados.

Suspiramos, sin remedio, intentando darle forma
a esos momentos, a ese instante en que se junten
nuestras manos,
a esas voces que provengan de tu boca
y de mi boca,
y que entreguen el saludo delicado y picaresco
de tus labios y mis labios...

Más también hago extensivo, en el suspiro,
a mis ojos buceando en tus pupilas,
a mis dedos rebuscando entre tu pelo,
ese tacto sugerente y tan sensual
que me provocas con pensarlo,
a tu piel, tan delicada y siempre tierna,
y a esa eterna sensacion de ser un niño,
simplemente, ante unas letras especiales
que ahora escribo con cariño.

Yo no sé lo que dirán, en ese encuentro,
nuestros labios, y hasta puede que me quede
con los sueños y retales de esa cita,
porque todo es poesía.

Tu sonrisa es poesía, tu mirada es poesía,
tu latido es poesía y hasta tú, con tus pupilas
soñadoras, eres ya ese verso del poema que buscaba
y me faltaba:
Un susurro estremecido de mi pecho
y el suspiro  tembloroso de mi alma.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/04/15

viernes, 17 de abril de 2015

QUIZÁS ESAS GAVIOTAS...



Quizás esas gaviotas que me miran
no saben ni quién soy ni a dónde
se encamina mi destino.
No saben más de mí que mis vecinos
y parientes,
los unos porque ven cuando yo bajo
de mi casa, día a día,
los otros, vagamente, cuando alguien
les susurra, con mi nombre,
y evocan mi figura en el recuerdo.

No saben las gaviotas que mis pasos
van en busca de emociones
y hasta emprenden esa loca sensación
de caminar por una senda de la vida
que se pierde en la distancia.

Dejo atrás un ramillete de emociones,
de recuerdos muy dispersos,
de promesas y palabras que eran simples
sensaciones que alteraban los sentidos
y que luego se fundían en la niebla
y en la nada.

Dejo atrás las mariposas de la eterna primavera,
con las luces parpadeantes que alteraban
los sentidos,
con los globos de colores que animaban las pestañas
y hasta quedan allí atrás, en un rincón,
unos versos de cristal en los que hablaba
de la música.

Ahora emprendo la ascensión por el camino
que me lleve hasta la cima;
quiero ser y quiero estar en ese instante
en la cumbre bien nevada
esperando la llegada del invierno
y dejando una sonrisa al otoño que se marcha
y que se escapa de mi lado.

Sé que es dura la trepada y que debo de escalar
unas paredes peligrosas, concentrando mis sentidos
en las manos y los pies que en esas rocas
buscarán el firme apoyo para ir pasito a paso
hasta ese instante, en que doblegue a la montaña,
y me abrace a los mojones de su cima.

Reconozco que hace años yo subía fácilmente,
y sin temor a las caídas, con el miedo contenido,
destilando adrenalida y hasta haciendo aquel honor
a las arañas que miraban recelosas como yo
me deslizaba por las rocas, como ellas,
a pesar de ser un hombre tembloroso
que acababa de dejar a las gaviotas en la costa

Hoy recuerdo a las gaviotas y charranes,
los señudos cormoranes con sus alas desplegadas,
y les digo que he volado como ellos,
que he subido, con mis manos y "mis alas" invisibles,
a esa cima con que tanto me retaban,
que he escalado las paredes afiladas y calizas
escoltado por los buitres y las águilas
que celaban por sus nidos.

Y al final lo he conseguido y he llegado,
aunque sea solo en sueños,
aunque aparte la ilusión y fantasía
y me quede simplemente con la imagen añorada,
y que queda en mi retina,
no sabiendo dónde empieza y dónde acaba
la verdad y realidad de lo que cuento.

Sin embargo finalizo repitiendo
que quizás esas gaviotas, que me miran,
nada sepan de mi vida,
ni quién soy ni hacia dónde se encaminan
estos pasos vacilantes de un invierno
que persigue su destino con temblor
y con nostalgia.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/04/15

martes, 7 de abril de 2015

SUSPIRAR...



Suspirar...

Y sacar a los labios el aire y la nostalgia,
concentrando los silencios por orden númerico
y de mayor a menor antiguedad,
aceptando la realidad,
y marcando las prioridades de este día,
uno más del recorrido,
y uno memos para llegar a la meta.

Suspirar...

Y contar las escaleras de la calle
mientras subo hacia el trabajo:
"una dos, tres..."
Respiro y me detengo buscándo una metáfora
que me dé la explicación de lo que hago:
"treinta y una, treinta y dos, treinta y tres..."
la higuera se me escapa de las manos,
las flores del almendro ya despuntan,
la sombra del ciprés
se enreda con la hiedra de la tapia
mientras el nordeste deja un beso entre sus ramas:
"sesenta, sesenta y una, sesenta y dos..."
hay puertas invisibles en las tapias
y ventanas que no veo
y las percibo y las preciso
con la luz que me hace falta:
"setenta y nueve, ochenta y ochenta y una",
¡al fín...!

Suspirar...

Y recuperarse un poco del cansancio
dejando atrás castillos y mil sueños del pasado.
El invierno ha corrido su velo,
y también ese trago del frío amargo
que ahora quema el veneno, en las entrañas.
Ya no lloran los ojos, porque dentro,
en el alma, se destroza el silencio,
desgarrado entre nieblas y brumas
y no atinan los dedos a quitar esos días
pasados, y esos meses de la página fiel,
del feliz calendario.

Suspirar...

Y mirar por la ventana el cielo gris,
de este día cualquiera,
mientras los dedos juegan con el teclado del pc
tratando de hilvanar unas palabras,
y el pensamiento vaga, difuso,
con tu presencia tan cercana y tan distante.

Suspirar...

Y seguir caminando,
avanzar ya de nuevo con la lluvia y el sol
a través de la niebla y la noche,
al compás de los días sin nombre,
entre rosas y cardos,
donde nacen y mueren los sueños,
porque tú, "primavera sin rumbo",
has venido hasta aquí, de repente,
arrancando la nota silente de un arpa
y acallando la voz de un invierno,
marchito y helado,
y has venido a traer alegría a las almas.

Suspirar...

Y añorar la pasión del futuro verano.

Rafael Sánchez Ortega ©
01/04/15

miércoles, 1 de abril de 2015

PARECE...



Parece que es el mar quien habla,
quien nos habla,
y me parece estar escuchando a las olas,
en su lenguaje lleno de pasión y de lujuria,
pero a la vez tan lleno de sensualidad
y de cariño,
porque sus caricias son como abrazos silentes
y esos roces, sin nombre, que las olas
dejan en la orilla de la playa
cuando nos ofrecen su salitre.

Quiero gritar sin miedo hasta el delirio, mar,
y emborracharme siempre con tu nombre
hasta sentir tus labios por mi cuerpo.

Pero es el mar, mi mar, el que susurra,
el que acaricia dulcemente con el beso
de la brisa,
el que nos deja ese salitre, tan ardiente,
entre los labios,
y el que nos hace recordar,
y hasta añorar, aquellos tiempos
de la infancia, ya pasados.

Quiero volver a ti, mi mar,
sin esos miedos ni temores,
ausente de grilletes y cadenas,
para nadar y navegar, eternamente,
por tus aguas.

Pero sé muy bien que, afuera, nos esperan
galernas y ciclones, que confluyen en tormentas,
tormentas y peleas de la vida contra el cielo,
del cielo contra el mar,
del mar contra la costa,
y del hombre, con su alma desgarrada,
suplicando que se acabe este tormento
y que pueda navegar hasta, alcanzar,
las ensenadas, de ese nuevo paraíso,
que le ofrece el horizonte en lontananza.

Quiero soñar contigo, mar,
y emborracharme de tu sal y tus leyendas,
quiero vibrar, de nuevo, como antaño,
ante el rumor preciso y cantarino de tus aguas
llegando hasta la playa,
quiero sentir la mano, que invisible,
me recorra con sus dedos por mi cuerpo
y me haga estremecer, sin darme cuenta,
en este sueño.

Pero es el mar el que me habla y quien murmura,
el compañero fiel e inseparable de mis días y mis noches,
y me dice que "adelante",
que empuñe nuevamente bien los remos
y bogue sin descanso,
que apure los dolores del esfuerzo
y vea que el destino está cercano,
que escuche a las gaviotas cantarinas
y sienta su presencia tan cercana,
pues buscan, el descanso
y la comida del buen puerto,
igual que los marinos ese atraque,
donde dejen su trainera.
Porque este mar, que tanto añoro y que deseo,
es verdeazul y traicionero,
y cambia de color por otro más celeste
si el viento es de nordeste,
en cambio el corazón bombea, sin cesar,
la sangre oscurecida del volcán y la pasión
que inunda nuestro cuerpo.

Quiero vivir contigo, mar, mi mar,
y hasta dormir el sueño irrepetible,
y sin final, que tanto añoro y que deseo,
donde las almas se confunden y se juntan,
y hasta pierden su cordura,
bajo el manto protector de las estrellas,
porque paran los relojes, de los astros, su carrera,
y detienen su tic-tac
y los suspiros de la luna ya me llegan
y me alcanzan con sus besos.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/03/15

viernes, 27 de marzo de 2015

CIERRO LOS OJOS...


Cierro los ojos mientras las lágrimas
inician su camino, en ese viaje,
que emprenden sin retorno.
Me duele la ilusión, me duele el alma
y dejo que mi cuerpo se deslice
entre las sombras.

Quisiera que, de pronto, la alegría
inundara el alma nuevamente
y que una chispa de esperanza la alumbrara
y ella fuera la raiz que floreciera
con la nueva primavera.

Analizo los barrotes de mi cárcel
y me veo prisionero de mí mismo.
Son los celos y las dudas,
es el miedo a que el futuro me devuelva
a ese pasado y a ese tiempo transcurrido
que no quiero.

Sin embargo los actores son distintos
y las caras y las manos no responden
a esas otras que dejaron cicatrices en mi alma.
Hoy escucho una palabra diferente
y tengo miedo.
Ya no quiero más palabras y promesas
que no sean las que salgan, de verdad,
del corazón que las pronuncie.

Sé que el mundo no se guía por pretéritos perfectos
y sí acaso condiciona los futuros
y hasta juega y coquetea con mentiras
y con sueños del pasado.
Es la triste realidad que nos rodea.
Es la vida con su carga de inocencia
la que dice que "adelante",
que sigamos nuestros pasos
y avancemos por un mundo calcinado
de mentiras y traiciones,
donde es fácil encontrar lo que no buscas
y embriagarte de pasión para olvidar
que es el Amor lo que persigues
y precisas.

Mientras tanto la fontana de mis ojos
continúa con su lluvia intermitente.
Se me inundan las pupilas por un alma
desbordada de emociones.
Es un grito desgarrado que me sale desde dentro,
que me dice que las sombras atosigan con su avance,
que la noche es más espesa por la bruma
y la niebla que atenaza mis sentidos es profunda
y no precisa de linternas inservibles.

Sin embargo son mis dedos
los que buscan la esperanza,
los que aferran ese clavo tan ardiente
de tus manos,
los que quieren ese roce imperceptible
de tu cuerpo,
de tus brazos, de tus hombros,
de tu cuello y tu cabello,
los que buscan en mis sueños esa dulce realidad
que tantas veces prologamos
y vivimos en silencio.

Y es así porque te quiero sin razón
y el corazón se me desborda, desbocado,
en un galope que me lleva hacia tu lado,
a tomarte entre mis brazos,
a pedirte me perdones,
a decirte que te amo,
y a sentir esa caricia irreverente de tus manos
y a escuchar la tierna frase que,
salida de tus ojos,
deposite en mis pupilas un "te quiero...",
sin palabras.

Rafael Sánchez Ortega ©
22/03/15

miércoles, 4 de marzo de 2015

POR MÁS QUE INTENTE...


Por más que intente rebuscar, en los recuerdos,
ese pequeño trozo de la infancia
donde miraba el cielo, por las noches,
en busca de la luna y las estrellas,
siempre estará la sombra con la bruma,
formando telarañas en el barro.

Ya sé que los recuerdos son pasado y no presente,
que forman unas capas de cebolla que han prendido
en nuestras almas,
y algunas han clavado sus raíces, tan profundo,
llegando al corazón y las entrañas.

Más debo continuar en esta espera
hasta que llegue el tren que veo en la distancia,
para subirme a él casi llorando,
diciendo adiós a un tiempo de la infancia
y juventud ya marchitada y caducada.
Pero el rocío sigue en las mañanas
dejando esa estela inolvidable
en que la escarcha tiembla y se estremece, con nostalgia,
mientras el alba inicia su andadura con el día.

Hay una laxitud en el ambiente,
quizás como el preludio de un adagio de tormenta.
Sin embargo, por encima, está la música celeste.
Esas notas invisibles que llegan hasta el alma
y embriagan los sentidos,
ese latido inconfundible de la vida,
ese rincón maravilloso y lleno de ternura
donde se juntan todos los sentidos
para que una mano llegue y acaricie este teclado.

...Y estás tú también, mi corazón herido,
pensando en una nueva primavera,
deseoso de emprenderla y caminarla,
de verla florecer y pasear por las praderas
en busca de la luz y el colorido.

Seguro que serás un hombre nuevo y renovado,
y también tu corazón florecerá,
con los latidos y el tic-tac, del aire nuevo
que te llegue con la brisa.
En ella encontrarás esos suspiros que te faltan
y los besos deseados que desprenden los almendros.
Entonces temblarás junto a las rosas
y una lágrima impaciente recorrerá
sin prisas tus pupilas.

¡Es el amor!, dirás y así será,
porque tu alma lo desea intensamente.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/02/15

viernes, 20 de febrero de 2015

HAY NOCHES...


Hay noches en que doy vueltas
y vueltas en la cama
y el sueño no acude,
aunque le busco intensamente.
Tengo el cuerpo inundado de pasión y de deseo
y mi sexo confundido en la memoria
y el recuerdo.

Estás, sin tú saber, entre mis brazos.
Tus ojos me persiguen igual que mis pupilas
a tu sombra..
Tus labios saborean ese néctar que se escapà
de los míos.
Tu lengua tiene sed y se contenta con beber
el agua helada de la fuente
que has tomado de una jarra.
Me miras y te miro
y pienso que el invierno se eterniza
y se hace largo.

Ahora puedo hablarte de mis sueños y volar
hasta las nubes y los cielos de tu mano
y puedo caminar por las praderas,
igual que detenerme y repasar
esa figura que conozco de tu cuerpo.

Tú me enseñaste a andar
y caminar por los senderos
y también a correr, y a detenerme,
en esa sinfonía inacabable
que desgranan las mareas.

Hay cierta soledad y mil gemidos
que se emiten y se ahogan en el pecho.

El viento nos revuelve los cabellos.
La lluvia nos los moja y nos acerca mucho más,
sin darnos cuenta.
Encuentro en esa lluvia mil motivos
para ir a dibujarte con mis dedos y así buscar
esa tupida enredadera de tu sexo
y también las margaritas que floren en tus muslos
y por fin esa ternura que destilas en mi nombre.

Si los dioses del Olimpo percibieran que no duermo...
Si supieran que eres tú, con tu existencia,
la causante de mi insomnio...
Es posible que me ataran y atacaran
intentando sonsacarme ese sitio donde vives,
ese número privado del teléfono
y hasta el alma robarían, si pudieran,
intentando suplantarme
y llegar hasta tu puerta a rezar en tu presencia.

Hay noches en que doy vueltas
y vueltas en la cama
y el sueño no acude, como ahora,
porque tú sigues presente en mi recuerdo
y no te sueltas de mi abrazo.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/02/15

domingo, 8 de febrero de 2015

TRASTEO EN LA MAÑANA...


Trasteo en la mañana, en estas teclas,
mientras miro la ventana y más allá,
donde las nubes hoy descargan
la cellisca con la nieve.

Es a ti a quien escribo,
a quien mando estas palabras silenciosas,
a quien digo estos susurros inaudibles
y que llevan mi cariño y mis caricias.

Eres mía y yo soy tuyo
y es así como te veo y me veo en esta escena,
abrazando tu figura y reclinando
tu cabeza entre mis brazos
con tus ojos que me miran e insinúan mil escenas
y me piden que los bese y que los hable,
que les cuente mil historias de piratas y marinos
o si acaso aquellas otras que se inventa mi cabeza.

Sin embargo yo también pido una tregua
y me entrego a ese sueño irrenunciable
que ya sienten las pestañas.
Me acurruco en tu regazo
y hasta busco ese abrazo cariñoso de tus manos,
esa dulce melodía que me dejan esos dedos
que me alcanzan y recorren,
que me buscan y me llaman sin descanso,
que me excitan y me hablan sin palabras
y me dicen que adelante,
que prosiga con mis sueños,
que no ceje en mis poemas y mis versos
y que cubra con mis sueños a los tuyos
y que juntos los transporte a ese bosque
de las hadas y los elfos,
donde todo es poesía y la nieve está presente
con los niños y mayores.

Una dulce chimenea nos espera en la cabaña
y allí vamos.
Nuestras manos van unidas y no quieren separarse.
Nuestros pechos unifican sus latidos,
nuestros ojos ya se buscan nuevamente,
nuestros labios paladean ese beso
que bien sabe les espera
y desean como nada.
Hay amor en nuestras almas,
hay cariño y hay ternura
y una bella melodía nos abraza
y adormece sin remedio.

Es por eso que te digo que te quiero
y que te amo,
y lo hago con un beso y un abrazo en este día
en que quiero que me digas eso mismo
para hacer que tu sonrisa se diluya con la mía
y se junten nuestros labios en un beso inacabable,
hasta amarnos tiernamente,
deteniendo los relojes de la vida
y de los sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
06/02/15