Ibas descalza,
andando por la arena,
junto a las olas.
Mirabas lejos,
quizás al horizonte,
tras las resacas.
Me cautivó.
la eterna interrogante,
del ¿qué buscaba?
Quizás un sueño,
tal vez a una persona
a quien amabas.
Y es que las olas
traían en su espuma
mil ilusiones.
Eran suspiros,
susurros de los cielos
y las estrellas.
...Quise un milagro,
tenerte entre mis brazos
y darte un beso.
Pero el verano
de luz y de colores
ya terminaba.
Seguí mirando
tus pies sobre la arena
que te besaban.
Y deslicé
mis ojos hacia el cielo
pero no estabas.
Todo era un sueño,
pasión de un peregrino,
que agonizaba,
en su verano.
Rafael Sánchez Ortega ©
26/08/25