lunes, 4 de junio de 2012

ME OLVIDÉ DE DECIRTE...


Me olvidé de decirte
que me voy esta noche,
y que parto muy lejos
con mis viejos temores.

Yo no sé donde queda
ese ritmo y acorde,
de la linda gitana
complaciente de escote.

Aún recuerdo sus ojos,
su cabello y su broche,
y las manos tan finas
con sus dedos de joven.

Era bello su pelo
de un moreno del monte,
andaluz de la tierra
su flamenco y tacones.

Yo leía sus ojos,
su mirada sin nombre,
con los versos rimados
de sonrisa y clamores.

Me olvidé de decirte
que me voy a las doce
y también que te quiero
gitanita del norte.

Gitanita divina
yo no soy Don Quijote,
ni tampoco el Tenorio
porque soy solo un hombre.

Un humilde labriego,
castellano y sin mote,
que trabaja sus campos
con arado y con hoces.

Y también soy marino
de trainera y de bote,
y la mar es mi reino
de babor a estribores.

Soy también un soldado,
que no lleva galones,
y que empuña la espada
tras bandera y honores.

Me olvidé de decirte
tantas cosas de golpe,
porque tú retenías
mi mirada de torpe.

La mirada de niño
que se estira y se encoge,
que de día es de fuego
y de noche de adobe.

La mirada que habla
sin que suenen las voces,
y el profundo silencio
es timbal y tambores.

La mirada de plata
con su tierno redoble,
melodía sublime
de la luna de cobre.

La mirada perdida
entre besos y flores,
entre risas y abrazos
de nacientes pasiones.

Me olvidé de decirte,
mi gitana sin nombre,
que tú vienes conmigo,
aunque parta esta noche.

Porque vas en mi alma
con tu porte tan noble,
con tu risa de niña
tu vestido y colores.

Así pues no te duermas,
y contén los rumores,
de esas olas altivas
y los fieros ciclones.

Son galernas que mueren
y también los sudores,
de los dioses del cielo
en profundo desorden.

¡Ay mi niña querida
no me guardes rencores,
por llevarte conmigo
a este viaje sin norte!

Rafael Sánchez Ortega ©
04/06/12

domingo, 3 de junio de 2012

HOY ES UN DÍA GRIS...


Hoy es un día gris y no puedo remediarlo.
Parece que el mundo se hubiera detenido,
que las nubes impidieran el paso de la luz,
que los sentidos quisieran adormecerse
para no ver y percibir lo que les rodea.


Quiero cerrar los ojos y profundamente.
Quiero cerrar el alma a cal y canto e impedir
que la luz de la vida la ciegue y que siga así,
en su mundo de inocencia,
contanto las nubes que pasan
y soñando con muñecos de trapo a los que habla
y comunica sus sentimientos.
Quiero volver a cerrar los ojos y ver en la noche
asomarse a la luna de plata
entre estrellas brillantes,
quiero detener a la estrella fugaz con mi mano
y parar ese tiempo bendito, para allí, en el sueño,
sentir su caricia y su tenue suspiro.


Pero te quiero a ti, vagabunda sin nombre,
que corres y escapas marchando muy lejos.
Y te vas por los cielos tan claros,
por los mares bravíos,
por caminos oscuros y por sendas sin nombre.


Hoy quisiera tenerte más cerca muy cerca,
y quisiera sentir el calor de tu pecho,
esa dulce mirada que habla y se esconde,
esos labios que apenas murmuran y dicen mi nombre,
esos ojos castaños que tanto me dicen
y esa mano de nieve que da y que recibe
sin prisa y sin pausa los toques precisos
que animan el alma.


Hoy es un día gris y no puedo remediarlo.
Parece que el mundo se hubiera detenido,
que tu puerta estuviera cerrada,
que tu lecho vacío y revuelto no sabe de ti
ni tu estado,
que los pájaros cantan y nadie los oye,
y que yo, cuando miro al vacío,
con mi cara de niño, -ya anciano-,
quisiera perderme en el pozo tan negro
que tiende sus brazos.


Rafael Sánchez Ortega ©
03/06/12

HE LLEGADO EN LA NOCHE...


He llegado en la noche
al desván polvoriento,
donde duermen las almas
y también los recuerdos.

Ese mundo perdido
y olvidado del tiempo,
donde todo descansa
y hasta el polvo está quieto.

Hay ollín y cenizas
en los muebles y el suelo,
y también telarañas
en ventanas y huecos.

Una sombra se extiende
como arruga en el centro,
la penumbra es profunda
y no sé lo que veo.

Un peluche de trapo
junto al viejo velero,
un balón y una bici
descansando en silencio.

Y también una mesa
polvorienta de aspecto,
que soporta unos libros
y también un cuaderno.

Al mirarlo sonrío
y sin más me estremezco,
es el libro dorado
y el rincón de mis versos.

Allí fueron escritos
las nostalgias de invierno,
primaveras alegres
y veranos intensos.

Más también reflejaron
otros tiernos sucesos,
cuando vino el otoño
colorido y contento...

...Un suspiro a mis labios
me volvió de mis sueños,
y el desván, donde estaba,
se hizo negro y extenso.

"...He llegado en la noche
al desván que recuerdo,
donde duermen los niños
y sus juegos eternos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
03/03/12

sábado, 2 de junio de 2012

INTENTO TRASPASAR CON LA MIRADA...


Intento traspasar con la mirada
el cerco imperceptible de la niebla,
la causa y la verdad de tus razones
negando al corazón toda evidencia.

Recuerdo aquel momento y no lo olvido,
llegabas con tus ojos de canela,
brillantes y tan llenos de alegría
que hacían que hasta el cielo se rindiera.

Hablamos y juntamos nuestras manos
charlando junto al borde de la acequia,
mezclando nuestras vidas con las aguas,
con garzas, mariposas y cigüeñas.

Soñamos, como sueñan los amantes,
creando fantasías y quimeras,
un mundo de ilusión y fantasía
ajeno a la violencia de las guerras.

Entonces cometió el gran pecado
de hablar el corazón con su torpeza,
no pude contenerlo por más tiempo
y habló con desenfreno por su lengua.

No sé lo que te dijo, no es seguro,
más sé que tú arrugaste las dos cejas,
y un halo de vacío de tus ojos
se vino hasta los míos con tristeza.

Ahora, que recuerdo aquel momento,
contemplo aquella estampa y siento pena,
te tuve tan de cerca en el abrazo
que ignoro donde estuvo mi torpeza.

No sé si en las palabras pronunciadas
carentes de futuro y de promesas,
acaso en los suspiros de mi pecho
un tanto juvenil en su inocencia.

No importa corazón, sé que es pasado,
y el tiempo no lo agita ni lo altera,
tan sólo permanecen los latidos,
resacas de la vida en sus mareas.

Galernas de un pasado que está muerto
y acaso permanece entre las venas,
cual sangre que palpita como un eco
y clama ante el Amor mientras reseca.

"...Intento traspasar con la mirada
un tiempo ya perdido entre la niebla,
entonces comprendí que no me amabas
negando al corazón esa certeza..."
Rafael Sánchez Ortega ©
02/06/12

ESCRIBO PORQUE TENGO MUCHO MIEDO...


Escribo porque tengo mucho miedo
y entonces necesito tu resguardo,
la mano que me acepte sin preguntas
y el beso sin palabras de unos labios.

Escribò para huir de los fantasmas
que llegan y atormentan del pasado,
escenas que no sé si fueron mías
y ahora, al recordarlas, hacen daño.

Escribo para hablar conmigo mismo
por medio del cuaderno y con el diálogo,
allí se representa mi figura
y puedo con mis ojos hoy captarlo.

Escribo mientras tiemblan mis pupilas
y corren muchas lágrimas abajo,
escapan como pueden de mis ojos
y buscan el descanso en tu regazo.

Escribo los poemas y mis versos
y escondo entre los mismos lo que guardo,
la risa y el dolor de mi persona,
la frase agradecida con el llanto.

Escribo de princesas y de hadas,
de bosques y de gnomos encantados,
no digo que suspiro dulcemente
y pienso en las estrellas mientras tanto.

Escribo de marinos y piratas
que luchan con las olas en sus barcos,
sonrío cuando pienso en las sirenas
ocultas en los pliegues de ese trazo.

Escribo para ti, querida mía,
y lo hago firmemente y sin dudarlo,
lo malo es que tu ignoras lo que escribo
y nunca lo tendrás entre tus manos.

Escribo las palabras que me llegan
y salen desde el pecho en mil pedazos,
cristales de un pasado ya caduco
y huyendo de ese mundo tan kafkiano.

Escribo como antaño, ante el cuaderno,
plasmando el sentimiento más amargo,
la eterna melodía del poema
del alma y el poeta enamorado.

"...Escribo porque tengo mucho miedo
y sé que necesito de tu abrazo,
más quiero que se quede en el cuaderno,
el grito que se ahoga entre mis labios..."

Rafael Sánchez Ortega ©
02/06/12

viernes, 1 de junio de 2012

PENSABA EN TI...




Pensaba en ti, como hago a cada rato, 
recordando tu sonrisa tan preciosa, 
el cigarro entre tus dedos 
y esa voz entrecortada que encandila y embelesa.


Y lo hacía mientras miraba en la ventana 
cómo vuela una gaviota, 
cómo lucha con el viento, 
cómo sube y se desliza por el aire 
cual si fuera una caricia que resbala de los cielos.


Aún recuerdo la sonrisa de tus labios tan graciosa, 
esa luz que desprendía tu mirada, 
ese brillo inmaculado de tus ojos, 
ese pelo tan bonito que bajaba por tu espalda, 
ese seno, que incipiente, se mostraba 
tan sensual y tan hermoso.


Y te recuerdo en tu partida y en mis lágrimas, 
el sabor tan agridulce de aquel beso que nos dimos, 
el abrazo compartido e interminable 
de una tarde que no olvido, 
el suspiro que desjaste entre mis labios 
y el susurro de los míos con un grito y con tu nombre.


...Y así pensaba en ti, ahora, como siempre, 
como ayer y seguro que mañana, 
porque vives en mi alma y en mi sangre, 
porque trato de domar el deseo y el dolor que llevo dentro 
y no quiero que lo sepas, 
ya que te amo y te amaré como nunca había amado, 
aunque sigas ignorante de mis pasos, 
aunque marches a regiones muy remotas, 
aunque vivas y aunque ames a otras gentes y personas.


Pensaba en ti, lo reconozco, 
y al recordarte nuevamente mis ojos se nublaron 
y no pude reprimir este suspiro.


Rafael Sánchez Ortega ©
01/06/12

UN MURMULLO DE LIRIOS Y JAZMINES...


Un murmullo de lirios y jazmines
dejaba con sus labios el silencio,
era el soplo liviano de la brisa
llegando revoltosa con sus besos.

Era el aura de luz y colorido
que recogen las nubes en los cielos,
y las mandan sin más a las retinas
de los hombres que guardan sus recuerdos.

De los niños que apenas se despiertan
y que van con los libros al colegio,
a indagar en el mundo de la vida
y aprender sus respuestas con recelo.

Un murmullo de rosas y azucenas
trazaba con tic-tac el segundero,
parecía que el tiempo se paraba
y volvían las nieves del invierno.

Era el acre perfume del salitre
que llegaba del mar con tanto anhelo,
emulando el sudor de los amantes
retirando las sábanas del lecho.

De ese lecho de mar y de corales
donde el hombre trabaja con esmero,
y los niños le siguen complacidos
a través de relatos del abuelo.

Un murmullo de sedas y de tules
dejaba escalofríos en los dedos,
era el viento rasgando los vestidos,
el nordeste y señor de los deseos.

Era el beso que piden las entrañas,
la pasión contenida en unos versos,
es el soplo que llega vacilante
y que calma la sed y los anhelos.

Esa sed que reclaman los sentidos
porque están más allá de los desiertos,
con el sol que les quema y les abrasa
y atenaza sus pasos y sus cuerpos.

"...Un murmullo de rezos y violetas
paraliza el camino de los cuerdos,
porque viven de espaldas a la vida
en un mundo de sueños y de cuentos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
01/06/12