jueves, 2 de diciembre de 2010

ENTRE NUBES Y LLUVIAS DE OTOÑO

Entre nubes y lluvias de otoño
simplemente contemplo el silencio,
él me abraza y me besa con fuerza
y atenúa mis débiles sueños.

Estoy triste y me ciega la lluvia,
de mis ojos perdidos y viejos
se desprenden dos perlas sencillas
que se marchan sin más a los suelos.

Un suspiro se escapa del alma,
un latido se ahoga en el pecho,
pero sigue cayendo la lluvia
de las nubes que van por el cielo.

Hay galernas que rugen y vienen,
temporales pasados con ecos,
de otros tiempos quizás retenidos
con profundos y oscuros secretos.

Yo quisiera soltar las cadenas,
las amarras de lastres y cepos,
y sentir esa brisa profunda
que estremezca mi piel y mi cuerpo.

Pero sigo sintiendo la lluvia
y mirando a la nube muy lejos,
y mis lágrimas siguen rodando
mientras buscan la paz de los muertos.

Yo te busco silencio absoluto,
y te digo que sí, que te quiero,
que renuncio a seguir en la vida
de placeres y vicios perversos.

Una noche escuché una campana
y temblé como un niño despierto,
sin saber que era el grito apagado,
un gemido, sin más, y un lamento.

El lamento del niño perdido,
el gemido, tal vez, de los ciegos,
los que buscan la paz de las almas
más allá del amor y el deseo.

"...Yo quisiera por eso, ser nube,
y dormirme a tu lado sin miedo,
y sentir el embrujo que llevas
y abrazarte, mi amado silencio..."

Rafael Sánchez Ortega ©
02/12/10

miércoles, 1 de diciembre de 2010

LO MEJOR DE MI VIDA...

Lo mejor de mi vida
ha pasado sin gloria,
ha pasado deprisa
como el alba y la aurora.

Atrás quedan recuerdos
y también unas rosas,
con sus pétalos dulces
que besaron su boca.

Y unos labios ardientes
los recuerda y añora,
este alma de niño
en los sueños que evoca.

Porque fue entre la arena,
con la playa y las olas,
donde allí me encontraste
admirando la costa.

Por el cielo pasaba
una nube curiosa,
la gaviota divina
que veló nuestras horas.

Ahora sueño despierto,
mi presente se agota,
voy contando los días
con mis dedos sin forma.

Yo sé bien que el camino,
que me queda, se acorta,
que se acaba el billete
y el invierno me asola.

Cuando miro al futuro
veo luces y sombras,
veo nieblas oscuras
y ciudades sin fondas.

Veo casas vacías
y tendales sin ropas,
y la brisa que llega
me atenaza y ahorca.

Pero siento tu pecho
que latiendo me añora,
y adivino tu risa
tu diadema preciosa...

"...Lo mejor de mi vida
está en versos y coplas,
que trazaron tus dedos
con tu paz deliciosa..."

Rafael Sánchez Ortega ©
01/12/10

martes, 30 de noviembre de 2010

VEN CONMIGO COMPAÑERO...

Ven conmigo compañero,
hasta el campo de batalla,
no te asuste lo que veas,
son rescoldos de la lava.

Son heridas de los hombres
que lucharon hasta el alba,
y perdieron sus amigos
y lloraron por su marcha.

Son las huellas de unos seres,
que descalzos caminaban,
por los páramos desiertos
que conducen a las almas.

Es la sangre detenida,
son las venas desgarradas,
es el grito reprimido
que se ahoga en la garganta.

Es un cuadro surrealista,
todo esto que se narra,
pero quiero que lo veas,
que lo sientan tus entrañas.

Ven conmigo compañero,
hay un campo en lontananza,
donde crecen amapolas
entre ortigas y entre armas.

Hace tiempo, mucho tiempo,
que las armas ya descansan,
y los huesos calcinados
se quedaron sin palabras.

Se quedaron con los olmos,
y la lluvia que llegaba,
se pudrieron en el fango
las promesas tan sagradas.

Ahora miran hacia el cielo
los gorriones en las ramas,
pero arriba, entre las cumbres,
paseando están las águilas.

Hay carroña por el valle
y la nieve en la montaña,
hay un niño que suspira
y que toca la campana.

Ven conmigo compañero,
hay un campo con sus ánimas,
que yo quiero que lo veas
y te empape de su sabia.

Es aquí, con la derrota,
donde quiero tu templanza,
y que aprendas de la vida
sus sabores y añoranzas.

Hay marinos en sus barcos,
labradores con su azada,
escribanos con su pluma,
sacerdotes con sotana.

Hay mujeres que madrugan
con su cesto a las espaldas,
que laboran los pajares
y los campos y las cuadras.

Pero hay hombres con su boina,
su cigarro y la petaca,
arrancando de los suelos
esa sangre tan preciada.

Ven conmigo compañero
hay un campo que te aguarda,
con sus risas y sus llantos,
con su gloria y su desgracia.

Ese campo tiene un nombre
y tú sabes quien lo llama,
es el grito que a la tierra,
da mi vida y da mi alma.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/11/10

lunes, 29 de noviembre de 2010

ACOSTUMBRADO AL BESO Y LA CARICIA

Acostumbrado al beso y la caricia
sentía que se ahogaba por un beso,
un beso simplemente de sus labios
que luego dormiría con el viento.

Pero ahora que se hallaba desterrado
buscaba su pasado en el recuerdo,
la dura travesía de la vida
la dura soledad y hasta el desierto.

Tomaba con sus manos la ceniza,
buscaba los rosales del inverno,
miraba por los fríos ventanales
la nieve con la escarcha, junto al hielo.

Pero también notaba aquella falta,
el beso tan ansiado con el rezo,
la mano que rozaba sus mejillas
los dedos que alisaban a su pelo.

La soledad, venía en la respuesta,
era la voz oscura del silencio,
sin flores ni caricias y sin nada
llegando hasta su lado como un eco.

Un eco silencioso y sin palabras,
un eco solitario y sin el beso,
la eterna sinfonía deseada
la mano portadora de lo eterno.

Un suspiro mandado en la distancia
llegaba tan cruel como el acero,
venía con la carga dolorosa
que dejan los oscuros pensamientos.

Aquellos que soñaron tantas tardes
los ojos que miraban a lo lejos,
en busca de la imagen y figura
soñada en los rincones del cerebro.

La soledad seguía con su abrazo,
sentía su tenaza y los anhelos,
tenía sed ardiente y cegadora,
sus labios musitaban balbuceos.

Para al final decirse que no es justo,
que todo es irreal, y este tormento
es fruto del amor y del cariño
nacido y compartido, que ya ha muerto.

¡Oh tierno corazón, detén tu marcha!,
tus pasos se encaminan al infierno,
por culpa de ese néctar que has bebido,
¡la pócima fatal, de tu destierro!

Rafael Sánchez Ortega ©
28/11/10

sábado, 27 de noviembre de 2010

HE CREÍDO PRUDENTE EL SILENCIO...

He creído prudente el silencio
y escuchar su sonido en la noche,
se murmuran silentes palabras
y me llegan calladas las voces.

Pero todo es silencio en el pecho,
hay susurros que prestos se esconden,
como gotas llorosas del cielo
que la lluvia regala sin orden.

Soledad es la eterna palabra
y el silencio su amor y su cómplice,
yo te abrazo silencio profundo
como abrazan los niños las flores.

Me responden calladas las sombras
las que dejan las ramas del roble,
las que estiran sus pasos la luna
más allá de la estepa y el bosque.

Hasta el potro que pasa despacio
interrumpe sin más su galope,
y el venado que baja hacia el río
va despacio buscando su norte.

Una urraca se posa en el haya
y el silencio de pronto se rompe,
es el buho que lanza sus gritos
la lechuza llamando a los hombres.

Y de pronto quizás me estremezco
pues escucho en silencio las doce,
es la calma que llega axfisiante
como niebla que abriga y que rompe.

Yo quisiera romper el silencio
y alterar su tupido desorden,
y quisiera fundirme en sus labios
y sentir junto a él mis canciones.

Pero todo es silencio sin pausa,
el que suena cual música acorde,
el que grita y que gime en silencio
y a mis labios pregunta y responde.

"...He creído prudente el silencio
y ha calmado el volcán sus pasiones,
ya la lava recorre mis venas
y la sangre pronuncia tu nombre..."

Rafael Sánchez Ortega ©
27/11/10

viernes, 26 de noviembre de 2010

QUIZÁS EN UN MOMENTO DE LOCURA...

Quizás en un momento de locura
alcance con mis sueños las estrellas,
o puede que la fiebre y calentura
confunda las estrellas por centellas.

Es fácil que si pierdo la cordura,
persiga los recuerdos y las huellas,
la proa de la antaña singladura
en forma de batallas y epopeyas.

La voz de la cordura va adelante,
y grita con un grito desgarrado,
pidiendo de tus labios ese beso.

Te paras con tu paso vacilante,
mirando con amor al ser amado,
y besas a su labio tan travieso.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/11/10

jueves, 25 de noviembre de 2010

NO QUIERO PALMADITAS EN LA ESPALDA...




No quiero palmaditas en la espalda
ni abrazo que no sea verdadero,
prefiero que me den una guirnalda
envuelta con cariño muy sincero.

Recuerdo aquella tarde en la Giralda,
tus labios susurraron un "te quiero",
llegabas tan preciosa con tu falda
y el rostro arrebolado de salero.

De pronto me abrazaste intensamente,
no supe responder como quería,
y luego te marchaste con el viento.

Hoy huyo del cariño tan ardiente,
pues creo que el amor es cada día
la forma de expresar un sentimiento.

Rafael Sánchez Ortega ©
25/11/10