sábado, 19 de junio de 2010

LA CAÍDA

Caer, caer, caer sin pausa,
la lluvia cae así, constantemente;
no sólo cae la lluvia de los cielos
también blanquea el pelo de las sienes.

Las hojas caen, al suelo en el otoño,
y van al mar, su lecho siempre verde,
dejan atrás los bosques y los ríos
y la manzana que diera la serpiente.

Cayó también con ella la inocencia
para llenar entonces de placeres,
el corazón ansioso de los hombres
y la virtud velada en las mujeres.

Los hombres viven, caen y se levantan,
en esa marcha lenta hacia la muerte,
van desgranando miles de suspiros
mientras buscan los labios que les besen.

Sigue cayendo, el tiempo día y noche,
sigue manando el agua de la fuente,
hay una unión de tierra y de semillas,
hasta lograr el fruto de los vientres.

Entonces cae el niño de su limbo,
se rompe la placenta dulcemente,
se vierte el contenido de la vida
a ese cuerpecito que ahora duerme.

También se caen los jóvenes amantes
y caen en trampas de amores muy ardientes,
en la caída, arrastran hacia el barro
la inocencia donada y que ahora muere.

Uno tras uno se marchan los ancianos,
se caen así del mundo de los fuertes,
porque la vida pasa, castiga y no perdona,
a pesar de que brillen los laureles.

Hablar entonces, aquí, de las caídas,
es a la vez caer en la corriente,
es recoger imágenes y estampas
para llevar al labio que se alegre.

Para buscar el beso y el abrazo,
que caigan a los míos y los llenen,
en la canción quizás desesperada
hallada muchas noches, en los viernes.

Más tengo que partir, ya cae la tarde,
la noche se presenta irreverente,
el tiempo de los sueños es pasado,
lo cubre ya la vida que es muy breve.

La vida de caída tras caídas,
la vida que pasamos y no vuelve,
la vida que soñamos siendo niños
la misma en que nos aman y nos quieren.

Rafael Sánchez Ortega ©
18/06/10

viernes, 18 de junio de 2010

EN UN RINCÓN DEL ALMA

En un rincón del alma
guardaba una sorpresa,
en forma de caricia
robada a las estrellas.

No sé por cuánto tiempo
estuvo allí tan quieta,
durmiendo en blando lecho
soñando con su entrega.

Un día, cabizbajo,
llegué hasta la ribera,
soplaba el fiel nordeste,
subía la marea.

Te vi junto a la orilla,
estabas más bien quieta,
mirando al horizonte
con lágrimas inquietas.

Un nudo en mi garganta
sentí al ver esas perlas,
bajando por tu cara,
rodando a tu pechera.

Entonces un suspiro
soltaron las sirenas,
llenando de canciones
los muelles y tabernas.

Un viejo marinero
fumando se te acerca,
te mira muy despacio,
menea la cabeza.

Él sabe lo que pasa,
al alma que está presa,
padece mal de amores,
la joven tan coqueta.

Me quedo con la brisa,
con ella y tu presencia,
sintiendo los latidos
de mares y leyendas.

Tú miras a lo lejos,
ingoras que estoy cerca,
aspiro tu perfume
me embriago con su esencia.

Te miro muy despacio,
y hago que te vuelvas,
tú mires a mis ojos
y en ellos te recreas.

Percibes lo que dicen,
los versos que ellos llevan,
las letras tan nerviosas
que forman el poema.

Allí dice te quiero
la sangre de mis venas,
allí están las caricias
los besos y promesas.

Allí están contenidas
las aguas de la presa,
los diques del pantano
del niño que te observa.

"...En un rincón del alma,
guardaba una sorpresa,
los versos de mi pecho
que amaban sin reserva..."

Rafael Sánchez Ortega ©
18/06/10

jueves, 17 de junio de 2010

HE VISTO...

He visto como dormían
las estrellas en el lago,
como cerraban sus ojos
en un profundo letargo.

He visto llegar al viento
y cubrirlas con su abrazo,
susurrando en sus oídos
el mensaje que las mando.

He visto venir las olas
a la playa sin descanso,
en esa eterna cadencia
de rumores y de pasos.

He visto, como sin prisa,
la resaca iba llegando,
con el salitre y las algas
para mecer a los barcos.

He visto llorar al cielo
y mandar a los pantanos,
esas gotas caprichosas
que las nubes van formando.

He visto como sus lágrimas
caen al suelo y forman charcos,
mientras los hombres las pisan
sin saber lo que han pisado.

He visto pasar al ciervo
por el bosque y por el claro,
entre las hayas y el roble
tan esbelto y tan osado.

He visto como rumiaba
impaciente por los pastos,
como bajaba hasta el río
a reponer su cansancio.

He visto como la luna
arropaba en su regazo,
los pensamientos cautivos
que mandaban los humanos.

He visto mil oraciones,
mil suspiros en sus brazos,
mil te quieros retenidos
mil promesas y un te amo.

He visto esas cinco letras:
una te, una e y un espacio;
una a, una eme y una o
y con ellas lo que mando.

...Y he visto así, simplemente
lo que siento y lo que guardo,
al reflejarse en tus ojos
tantos besos que te he dado.

Rafael Sánchez Ortega ©
17/06/10

miércoles, 16 de junio de 2010

HE BUSCADO EL AMOR BAJO LA LLUVIA

He buscado el amor bajo la lluvia
y encontré unas perlas y diamantes,
eran gotas del cielo simplemente
con el agua bajando su mensaje.

Es cierto que el amor es muy esquivo
que surge de las almas y que nace,
que inunda los sencillos corazones
y luego se confunde con el aire.

Es cierto que los hombres tienen sueños
y mezclan fantasía y realidades,
y es cierto que a lo largo de la vida
encuentren ese sueño que les falte.

Pero yo, que he salido a la ventana,
he buscado la lluvia por las calles,
y con ella el amor y al ser amado
para ir a vivir tras los cristales.

Allí afuera hay un mundo diferente,
una vida esperando que la palpe,
el latido del pecho desbocado
y el abrazo y el beso con la frase.

Una frase que acalle las palabras
y que diga tan solo lo que sale,
que el amor y la lluvia están unidos
y que van en el alma del amante.

¡Que sencillo es hacer con unos versos
melodías y juegos malabares!,
¡Qué difícil buscar bajo la lluvia
esas gotas de néctar admirables!

Los poetas se escapan de los sueños
y prefieren los lagos con el baile,
a pesar de la lluvia tan molesta,
y a pesar de que suenen solo valses.

Pero amar y bailar con quien te ama,
soportando la lluvia que renace,
es sentir que estás dentro de la vida
y que tienes un tiempo por delante.

Un tiempo para amar y ser amado,
un tiempo sin heridas ni puñales,
un tiempo simplemente compartido
uniendo fantasías y verdades.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/06/10

martes, 15 de junio de 2010

DESDE EL RINCÓN OSCURO DE MI ALMA




Desde el rincón oscuro de mi alma
elevo una oración hacia lo alto,
al cielo con sus sombras generosas
al lecho que he buscado sin descanso.

Seguía tristemente a las estrellas,
buscando su reflejo paso a paso,
había mil luceros que brillaban
y otros que pasaban como un rayo.

Entonces, del baul de los recuerdos,
llegaban los instantes del pasado,
los unos de alegría y de jolgorio,
los otros de penurias y de llanto.

Quizás por eso miro hacia los cielos,
y busco lo que tanto me han negado
la vida, con los años transcurridos,
la estela de ese norte con su faro.

Soy barco sin patrón ni tripulantes
y llevo mi timón encarenado
sujeto con los besos de la brisa
que envía el fiel nordeste con sus labios.

Por eso me deslizo por los mares,
y siento los suspiros que han dejado,
marinos y sirenas en las noches
unidos fuertemente en un abrazo.

Hay mitos y leyendas que perduran
y otros que perviven en los cuadros,
en páginas perdidas de la historia
y en mentes de poetas y borrachos.

Se busca desde el alma la respuesta,
a tanta interrogante que ha creado,
el hombre preguntando día a día,
el cómo y el por qué, sin saber cuándo.

Sonrío mientras dejo en estos versos
las letras con las huellas de mis trazos,
quizás son esos signos ilegibles
que surgen con el paso de los años.

Deliro, ya lo sé, delira el alma,
surgiendo de su fondo tanto barro,
y elevo la oración hacia los cielos
tratando que perdonen mis pecados.

"...Desde el rincón oscuro de mi alma,
te busco desde el alba hasta el ocaso,
y rezo a ti, mi Dios irreverente
pidiendo que me lleves a tu lado..."

Rafael Sánchez Ortega ©
15/06/10

lunes, 14 de junio de 2010

UN LIBRO QUE SE CIERRA SUAVEMENTE

Un libro que se cierra suavemente,
una hoja quizás inmaculada,
una gota de agua en el desierto
un proyecto de vida y esperanzas.

Es así como vemos nuestras cosas
y también como salen nuestras lágrimas,
al notar que los años van pasando,
y se van consumiendo las mañanas.

Sin embargo se olvida la tristeza
porque el tiempo prosigue y no se acaba,
es la sangre y semilla de tu sangre
la que toma el relevo de tu carga.

Muchos sueños rondaron la cabeza,
muchas notas venidas de mil arpas,
y también aquel tiempo y sus espacios
en que fuiste feliz sin saber nada.

Más ahora que asumes tu camino,
llevarás en tus hombros una carga,
la legada de abuelos y de padres
y que tú la recojes sin dudarla.

Es a ti, caminante vacilante,
a quien hoy le dirijo mis palabras,
no son versos ni letras de un poema,
es volcar lo que pasa por mi alma.

Y te digo que si, que nunca dudes,
que camines y lleves tu alianza,
a ese puerto bendito de los dioses
donde hombres y ancianos ya descansan.

Porque tú que has tomado ese relevo,
sentirás, como brisa bien templada,
ese beso que llega de los cielos,
para ir a los brazos que te aguardan.

Allí tienes los cientos de promesas,
y también una vida en sus entrañas,
para unir ese soplo y el aliento
y escuchar un gemido en la distancia.

Un gemido que llene de alegría
al hogar que te sirva como casa,
y te inunde de paz y de sosiego
al sentir esa sangre que te llama.

Hay un libro cerrado el día doce
y tus letras comienzan otra página,
la del libro sagrado de una vida
continuando la obra inacabada.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/06/10

sábado, 12 de junio de 2010

SIN PATRIA, SIN DESTINO...

Sin patria, sin destino ni equipaje,
marchaba desterrado hacia la nada,
llevaba simplemente sus harapos
y un báculo gastado con su manta.

Levantaba ese polvo del camino,
y con él los recuerdos y añoranzas,
del pasado nostálgico y presente
que le hacían pararse de su marcha.

¡Pero no, no podía detenerse!,
su futuro y su norte le llamaban,
a pesar de raíces muy profundas
que quedaban atrás, en sus espaldas.

Caminaba sin rumbo definido
y a la vez con paciencia sorteaba
esas piedras y baches del camino,
abundantes en pisos y calzadas.

¡Es la vida!, decía en un susurro,
a la brisa que llega hasta su cara,
es la vida que pone zancadillas
a los hombres valientes que luchaban.

Los cobardes se quedan condenados
a vivir en el fuego, con las llamas,
a sufrir y llorar eternamente
añorando laureles y esperanzas.

Sin embargo los hombres decididos,
los que rompen banderas y guirnaldas,
los que dan ese paso hacia adelante,
ganarán, sin saberlo, las batallas.

Son los hombres que van a su destino,
a buscar las respuestas y la calma,
a escuchar como balan las ovejas
y las olas que cantan en la playa.

Es por eso que van con lo preciso,
con el traje tan sólo de su alma,
aunque tenga ese traje mil harapos
y remiendos de ropa muy usada.

Puede ser que algún día se despierten
y la meta se encuentre tan cercana,
que la toquen los dedos de sus manos,
y que duerman por fin, en dulce cama.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/06/10