martes, 7 de abril de 2015

SUSPIRAR...



Suspirar...

Y sacar a los labios el aire y la nostalgia,
concentrando los silencios por orden númerico
y de mayor a menor antiguedad,
aceptando la realidad,
y marcando las prioridades de este día,
uno más del recorrido,
y uno memos para llegar a la meta.

Suspirar...

Y contar las escaleras de la calle
mientras subo hacia el trabajo:
"una dos, tres..."
Respiro y me detengo buscándo una metáfora
que me dé la explicación de lo que hago:
"treinta y una, treinta y dos, treinta y tres..."
la higuera se me escapa de las manos,
las flores del almendro ya despuntan,
la sombra del ciprés
se enreda con la hiedra de la tapia
mientras el nordeste deja un beso entre sus ramas:
"sesenta, sesenta y una, sesenta y dos..."
hay puertas invisibles en las tapias
y ventanas que no veo
y las percibo y las preciso
con la luz que me hace falta:
"setenta y nueve, ochenta y ochenta y una",
¡al fín...!

Suspirar...

Y recuperarse un poco del cansancio
dejando atrás castillos y mil sueños del pasado.
El invierno ha corrido su velo,
y también ese trago del frío amargo
que ahora quema el veneno, en las entrañas.
Ya no lloran los ojos, porque dentro,
en el alma, se destroza el silencio,
desgarrado entre nieblas y brumas
y no atinan los dedos a quitar esos días
pasados, y esos meses de la página fiel,
del feliz calendario.

Suspirar...

Y mirar por la ventana el cielo gris,
de este día cualquiera,
mientras los dedos juegan con el teclado del pc
tratando de hilvanar unas palabras,
y el pensamiento vaga, difuso,
con tu presencia tan cercana y tan distante.

Suspirar...

Y seguir caminando,
avanzar ya de nuevo con la lluvia y el sol
a través de la niebla y la noche,
al compás de los días sin nombre,
entre rosas y cardos,
donde nacen y mueren los sueños,
porque tú, "primavera sin rumbo",
has venido hasta aquí, de repente,
arrancando la nota silente de un arpa
y acallando la voz de un invierno,
marchito y helado,
y has venido a traer alegría a las almas.

Suspirar...

Y añorar la pasión del futuro verano.

Rafael Sánchez Ortega ©
01/04/15

lunes, 6 de abril de 2015

UN POEMA PERDIDO...


Un poema perdido
se ha quedado olvidado
y no sé donde está
ni tampoco sus pasos.

Olvidé su destino
y su vuelo temprano,
eran alas sin nombre
por encima los campos.

Como un dulce cometa
de colores variados,
así fueron los versos
por el mundo a contarlos.

Y llegaron a pueblos,
a ciudades y barrios,
y hasta aldeas remotas
con silencios dorados.

Y ese nuevo poema,
el de trazos extraños,
se marchó sin saberlo
y voló de mi lado.

Ahora busco sus letras
y los versos rimados,
pues no sé su argumento
ni el color de sus labios.

He revuelto cajones,
papeleras y sacos,
he mirado en esquinas
sin ningún resultado.

Al final es el cielo,
con su gris tan amargo,
quien me llama y me dice
dónde está mi regalo.

El poema silente,
el de versos preclaros,
un suspiro del alma
a tus labios amados.

Así son esos versos
que perdí no sé cuando,
y no importa el destino
que le dieron mis manos.

Ahora sé que el mensaje
a tu pecho ha llegado,
porque claman tus venas
por el verso añorado.

Por la voz que susurra
de ese niño que hablo,
que perdió la inocencia
una tarde de mayo.

"...Un poema perdido
se marchó de mi lado,
y lloraron mis ojos
al poder rescatarlo..."

Rafael Sánchez Ortega ©
31/03/15

domingo, 5 de abril de 2015

LAS NUBES HOY SON GRISES...


Las nubes hoy son grises y sin humo,
parece poesías incompletas,
un triste panorama cubre el cielo
y deja con nostalgia a las traineras.

Los hombres se acomodan en los muelles,
se miran con sus cejas tan inquietas,
allí, donde se esconden las pupilas,
la fuente y la ilusión que tanto esperan.

Parece que está triste la jornada,
augura temporales y galernas,
quizás para poner el contrapunto
que anule las sonrisas y las fiestas.

Semana de dolor y de alegría
en este nuevo abril que ya despierta,
semana de ilusión y de esperanza
con nubes insensibles y diversas.

Hay niños que disfrutan en el parque,
parejas de la mano en las callejas,
el triste solitario que murmura
y el joven con su cámara dispuesta.

Las chicas con su paso vacilante
caminan poco a poco muy coquetas,
el móvil en sus manos y sus dedos
pulsando sin cesar aquellas teclas.

La vida continúa, en nuestro entorno,
en medio del clamor y de la acera,
se dicen y murmuran muchas cosas
que puede que, al final, no sean ciertas.

Un "fino" se desliza entre los labios,
el líquido sutil de cada feria,
que acerca los vapores a la sangre
y alegra las semillas de la tierra.

"...Las nubes hoy son grises y, sin humo,
nos dejan esa estela de tristeza,
la eterna sensación que, los amantes,
evitan con sus besos y poemas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
30/03/15

sábado, 4 de abril de 2015

MI VIDA...


Mi vida se termina en un latido
y siento la nostalgia de este viaje,
se acaba y se termina el sinsentido
de andar y de vivir sin equipaje.

Mi vida es un presente, interrumpido,
y tengo que pagar ya mi peaje,
no importa el corazón que, confundido,
aguanta el vendaval y el oleaje.

Mi vida está acabando y, soy consciente,
que muere el corazón y la mirada,
ahogando la razón completamente.

Mi vida es una rosa marchitada,
un verso de un poema diferente,
y un alma malherida y asustada.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/03/15

viernes, 3 de abril de 2015

ADMIRO...


Admiro la quietud de las farolas,
los bancos silenciosos en el parque,
la triste soledad de las iglesias
y el canto que destilan los misales.

Admiro la blancura de los días,
la luz que nos alumbra por las calles,
el vuelo, sin palabras, del cometa
y el canto irreverente de las aves.

Admiro a las gaviotas en su vuelo,
las copas sinuosas de los árboles,
las nubes con sus formas caprichosas
y el río que se pierde por el valle.

Admiro la paleta del artista,
los dedos con primor, tan singulares,
la eterna calidez de sus sentidos
y el sello inconfundible de su sangre.

Admiro la altivez del camposanto,
la sombra del ciprés que es para nadie,
los rezos que retornan con el eco
y el dulce escalofrío de la tarde.

Admiro la fontana cantarina,
el grifo con el agua tan potable,
la gota que se pierde en el remanso,
y el vaso que se apura en un instante.

Admiro los ojitos soñadores,
los labios que susurran unas frases,
las manos que acarician con ternura
y el seno que palpita bajo el traje.

Admiro la pasión de los sentidos,
deseos con locuras que renacen,
los cuerpos que se juntan a los cuerpos
y hay almas que desean ser amantes.

"...Admiro a los poetas que, en sus letras,
condensan todo esto en pocas frases,
nos llevan con su magia y maestría
a un mundo de ilusión interminable..."

Rafael Sánchez Ortega ©
29/03/15

jueves, 2 de abril de 2015

ES DIFÍCIL ROMPER LAS ATADURAS...



Es difícil romper las ataduras
que ligan a las almas a la tierra,
sus lazos invisibles de ternura
contienen sensaciones muy diversas.

Hay unas que se pierden en el tiempo
y acercan el aroma con tibieza,
y hay otras más recientes todavía
cubiertas de amapolas y de fresas.

Se vive encadenado, muchas veces,
por culpa de recuerdos y promesas,
que entrañan compromisos del pasado
en forma de nostalgias encubiertas.

Por eso se mantienen esperanzas
que dictan los sentidos hacia ellas,
gaviotas con su vuelo muy pausado
y versos que querían ser poemas.

Los hombres precisamos sensaciones,
latidos con palabras y respuestas,
pupilas que nos miren a los ojos
y labios que suspiren muy de cerca.

Se rompe el corazón, en muchas tardes,
y en noches de ternura, tan eternas,
que incluso la pasión, siempre a desmano,
declina la ocasión de su presencia.

Las olas cantarinas acompañan
dejando su murmullo por la arena,
sus trenzas que se estiran caprichosas
nos dejan mil susurros y leyendas.

No importa el soñador que las observe,
escriben la canción de las sirenas,
resacas a los dedos temblorosos
del hombre espectador y del poeta.

"...Es difícil romper las ataduras
nacidas  del amor en la conciencia,
el lazo del cariño es tan eterno
que ahonda sus raíces en la tierra..."

Rafael Sánchez Ortega ©
28/03/15

miércoles, 1 de abril de 2015

PARECE...



Parece que es el mar quien habla,
quien nos habla,
y me parece estar escuchando a las olas,
en su lenguaje lleno de pasión y de lujuria,
pero a la vez tan lleno de sensualidad
y de cariño,
porque sus caricias son como abrazos silentes
y esos roces, sin nombre, que las olas
dejan en la orilla de la playa
cuando nos ofrecen su salitre.

Quiero gritar sin miedo hasta el delirio, mar,
y emborracharme siempre con tu nombre
hasta sentir tus labios por mi cuerpo.

Pero es el mar, mi mar, el que susurra,
el que acaricia dulcemente con el beso
de la brisa,
el que nos deja ese salitre, tan ardiente,
entre los labios,
y el que nos hace recordar,
y hasta añorar, aquellos tiempos
de la infancia, ya pasados.

Quiero volver a ti, mi mar,
sin esos miedos ni temores,
ausente de grilletes y cadenas,
para nadar y navegar, eternamente,
por tus aguas.

Pero sé muy bien que, afuera, nos esperan
galernas y ciclones, que confluyen en tormentas,
tormentas y peleas de la vida contra el cielo,
del cielo contra el mar,
del mar contra la costa,
y del hombre, con su alma desgarrada,
suplicando que se acabe este tormento
y que pueda navegar hasta, alcanzar,
las ensenadas, de ese nuevo paraíso,
que le ofrece el horizonte en lontananza.

Quiero soñar contigo, mar,
y emborracharme de tu sal y tus leyendas,
quiero vibrar, de nuevo, como antaño,
ante el rumor preciso y cantarino de tus aguas
llegando hasta la playa,
quiero sentir la mano, que invisible,
me recorra con sus dedos por mi cuerpo
y me haga estremecer, sin darme cuenta,
en este sueño.

Pero es el mar el que me habla y quien murmura,
el compañero fiel e inseparable de mis días y mis noches,
y me dice que "adelante",
que empuñe nuevamente bien los remos
y bogue sin descanso,
que apure los dolores del esfuerzo
y vea que el destino está cercano,
que escuche a las gaviotas cantarinas
y sienta su presencia tan cercana,
pues buscan, el descanso
y la comida del buen puerto,
igual que los marinos ese atraque,
donde dejen su trainera.
Porque este mar, que tanto añoro y que deseo,
es verdeazul y traicionero,
y cambia de color por otro más celeste
si el viento es de nordeste,
en cambio el corazón bombea, sin cesar,
la sangre oscurecida del volcán y la pasión
que inunda nuestro cuerpo.

Quiero vivir contigo, mar, mi mar,
y hasta dormir el sueño irrepetible,
y sin final, que tanto añoro y que deseo,
donde las almas se confunden y se juntan,
y hasta pierden su cordura,
bajo el manto protector de las estrellas,
porque paran los relojes, de los astros, su carrera,
y detienen su tic-tac
y los suspiros de la luna ya me llegan
y me alcanzan con sus besos.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/03/15