martes, 31 de agosto de 2010

RECORDABA TU CARA

Recordaba tu cara
tu mirada y figura,
de otro tiempo lejano
que quedó en la penumbra.

Hoy la niebla se aparta
y te veo segura,
nos decimos dos frases
con palabras confusas.

Hay respeto y silencio
y hasta existen mil dudas,
¿no será que tu imagen
a mi alma confunda?.

Pero no, ¡estoy seguro!,
eres tú aquella musa,
aquel sueño sin nombre
que viví con locura.

Tú venías a veces
con la falda y la blusa,
una cesta de compra
a mirar las facturas.

Te veía tan dulce
con tu voz tan difusa,
sin saber que tu estela
se dormía en las dunas.

Un hechizo sublime
me dejaba la bruma,
un suspiro del aire
y el latir de la luna.

Hoy te he visto de nuevo,
con las canas sin culpa,
una frente serena,
y los ojos que acunan.

Y hasta he dicho aquel nombre,
que escribí con mi pluma,
tantas veces y días,
derramando hermosura.

Pues quedaste muy dentro,
encerrada en la funda,
del poeta que sueña
con mirada difusa.

En mi pecho dormiste,
derramando ternura,
dulce niña del alma,
sin hacerme preguntas.

Rafael Sánchez Ortega ©
31/08/10

lunes, 30 de agosto de 2010

AQUEL DÍA...

Aquel día pararon los tranvías
y esbozaron un sueño en la cochera...
¡Tenían tantas ganas de descanso
que sus ojos cerraron tras las puertas!

Se olvidaron de hombres y de niños,
de mujeres, mercados y de iglesias,
se olvidaron de asfaltos y calzadas,
de paradas billetes y carteras.

Más también detuvieron los vapores
su paseo detrás de las mareas,
y quedaron silentes y atracados
a los muelles que cuidan las sirenas.

Unas notas se alzan por sus palos,
y recorren muy lentas la cubierta,
se estremecen las tablas tan curtidas
al sentir esa brisa siempre fresca.

Los camiones con paso trotamundo
se durmieron al borde de la acera,
y quedó recortada su figura
por la bruma y la luna que los llega.

El sonido apagado de los diesel,
esa tos que produce carraspera,
se redujo a silencio solamente,
sin el porte, la carga y la maleta.

Aquel día pararon los relojes
su tic-tac armonioso y sin reservas,
y quedaron pendientes las campanas
anunciando la misa y la novena.

Las devotas dejaron de ir a misa
pues no oyeron la hora de la iglesia,
y el vicario quizás muy sorprendido
se quedó pensativo ante la puerta.

Hasta el agua detuvo su camino
y la fuente tan linda quedó seca,
se durmieron sus gotas con la helada
en un lecho de rosas y camelias.

Descansaron cascadas y los ríos,
los estanques, embalses y compuertas,
con el agua dormida entre cristales
por el hielo y la nieve de la fiesta.

...Aquel día fue un día muy distinto,
fue el principio y el fin de una creencia,
y dormimos profundo en ese día,
descansando de sueños y poemas...

Rafael Sánchez Ortega ©
30/08/10

domingo, 29 de agosto de 2010

BAJO LA LUZ DE LA LUNA...

Bajo la luz de la luna
caminamos por la playa,
nos bañamos en sus olas
y jugamos hasta el alba.

Tú tenías quince años,
unos ojos de gitana,
y aquel cuerpo y tu figura
seducían mi mirada.

Yo tenía casi veinte
y libraba mil batallas,
persiguiendo las princesas
de los cuentos y las hadas.

Pero un día que leía
tú saliste tras las páginas,
fue una cara tan preciosa
y unos labios que me hablaban.

Me dijiste buenos días,
preguntaste por la plaza,
y siguiendo tu maleta
te guié hasta la morada.

Pues buscabas una fonda
más allá de la cabaña,
un lugar que te acogiera
con su techo y una cama.

Tú tenías vacaciones,
me dijiste confiada,
y querías divertirte
y pasar unas semanas.

Pero algo te detuvo
retrasando así la marcha,
fueron cosas y detalles
que llegaban a tu alma.

Nos hicimos pronto amigos,
compartiendo muchas charlas,
muchos ratos y momentos
en verbenas y jaranas.

Aún recuerdo aquella noche
bajo el manto de la estatua,
nuestras manos se buscaron
y los labios se besaban.

Sucedió como en los cuentos
con promesas siempre vagas,
compartiendo los suspiros,
y la música cercana.

Tú tenías quince años,
yo unos más que te sacaba,
y empezamos unos sueños
sin pensar en el mañana.

Fueron días muy felices
que recuerdo con nostalgia,
tú rompías el silencio
con el habla y con tu gracia.

Yo reía con tu risa
y en tus ojos comulgaba,
y sentía en mis latidos
el placer de tanta calma.

Pero un día la noticia
me llegó como una daga,
tú tenías que marcharte,
regresar a Salamanca.

Y mis sueños se rompieron
y cayeron unas lágrimas,
en el suelo se mezclaron
con el barro y con las algas.

Y así fue como partiste
de mi lado hacia tu casa,
yo quedé con una herida,
tú partiste hacia la nada.

Desde entonces nada supe
de tu vida y tus azañas,
sólo el eco del recuerdo
me devuelve tus palabras.

"...Bajo la luz de la luna,
las sirenas con sus arpas,
recordaban que en las olas
dos amantes se bañaban..."

Dos amantes, dos suspiros,
con dos rosas perfumadas,
y aquel tiempo del pasado
de unos niños y su infancia.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/08/10

sábado, 28 de agosto de 2010

NO SÉ POR QUÉ RAZÓN VOLVÍ A ESCUCHARTE...

No sé por qué razón volví a escucharte,
volví a sentir tu voz en mis oídos,
y tuve que pararme.

No sé de dónde procedían tus palabras,
no era la llamada de un teléfono,
ni era un susurro de tus labios,
tampoco un mensaje con tu letra
en la cuartilla...

Pero allí estaba tu voz inconfundible,
esa voz alegre y cantarina con
su toque de nostalgia,
esa voz de primavera florecida
que alegraba la mañana,
esa voz que en el ocaso despedía con el eco
a la luz que se marchaba,
esa voz que estremecía los sentidos
con su encanto y con su infancia.

...Y detuve mi camino, intentando descifrar
lo que decían tus palabras.
Eran frases y retazos que alentaban
y dejaban esperanzas.
Me decías "que adelante,
que siguiera paso a paso caminando,
que llorara si es preciso sin parar y detenerme,
que dejara que mis lágrimas bajaran hasta el suelo
y con ellas esa rabia y la impotencia
por ser hombre simplemente,
que mirara hacia los cielos
y buscara entre las nubes esa mano que se asoma,
esa luz, que como un faro ilumina los caminos,
esa estrella con mi nombre que lo arrastra
al infinito".

No sabía qué decirte y tan sólo te escuchaba.
Te escuchaba en el silencio de la noche,
te escuchaba recitando aquel poema, tan sencillo,
que una tarde me leíste junto al faro,
te escuchaba en aquel rezo compartido
en la Capilla de la Virgen,
te escuchaba en aquel día jubiloso
en que ambos nos miramos y dijimos el "si quiero",
te escuchaba con tu voz que me envolvía y abrazaba...

Más de pronto tuve frío y me vi que estaba solo
en mi silencio,
con tu voz y tu recuerdo,
con la gracia y el encanto que surgían de tus labios,
con las frases y palabras que una a una me decías,
con el dulce recitar de tu mirada,
con la onda candorosa de tu pelo,
con tu embrujo y el perfume de tu cuerpo,
con el tierno escalofrío de tu alma,
con tu pecho tan ardiente y sus latidos,
con tus besos que llegaban de sorpresa,
con la mano que rozaba mis mejillas,
con tus dedos explorando mis sentidos...

...No sé por qué razón volví a escucharte,
pero estabas a mi lado en ese instante,
entre mis brazos y en mis sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/08/10

TU VOZ SONABA FIRME EN LA DISTANCIA

Tu voz sonaba firme en la distancia
y hablaba de amistad y de cariño,
decías que luchara con constancia,
que viera el puerto ansiado como un niño.

Decías que olvidara la arrogancia,
incluso aquel cometa con su guiño,
que un día me encantó por su elegancia,
igual que tus colores del corpiño.

El eco de tu voz a mi llegaba,
con ánimos de lucha día a día
pidiendo que venciera la tormenta.

No pude responder lo que pensaba
y menos transmitirte mi alegría,
más sé que el alma al fin, quedó contenta.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/08/10

viernes, 27 de agosto de 2010

QUISE AVANZAR POR LOS MARES

Quise avanzar por los mares
en una barca sin remos
y me encontré con dos aguas
entre la mar y los cielos.

Fui navegante sin rumbo
por tantos mares eternos,
unos cercanos y verdes,
otros azules y lejos.

Allí aprendí a ser marino,
y hasta pescar sin saberlo,
de la cacea al palangre
y con la caña y el cebo.

Luego, curtida la cara,
por el nordeste tan fiero,
hizo de mi un hombre libre,
al zagalillo travieso.

Así pisé las tabernas
de las aldeas y puertos,
y me mezclé con las gentes,
sus chascarrillos grotescos.

Era la brisa del norte
quien despeinó mis cabellos,
era ese labio divino
el que me daba su beso.

Alguien me dijo una tarde
que se buscaban mancebos,
fuertes y bien aguerridos
para cruzár los océanos.

Y sin pensarlo siquiera
me decidí en un momento,
puse mi nombre en la lista
y me llamaron muy luego.

Pronto partimos de Cádiz,
iba el navío ligero,
con un zagal que cantaba
y suspirando su pecho.

...¿Y qué pasó en ese viaje?,
¿Hubo o no hubo regreso?,
¿casó con dama muy bella
y regresó con dinero?...

Cuatro preguntas en una,
y una respuesta de hielo,
porque termina el romance
y continúan los sueños.

¡Sueña que sueña el marino!,
sueña con mares violentos,
sueña con olas que llegan,
sueñan sus sueños viajeros.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/08/10

NUNCA ES TARDE

Nunca es tarde si se tiene una esperanza,
si se escuchan en el cielo los saludos
de los astros,
si una luna parpadea y te ofrece su sonrisa,
si una playa y unas olas hoy te invitan a su baile,
si el salitre que te llega es perfume de las algas,
si la nieve en las montañas te da un beso y un abrazo,
si los ríos y los montes te susurran y te hablan...

Nunca es tarde para oir la sinfonía de los robles
en el bosque,
si es que llevas en el alma esa fibra tan sensible,
si te paras en la calle contemplando a los que pasan,
si disfrutas mientras ves a los pequeños con sus juegos
en el parque,
si te encoges y estremeces escuchando la plegaria
de aquel ciego suplicando que le compres los cupones
del sorteo,
si te acercas a los muelles a mirar como descansan
los veleros,
si caminas tras sus pasos escuchando tus latidos,
si suspiras cuando viene a tu recuerdo ese rostro
tan amado...

Nunca es tarde para amar cuando te aman,
si es que sientes esa sangre que discurre
acelerada por tus venas,
si la notas por tu cuerpo,
si te inflama,
si te eleva hacia los cielos,
si aceleras más tus pasos y hasta emprendes la carrera,
si renuncias a la caja de cigarros que fumabas en el día,
por tener tus labios frescos, esperando que los liben
y los besen...

Por lo tanto,
nunca es tarde, para nada, mientras haya poesía,
mientras sople con bravura el huracán del sudoeste,
mientras veas esa mano que te ofrecen
y la tomes con las tuyas,
mientras notes el calor de la mirada que se busca
en el espejo de tus ojos...

Nunca es tarde, para nada, amigo mío y tú lo sabes.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/08/10