sábado, 12 de junio de 2010

ESPECTÁCULO DE MASAS

Espectáculo de masas
es el fútbol en sus fases,
once y once frente a frente
con un juez y con dos partes.

Sin embargo hay una perla,
una esfera rutilante,
de colores ó de blanco
que da el premio a quien la alcance.

Unos luchan por meterla
en la puerta que hay delante,
otros pugnan por lanzarla
a las gradas por el aire.

Hay defensas que se fajan
y que invocan a las madres,
para ver si así se asustan
los contrarios atacantes.

Pero en contra hay delanteros,
muy ligeros y muy hábiles,
que con mucha picardía
ven la puerta sin ambages.

Y de pronto el griterío
canta falta al contrincante,
¡esa mano es un penalti!,
¡vamos, vamos a marcarle!

Toma el cuero el delantero,
el portero está espectante,
va hacia el punto del castigo
y el silencio es intratable.

Unos metros retrocede,
busca fuerzas para darle,
hace fintas el portero
esperando que lo falle.

Al final arranca presto
con el cuerpo por delante,
chuta fuerte y colocado
y hay mil gritos y mil ayes.

El disparo alcanza meta,
y ese gol, es lo que vale,
son tres puntos en disputa
y es el premio a quien los gane.

Las gargantas enloquecen
entre aplausos a raudales,
la pasión nubla los ojos
y se aparcan las ruindades.

Más abajo sobre el césped
once a once se reparten,
la victoria y la derrota
del balón tan admirable.

Mientras miro todo esto,
sólo pienso en los chavales,
esos once jugadores
y en el árbitro tan grave.

Es el fútbol simplemente
con sus fintas y sus pases,
y el gentío y sus pasiones
con los gritos tan voraces.

Rafael Sánchez Ortega ©
11/06/10

viernes, 11 de junio de 2010

¡DORMID, DORMID...!

¡Dormid, dormid!, los muertos siempre duermen;
no volverán al mundo de los vivos,
no necesitan sueños y promesas,
tan solo, soledad y estar tranquilos.

De noche se confunden con las sombras
que escuchan las canciones de los grillos,
y danzan una música sin nombre
que sale de un oculto paraíso.

También les acompañan las sirenas
desnudas y cubriendo con sus rizos,
los senos palpitantes del deseo
que buscan a los labios del mendigo.

Los niños corretean en la playa
y juegan con piratas y navíos,
ajenos a la música que suena
y al baile de gaviota y estorninos.

Y mientras, en su tumbra reposando,
descansan nuestros muertos ya dormidos,
esperan la llegada de la aurora
y el dulce escalofrío de los lirios.

Quizás más adelante se despierten
y pisen ese cielo prometido,
allí donde descansan las estrellas
y llegan de la tierra los suspiros.

Entonces de su boca ya sin nombre
se escape hacia los dioses ese grito,
la eterna sinfonía de las almas
que lanzan su protesta y su gemido.

Porque dormir, dormir, los muertos duermen
el sueño más allá del infinito,
extraños a la vida y a los hombres
y viendo como lloran los vencidos.

Los duros capitanes y guerreros
luciendo los blasones ya sin brillo,
las jóvenes parejas que se amaron
y ahora separaron sus destinos.

Por eso las palabras se congelan
y quedan condenadas al vacío,
los muertos no precisan las palabras
tan sólo descansar, quedar tranquilos.

Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 10/06/10

PODRÍA VER EL BRILLO DE TUS OJOS





Podría ver el brillo de tus ojos
si buscara en el fondo de la bruma
o quizás si mirara simplemente
en la noche el paseo de la luna.

Pero no, no quería tu mirada
ni tampoco tus ojos y ternura,
precisaba ese soplo de la brisa
que a mis sienes calmaran de sus dudas.

El cansancio, quizás acumulado,
las ojeras precisas e iracundas,
con la falta de humor y de bonanza
esbozaban el cuadro de mi culpa.

Sin embargo pensaba y repensaba,
y a mi mente venían mil preguntas,
¿por qué era tan rígido y severo
y por qué mi conciencia me prejuzga?

Es difícil amar y ser amado
en un mundo que mira sus mayúsculas,
sin saber que en la letra más pequeña
allí está la respuesta que se busca.

Porque amar a la vida es muy sencillo
y la ama ya niño a quien se arruya,
y también esa estrella que en el cielo,
temerosa se asoma a la laguna.

Más sentir el amor del ser amado,
esa mano que habla y te dibuja,
ese labio que tiembla tiernamente
y la dulce mirada que se nubla,

no es difícil, si eres consecuente,
y no buscas la sombra que confunda,
pues amar y sentir al ser amado,
es unir sentimientos sin fractura.

Es unir las dos manos con un lazo,
y avanzar por la vida en esa búsqueda,
es sentir las llamadas de las almas
y saciar su cariño con premura.

Es así como quiero tu mirada,
compartiendo el camino con la brújula,
con tu mano en mi mano, y tus latidos,
a mi lado, por siempre en la aventura.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/06/10

miércoles, 9 de junio de 2010

LAS FLORES QUE COMPITEN CON LAS FLORES

Las flores que compiten con las flores
son perlas de color y fantasía,
son sueños recobrados de la tierra
que lucen sus vestidos por la vida.

Hay lirios que amanecen con el alba
y pétalos de rosas y glicinas,
hay sangre rescatada de la tierra
que surge explendorosa y florecida.

Es cierto que despiertan los pegasos,
que pasan galopando muy deprisa,
que pisan con sus cascos amapolas
y bellas temblorosas margaritas.

Mas siempre quedarán entre las flores
aquellas tan hermosas y tan lindas,
las flores que se llevan a los muertes,
las flores que en el pelo van prendidas.

Entonces, cuando miro por los campos,
no puedo reprimir una sonrisa,
sonrío por las flores y su esencia
sintiendo que me llegan sus caricias.

La eterna interrogante de los hombres
las flores la recogen y la archivan,
la vida, son las flores para ellas,
respuesta en primavera que palpita.

¡Ay, tierno corazón, mantente firme!,
no temas, pues tu vida no termina,
aún tienes por delante mucho tiempo
y es hora de vivir tus fantasías.

Recoge con tus manos unas flores
y llévalas deprisa a la capilla,
quizás allí te esperen unos labios
y el beso tan ansiado que precisas.

El beso del amor y de tu amada,
el beso de la tierra en que tu habitas,
el beso de los cielos a los hombres
que surge con las flores a la vida.

Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 08/06/10

LARGAS, LARGAS SON LAS NOCHES

Largas, largas son las noches
entre tubos y silencios,
con goteros que resbalan
los calmantes y los sueros.

Una noche como tantas
en que escucho a los enfermos,
en que leo sus palabras
más allá del sufrimiento.

Porque el alma no se para
por dolores y por miedos,
ella sigue su camino,
paso a paso en el sendero.

Hay un pecho que susurra,
es un grito hacia los cielos,
son palabras de los labios,
de la mente balbuceos.

Simplemente las escucho
y me acerco con recelo,
al enfermo que musita
esas frases que no entiendo.

Es mi madre y tengo frío,
miro el pulso y el gotero,
va mi mano hasta su cara
a su frente con anhelo.

Pasa un coche por la calle,
quizás lleve algún enfermo,
son segundos que se roban
a las sombras y los sueños.

Más la noche continúa,
hay llamadas de terceros,
son los timbres que reclaman
a enfermeras y a los médicos.

"...Largas, largas son las noches,
yo respeto sus silencios,
sin estrellas y sin lunas
y aferrándome a sus dedos..."

Allí siento los latidos
de ese pulso mas bien lento,
ese pecho que combate
y que plasmo en estos versos.

Es mi madre yo me digo
y quisiera ser el viento,
y llevarla en esta noche
por el cielo de paseo.

Más soy hombre simplemente,
y por ello sólo rezo,
pido a Dios mientras escribo
y le digo lo que siento.

Rafael Sánchez Ortega ©
07/06/10

lunes, 7 de junio de 2010

AÚN RECUERDO AQUELLA TARDE

Aún recuerdo aquella tarde, por el puerto,
donde ambos paseábamos.
Tú venías cabizbaja y pensativa
con tus brazos muy cruzados sobre el pecho.
Mi mirada se cruzó con tu mirada,
que perdida, estaba lejos,
en confusos remolinos.

Una sombra de negrura me llegó de tus pupilas.
¿Dónde estaba aquella luz
que tantas noches me alumbrara?,
¿dónde estaba el bello faro de tus ojos,
los destellos indulgentes y precisos?,
¿De qué huías para ir tras las gaviotas
que volaban en la tarde?...

Te seguí con la mirada
hasta aquel muro de la barra,
pero entonces la impotencia
fue la dueña de mi vida.
Tú marchabas por el mar hacia el ocaso,
tu volabas simplemente con tus sueños de cristal,
hacia la nada.
Tú dormías dulcemente las pasiones
de aquel alma atormentada.
Tú sentías el tic-tac de los rejoles
en la sagre de tu pecho acelerada que latía,
que gritaba,
que pugnaba por salir de ese volcán,
incandescente,
hacia tus labios y tus ojos.

Yo no sé si fue tu imagen
o el nordeste el que trajo hasta mi lado
una brisa tan helada,
ese viento irreverente de los mares,
ese soplo que penetra en nuestras almas,
el que hurga en las heridas,
el que sabe los secretos más profundos
que guardamos,
el que toma y el que deja,
el que besa y el que azota
con un simple ramalazo por caricia.

Y mis sueños se juntaron a tus sueños
con el viento y con la brisa.

Yo fui viento en esa tarde,
fui la brisa del nordeste,
fui la mano que tomaba tu cintura,
fui aquel labio que buscaba, entre tus labios,
ese beso abandonado,
fui la luz y fui espejo
donde tú te reflejabas,
donde viste al fin tu alma,
donde el rostro conocido de tu cara
fue cubierto por mis besos.

No quisiera que dudaras de la vida
y de tu vida,
no quisiera que pensaras nunca más
en ese viaje,
no quisiera que volaras en la tarde
persiguiendo a las gaviotas
que se marchan a la costa,
no quisiera que temieras por la vida
y por tu alma...

...Recordaba aquellas frases y palabras
que te dije en el silencio,
que te dije con el viento en un susurro
en tus oídos,
que te dije en un abrazo
todo lleno de cariño con mis sueños.

Aún recuerdo aquella tarde,
en que entonces yo soñaba.

Rafael Sánchez Ortega ©
07/06/10

UN POEMA ES COMO UN NIÑO

Un poema es como un niño,
nace y crece entre palabras,
balbuceos y caricias
como besos en la cara.

Cada letra tiene un orden,
son juguetes y guirnaldas,
que se unen y que forman
esas vidas de la nada.

Los poemas son suspiros,
conjunciones planetarias,
ilusiones infantiles
de los pechos que los guardan.

Más los niños son las notas
las que encierra el pentagrama,
son la luz y el colorido
con su voz en la mañana.

Nacen versos y más versos,
las estrofas forman guardia,
entre rimas y medidas
y cubiertos de metáforas.

Paso a paso van los niños,
y así miden la distancia,
entre risas y entre lloros
y a pesar de mil culadas.

Los poemas nacen libres
sin censura ni mordaza,
son los gritos del poeta,
sentimientos que le embargan.

Nuestros niños, inocentes,
también crecen mientras hablan,
parloteos de menores,
bella música sin arpa.

Hay poemas y poemas
como niños y esperanzas,
y los versos cobran vida,
y los niños las guirnaldas.

Hay guirnaldas de poemas
con sus pétalos de grana
de los niños que susurran
unos versos a quien aman.

Unos versos de los niños,
un poema que trasladan,
son los besos temblorosos
que se escapan de sus almas.

Rafael Sánchez Ortega ©
07/06/10