viernes, 30 de abril de 2010

SILBA EL VIENTO


Silba el viento
y suenan los cristales;
pasa la noche,
pasa el tiempo,
pasa la vida simplemente
como una sinfonía inacabada,
un crescendo en movimiento,
dirigido por la mano divina
mezclando sinfonías espectrales,
susurros invisibles
con nubes que ahora pasan.

Me dirigo hacia ese viento
que no veo,
a la fuerza inalcanzable
que me besa,
que me roza,
que acaricia mi cabello,
que penetra por los poros
de mi cuerpo,
que me dice mil susurros
que no entiendo,
y le pido simplemente
que me hable con palabras
que me lleguen al oído,
que me muestre lo que oculta
tras la fuerza que demuestra,
produciendo esos gemidos,
esos gritos en la noche.

Quiero ver si son sus lágrimas,
si es el llanto
lo que corre por su cara,
si es el miedo
el que atenaza sus sentidos.

Silba el viento y no lo veo.

Sólo sé que me domina,
que me embriaga,
que me excita,
que me lleva hasta su mundo de locura,
y que hace de mi vida
una simple interrogante,
una duda con preguntas
sin respuestas.

Silba el viento y en él busco,
como buscan los sedientos esa fuente,
como busca el peregrino la posada,
ó el mendigo esa dávida y limosna
a la entrada de la iglesia.

Silba el viento desgarrado del amor
y la tormenta se acelera por mi alma.

Tengo frío, tengo miedo,
tengo ganas de correr hacia la nada,
de buscar esa ilusiòn y fantasía
de dormirme sin palabras,
con la música que suena,
de entregarme a los placeres
más diversos,
de mirar por la ventana
y ver tu paso,
ver tu cara y ver tu rostro
dulce viento enamorado,
de mi vida,
de mi alma,
de mis sueños.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/04/10

jueves, 29 de abril de 2010

SE APAGAN LAS LUCES

Se apagan las luces
del viejo castillo,
la música suena
se beben los vinos,
se baila se ríe,
se dan dos pasitos,
los labios se juntan
y dan un silbido.

Allí, junto al lago
cantaban los grillos,
quizás murmuraban
estando dormidos,
quizás las alondras
cuidaban sus nidos,
espera que espera
que nazca el pollito.

Un hombre muy joven,
quizás un marino,
pasea despacio
fumando un pitillo,
sus pasos lo llevan
a un viejo navío,
sin velas ni jarcias
del muelle dormido.

Allí se detiene,
respira tranquilo,
la brisa lo besa,
lo trata con mimo,
sus sienes de plata
ya lucen con brillo,
los baña la luna
de luz de platino.

Atrás, en su casa,
quedaron los niños,
la esposa abnegada
soñando caminos,
pidiendo que vuelva
del mar al que ha ido,
el hombre abnegado,
paciente y sencillo.

El faro en la costa
alumbra muy fino,
la barra del puerto
con rayo ladino,
espera que salga
la barca con rítmo,
la recia trainera
sin miedo al peligro.

Ya quedan dos largos
del mar tan temido,
se aprietan los dientes,
se ocultan los gritos,
se reza en silencio
a la Virgen y El Niño,
es una costumbre,
quizás un cumplido.

Se quitan la boina,
revuelven anillos,
sus rezos se elevan
al cielo infinito,
se sientan mas tarde,
remando con brío,
ya van a los mares
los rudos marinos.

Aquí en San Vicente
confluyen dos ríos,
dos almas que llegan
de tiempos distintos,
el mar las espera,
comparten sus ritos,
sirena y salitre
con puentes altivos.

Allá en la distancia,
el mar tan temido,
entona canciones
y da sus chasquidos
espera a los hombres
que van a su sino
con recio uniforme
de azules vestidos.

...Se apagan las luces
del viejo Castillo,
se encienden las almas
y doy un suspiro,
aquí en La Barquera
me encuentro escondido,
rezando a la Virgen,
trazando este escrito.

La Salve me sale
del pecho contrito,
y pido por ellos,
los bravos marinos,
la esposa que duerme,
los niños chiquitos,
por tantos y tantos
que son mis vecinos.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/04/10

miércoles, 28 de abril de 2010

AL PASAR POR EL CIELO LAS GAVIOTAS


Al pasar por el cielo las gaviotas
dejaban con sus alas un mensaje,
decían muchas cosas en su vuelo
hablando con las olas y los mares.

Contaban las historias a los niños,
aquellas que ofrecieron a sus padres,
llevando con su ingenio la sorpresa
a niños y mayores en la tarde.

Narraban las leyendas de marinos
pescando, mar allende, por los mares,
luchando con tormentas y borrascas
en medio de furiosos huracanes.

Hablaban en su charla sin palabras,
a jóvenes que ahora son amantes,
y aquellos escuchaban en silencio,
relatos con ribetes de romances.

...De pronto, estremecido, sentí pasos,
venían desde el fondo de la calle,
no eran las gaviotas en su vuelo,
tampoco marineros a sus naves.

Los pasos se acercaban invisibles,
sin ver a la figura que los calce,
no había más allá de las tinieblas,
gaviotas ni impacientes alcatraces.

Había simplemente ese sonido,
el dulce taconeo con raigambre,
llegando lentamente hasta mi lado
sin música de fondo ni equipaje.

Por eso las gaviotas se marchaban,
deprisa, por llegar a nuestro baile,
el baile de los valses y los versos
el sueño de los locos inmortales.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/04/10

martes, 27 de abril de 2010

VOY A PEDIR AL VIENTO QUE ME DEJE

Voy a pedir al viento que me deje
marchar con él buscando tu figura,
visitaré las tierras sin fronteras
para llegar si puedo hasta la luna.

Me vestiré de gala si es preciso,
y dejarè en las sombras mi armadura,
quiero llegar a ti, sencillamente,
para mirar tus ojos ya sin dudas.

Quiero sentir la brisa de tus labios,
quiero bailar contigo en la laguna;
se pararán, sin duda, los relojes,
la noche llegará con su frescura.

Voy a pedir al viento sus caricias
para acercarme a ti, junto a la bruma,
y besaré tu cuerpo dulcemente,
mientras mis dedos firmes te dibujan.

Y escribiré en tu cuerpo este poema,
esta canción de risas y de angustias,
con esos versos temblorosos, mios,
que nacen con amor y sin lujuria.

Porque el amor, amor... es todo esto,
es alejar del alma la basura,
es conjugar la vida con los sueños
para encontrar el cielo sin excusa.

Voy a pedir al viento que te bese
aunque sea de forma inoportuna,
y que embriague tu alma y tus sentidos,
llenándote de gracia y de dulzura.

Porque al final no pido para mi,
pido seguir el vuelo de la pluma
quiero volar, deprisa, tras tu pasos,
para saciar tu sed y mi cordura.

Quiero sentir el tierno escalofrío,
y con él recibir esa burbuja,
el conjunto de globos y colores
que se mezclen contigo y se confundan.

...Voy a pedir al viento que me deje
marchar al mar en busca de la espuma
y encontraré en las algas y corales
el sueño y la razón de mi locura.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/04/10

lunes, 26 de abril de 2010

ESCUCHABA EL SONIDO DE LAS RAMAS

Escuchaba el sonido de las ramas
mientras eran besadas por el viento,
una niebla con fuerza las cubría,
con un halo de sombra y de misterio.

Parecían criaturas despertando
y volviendo a la vida tras el sueño,
unas lágrimas caían de sus hojas
en las gotas dejadas por el suelo.

Presentí que la vida estaba oculta,
más allá de las sombras y el silencio,
más allá de los sueños de los niños
y a pesar de las Hadas y los Elfos.

Y curioso busqué tras esas ramas
el misterio profundo de los cielos,
no pudiendo llegar hasta las nubes,
con su manto grisáceo y soñoliento.

Pero el viento llegó con gran sigilo,
y sopló con sus labios mi deseo,
consiguiendo rasgar aquellas nubes
y mostrarme la luz que tanto anhelo.

Susurraban los robles sin palabras
y las hayas sacaban sus secretos,
esperando que hablaran de la vida
en la Braña sagrada, nuestros tejos.

Y los tejos hablaron sin descanso,
nos contaron leyendas de guerreros,
y de hombres llegados de otras tierras,
a extraer de sus troncos el veneno.

Nos hablaron de lindas mariposas
y de bellas doncellas y mancebos,
que venían aquí para entregarse
y jurarse un amor por siempre eterno.

Es es entonces que llega ese sonido,
ese canto que vuelve con el eco,
el susurro quizás desesperando
con palabras de amores y te quieros.

Pero no, ya no hay sitio para ellas,
las palabras queridas ya se han muerto,
se han sumido en el pozo de las sombras
para ir a dormir a los infiernos.

Rafael Sánchez Ortega ©
26/04/10

domingo, 25 de abril de 2010

ME ENTERÉ QUE LLEGABAS CON LA LLUVIA

Me enteré que llegabas con la lluvia
y corrí tembloroso hasta tu encuentro,
estabas empapada por el agua
que bajaba con ganas desde el cielo.

Recogí a tus manos con las mías
y cubrí a tus labios con mis besos,
para luego pasar hasta aquel cuarto
con la lumbre esperándonos, y el fuego.

Te quité muy despacio tu vestido,
lo dejé extendido por el suelo,
te cubrí con la manta muy caliente,
y tocaste mi cara con tus dedos.

Nos quedamos ausentes y pensando
en los días pasados del invierno,
los encuentros de aquella biblioteca,
las lecturas tan bellas del Liceo.

Pero luego volvimos al presente
a leer las pupilas sin esfuerzo,
y a buscar más allá de las miradas
la lectura precisa de los versos.

Y los versos venían a tus ojos
como llegan las olas hasta el puerto,
con la calma del mar verde azulado,
y la brisa que llega desde lejos.

Un suspiro dejaba tu mirada,
un latido diciéndome: "te quiero",
y mis versos salían dulcemente
a buscar la mirada que deseo.

Fue un instante fugaz, como una chispa,
y el abrazo surgió sin proponerlo,
nos dijimos mil cosas sin sentido
y dejamos que hablaran nuestros cuerpos.

Al final, silenciosos y cansados,
escuchamos la lluvia en el silencio,
que avisaba que ella es la culpable,
de aquel acto de amor y del momento.

...Me enteré que llegabas con la lluvia
y un temblor sacudió todo mi pecho,
deseaba abrazarte tiernamente
y secar con mis besos tus cabellos.

Rafael Sánchez Ortega ©
25/04/10

sábado, 24 de abril de 2010

A PESAR DE LOS MIEDOS AL FRACASO

A pesar de los miedos al fracaso
acabó la lectura de la tarde,
y una brisa muy fresca y generosa
alivió nuestros cuerpos con su aire.

Atrás quedan los nervios contenidos
y los labios temblando por las frases,
en las bellas palabras tan rebeldes
rescatadas por ojos singulares.

Pasará mucho tiempo, hasta que olvide,
el momento preciso y el instante,
en que fuimos subiendo a la tribuna
y al atril que esperaba su mensaje.

Las cuartillas posamos en su seno
y apartamos los miedos un instante,
fue el momento quizás de nuestra dicha
de decir y contar lo que nos sale.

Porque al fin, los relatos y los versos,
son también, de nosotros, una parte,
una fibra sensible que dejamos
y el suspiro del alma que nos nace.

Uno a uno leemos los poemas
con la voz dulcemente vacilante,
y al final recibimos el aplauso,
la sonrisa y el gesto que nos hacen.

Nuestros pechos se sienten conmovidos,
y unas perlas, allende de los mares,
se perfilan también en las pupilas
y también nos reclaman esa parte.

Esa parte de elogio y de caricias,
que nos dan compañeros expectantes,
y con ellos nos llegan sus palabras
aplaudiendo este acto sin ambages.

Una hora ha durado la lectura,
y pudimos seguir un rato grande,
pero no, no quisimos aburrirles
prefiriendo que vuelvan otra tarde.

Al final hubo besos y sonrisas,
y guardamos recuerdos y saudades,
de esta hora pasada en la lectura
de este rato tan lindo y agradable.

Rafael Sánchez Ortega ©
24/04/10