jueves, 7 de octubre de 2010

CAMINÉ POR REGIONES INFINITAS

Caminé por regiones infinitas,
a través de desiertos y caminos,
y recé, tras la verja, en las ermitas,
con cansados, viajeros, peregrinos.

Una tarde vi letras bien escritas;
eran versos trazados y muy finos,
describían alegres margaritas,
y también los ocasos tan divinos.

Y me hablaban de amores no logrados,
de batallas y guerrras ya perdidas,
entre el hombre, y poeta, en su añoranza.

¡Es difícil amar y ser amados!,
me decían sus letras como heridas-,
aunque el sueño conserve la esperanza.

Rafael Sánchez Ortega ©
06/10/10

miércoles, 6 de octubre de 2010

LLEGASTE CON EL PELO ALBOROTADO

Llegaste con el pelo alborotado,
tomaste con tus dedos una rosa,
sentiste el corazón enamorado
latir, de forma alegre y cariñosa.

Entonces, un suspiro resignado,
mandaste con tu voz tan deliciosa,
diciendo que acudiera hasta tu lado,
de forma muy sutil y silenciosa...

...No pude resistir a tu llamada,
mis ojos se fundieron con tus ojos
y un beso de mis labios a tu frente.

Viniste hasta mis brazos confiada,
dejaste en el camino tus despojos,
poeta enamorada e irreverente.

Rafael Sánchez Ortega ©
06/10/10

martes, 5 de octubre de 2010

YO QUISIERA SENTIR ESE SONIDO...


Yo quisiera sentir ese sonido
en que el mar se transforma irreverente;
son las olas marcando su latido
el que llega, pausado, hasta mi frente.

Yo quisiera correr tras tu vestido
y tomar a tu cuerpo suavemente,
disfrutar de ese vals estremecido,
sobre el mar, y alejados de la gente.

Yo quisiera ser niño todavía,
escribir lo que dicta tu mirada
y soñar junto al mar en la ribera.

Pero soy el que soy, día tras día,
un poeta que escribe en madrugada,
esperando su estrella en La Barquera.

Rafael Sánchez Ortega ©
05/10/10

lunes, 4 de octubre de 2010

SOPLA EL VIENTO...

Sopla el viento y me abraza con sus besos
mientras suena la música encantada,
es de noche y no brillan las estrellas
y la lluvia se acerca y amenaza.

Hay sonido de puertas y cristales
y se mueven nerviosas las ventanas;
¡es el viento!, me digo en un suspiro,
la galerna que llega hasta la playa.

Hay galernas de vientos y tormentas
que derriban y azotan a las casas
pero hay otras de llantos y gemidos
que aniquilan los muros de las almas.

Y es en estas, que el beso se transforma,
y el abrazo se cambia por las lágrimas,
se entristecen sin más, los corazones,
y los ojos parecen dos fontanas.

Yo quisiera escuchar estos sonidos,
ese viento que llega y que reclama,
esa música dulce y ululante
con sus notas que embrujan sin palabras.

Más el alma temblando, está despierta,
no conoce a este viento que le llama,
ni conoce la voz y los latidos
de ese pecho furioso que le abraza.

¡Es el viento!, repito nuevamente,
la galerna de otoño está cercana,
son los gritos del cielo renovados
que desean la paz y la esperanza.

Una paz y una brisa duraderas
y una mar y unas olas con su calma,
donde llegue la luna por la noche
a bailar ese vals en la distancia.

Sonarán los violines con el viento,
mientras busca la luna plateada,
ese dulce reflejo que se estira
perezoso y coqueto por sus aguas.

"Sopla el viento y me abraza con sus besos",
y me quedo dormido con su nana,
en un sueño sin miedos ni temores,
con el alma, tranquila, que descansa.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/10/10

domingo, 3 de octubre de 2010

MIRABA AL MAR, LEJANO, AQUELLA TARDE...

Miraba al mar, lejano, aquella tarde,
y sus olas llegando hasta la playa,
contemplaba con ojos de cobarde
esas gotas que escalan la muralla.

La muralla es la costa, sin alarde,
donde asoma en su alto la atalaya;
allí el leño ilumina, mientras arde,
a la barra y bocana, en que se halla.

Divagaba y pensaba ensimismado,
en marinos y barcas que sufrieron
y, en los duros momentos que pasaron.

¡Cuántos barcos se hundieron a su lado!,
¡cuántos hombres en ella perecieron!,
y al final, ¡cuántos otros se salvaron!...

Rafael Sánchez Ortega ©
03/10/10

sábado, 2 de octubre de 2010

NO LUCHARÉ POR CAUSAS IMPOSIBLES

No lucharé por causas imposibles
aunque al final me espere el paraíso,
atrás quedadon tiempos y personas
envueltos con la estela de los libros.

Me quedaré mirando al horizonte,
a la figura esbelta del navío,
que pasa con gaviotas a su lado
y marchan a la costa hacia sus nidos.

No soñaré ya más con Dulcineas
ni con hadas, princesas y castillos,
ni con la Mancha alegre y el Toboso,
y menos con posadas y molinos.

Me quedaré escuchando los romances
que cuentan los viajeros peregrinos,
y sonreiré de paso quedamente,
pensando en los sueños de los niños.

No llorará mi alma por la ausencia
tampoco el corazón dará suspiros,
y sentiré la soledad con el silencio
llegando con su manto y con su frío.

Me quedaré mirando a las estrellas,
sabiendo que me envían sus latidos,
esos pequeños rayos tan traviesos
que mandan a la tierra con sus guiños.

No buscaré la rosa de los vientos
con brújula, mirando al infinito,
y dejaré que pasen los inviernos,
y lleguen los calores del estío.

Me quedaré mirando la campiña,
la avena, los trigales y los pinos,
y buscaré los surcos en la gleba
trazados por arados y por trillos.

No sentiré sonar a las campanas
que llaman a la misa los domingos,
porque estará mi corazón ausente,
sangrando por la pena, y malherido.

Me quedaré mirando como llega
la muerte y la guadaña con su filo,
y cerraré los ojos simplemente
para dormir por siempre entre los lirios.

Rafael Sánchez Ortega ©
02/10/10

CIELO ALTO, MALVA ROSA

Cielos altos y celestes
que mirais a los sembrados,
los trigales en las heras,
girasoles de los páramos.

Dejad pronto vuestra lluvia
con las gotas y el milagro,
que se mezcle con la tierra
y que done sus regalos.

Cielos altos, vigilantes,
de los cauces y el remanso
de ese Duero tan altivo
que pasea por mis campos.

Este campo es cuna noble
de labriegos y de hidalgos,
de doncellas casaderas
y muchachas con su canto.

Cielos altos de Castilla
¡cuántos besos te he mandado,
cuántos rezos y suspiros,
y caricias de mis manos!

Si tuviera que pedirte
las semillas de tus granos,
buscaría en cada surco
esas perlas de tu llanto.

Cielos altos, manto oscuro,
con mil nubes paso a paso,
con dibujos y con formas
de unas manos que han pintado.

No cerreis nunca los ojos,
pues preciso vuestro abrazo,
necesito tus latidos
y ese beso de tus labios.

Cielos altos, malva rosa,
¡cúantas veces he rezado
por la niña de mis sueños
por sus ojos de avellano!

Hoy te miro y me sonrío
en la tarde de este ocaso
mientras grito quedamente:
¡Cielo alto, cielo alto...!

Rafael Sánchez Ortega ©
Sierrallana 30/09/10