viernes, 8 de junio de 2012

MIS PISADAS SON MÁS LENTAS QUE HACE AÑOS...



Mis pisadas son más lentas que hace años
y ahora siento la llegada del otoño.
Desnudo mi alma en este instante, sin pensarlo,
en que hago una parada en el camino.
Me miro en el espejo invisible que traza
la ventana de mi alma y veo una figura
muy borrosa que me mira.


No me gusta lo que veo entre la bruma
pues carece de rigor lo que se observa
tras la niebla.
Hay un mundo misterioso que se esconde,
una oscura realidad que me contempla,
unas sombras que protejen otras sombras
y un suspiro que me llega y no sé de donde parte.


Se me agolpan los recuerdos y entre ellos
hay rescoldos de un pasado que no muere,
que resiste los embates de las fechas,
que pervive a pesar de tantas hojas
que se van del calendario.


Veo nombres y figuras,
veo labios que musitan,
veo manos que se acercan y que toman a las mías,
veo cuerpos desnudados que me invitan,
veo ojos que me miran
y hasta besos que me llegan por el aire.
Veo senos virginales que palpitan
y susurran una dulce melodía,
veo el germen de la vida
que florece y que me llama...


Sin embargo doy la vuelta
y me vuelvo hacia el otoño.
A ese tiempo tan dorado de las hojas
de los bosques y las almas,
a esa tierna maravilla donde duermen
las estrellas y los niños,
a esa hermosa conjunción de los sentidos
de los hombres y sus almas.


...Tengo fiebre y mi locura se desborda.
Son los sueños de la infancia los que vuelven,
los que gritan y reclaman ese beso
y ese abrazo inexistente,
es el hambre tan sutil de la inocencia
quien reclama y quien me pide
ese beso deseado que no tuve.


Rafael Sánchez Ortega ©
08/06/12

ME VAS A PERDONAR QUE NO TE NOMBRE...


Me vas a perdonar que no te nombre
ni que rompa el silencio de tus huellas,
si acaso un pestañeo imperceptible
que muestren tus ojitos de canela.

No quiero profanar con mis pisadas
las tuyas que has dejado por las sendas,
quizás cuando buscabas tu destino
por puertos, por calzadas y callejas.

Si acaso me contento con tenerte
cercana, en el paisaje que despierta,
pensando que llegaste con tus pasos
al nuevo despertar que tanto anhelas.

Me quedo con tu voz y tu recuerdo,
la cara juvenil y tan traviesa,
los labios florecientes que temblaban
leyendo y recitando mis poemas.

Me quedo con los besos que me diste
y aquellos que cruzamos con frecuencia,
el timbre enamorado de tu risa
haciendo que la mía floreciera.

Es fácil refugiarse en el silencio
y triste renunciar a tu presencia,
más tuve que tomar esa salida
y sabes los motivos que ocurriera.

No quiere el corazón culpar a nadie,
la culpa está en la vida y se presenta,
si acaso me reprocho no decirte
la causa original de aquella queja.

La queja que debía transmitirte
debía el corazón a ti, ofrecerla,
tratar de compartirla con tu pecho
luchar con la razón, no con la fuerza.

Pero mejor dejar tanto pasado,
refugio melancólico de penas,
debemos suspirar por los claveles
y lirios de la nueva primavera.

Debemos proseguir nuestros caminos
buscando por las noches las estrellas,
sin duda, recordando con nostalgia,
los besos y caricias a su vera.

"...Me vas a perdonar que no te nombre,
no quiero que me invada la tristeza,
si acaso que retorne a mi mirada
tus ojos tan hermosos de canela..."

Rafael Sánchez Ortega ©
08/06/12

jueves, 7 de junio de 2012

QUISIERA CUBRIR DE BESOS...


Quisiera cubrir de besos
cada poro de tu espalda,
y luego seguir besando
poco a poco lo que falta.

Tus ojitos soñadores
donde escondes la mirada,
esa arruga de la frente
que se oculta con el alba.

El escote de tu cuello
donde el pecho allí se guarda,
de pasiones indiscretas
donde rujen marejadas.

A tus manos, si las cito,
cubriría con prestanza,
y a tus dedos tan inquietos
llevaría hasta mi cara.

Quisiera cubrir de besos
tantas cosas deseadas...
El cabello tan precioso
esa voz con que me hablas,

las colinas de tu cuerpo
con sus sendas y calzadas,
el temblor y el arcoiris
de ese seno que se alza,

ese lago que en el vientre
es la gruta y la fontana,
de tu pecho que susurra,
que suplica y que reclama,

esos muslos encantados
con la piel de seda y llama,
que palpitan con el fuego
incoado en tus entrañas.

Quisiera cubrir de besos
a la rosa de tu alma,
a tus piernas tan preciosas
y bajar hasta tus plantas,

a los pies que bien conozco,
juguetones en la cama,
y que fueron precursores
de seguirte en la distancia,

más no olvido tu cintura,
con las curvas bien formadas,
y los brazos tan divinos
en tu cuerpo de gitana,

De tu sexo poco digo,
sólo el beso que me aguarda,
allí bebo con mis labios
ese néctar que me falta.

"...Quisiera cubrir de besos
a tu cuerpo sin tardanza,
y llevarlo hasta la cima
de la más alta montaña..."

Rafael Sánchez Ortega ©
07/06/12

miércoles, 6 de junio de 2012

HACE TIEMPO Y SIENDO NIÑO...


Hace tiempo y siendo niño
yo miraba las estrellas,
extasiado en sus colores
de las noches veraniegas.

De aquel tiempo, que es pasado,
otras cosas se me quedan,
los castillos en la playa
construídos con arena.

Las princesas de los cuentos,
y los héroes de novelas,
con las hadas tan hermosas
que dejaban las leyendas.

Otras cosas que recuerdo
son los libros de la escuela,
con lecciones engorrosas
que estallaban la cabeza.

Eran tiempos muy felices
que gozamos a conciencia,
bordeando día a día
el umbral de la pobreza.

Aquel tiempo del pasado
dejó en mí, profunda huella,
por el sello inconfundible
de vivir la primavera.

Primavera de una vida
juvenil y sin tristezas,
una vida rebosante
de delirios y poemas.

Hace tiempo y siendo niño,
yo soñaba ser poeta,
escritor como Cervantes
que ensalzaba a Dulcinea.

Me pasaba todo el tiempo
entre libros y entre letras,
con delirios infantiles
de resacas y mareas.

Navegaba por los mares
en bajeles y traineras,
y ayudaba a los remeros
y a grumetes en cubierta.

Era tal mi fantasía
que subía en los cometas,
más arriba de las nubes
pues quería ser veleta.

La veleta soñadora
de la torre de la iglesia,
frecuentada por las aves
y también por las cigüeñas.

Pero el tiempo y el pasado
quedó atrás, en una pieza,
con suspiros en el pecho
retenidos a la fuerza.

Y también las mariposas
se quedaron sin el néctar,
y mis ojos no captaron
su volar y su belleza.

"...Hace tiempo y siendo niño,
yo buscaba a las estrellas,
las buscaba por las noches
en el cielo y los poemas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/06/12

NO IMPORTA LO QUE DIGAN OTRAS LENGUAS...


No importa lo que digan otras lenguas
hablando por la vida de nosotros,
si acaso lo que piensen los que amamos
al ver el parpadeo en nuestros ojos.

Debemos demostrar la valentía
en medio de este mundo que está loco,
no importa si su ritmo es tan frenético
que mezcla las sonrisas con los lloros.

Debemos conseguir estar unidos
y que hablen nuestros pechos sin sonrojo,
entonces callaremos los murmullos
que buscan la malicia tan ansiosos.

Las lenguas viperinas tan activas,
los labios escupiendo mil abrojos,
las manos sudorosas del cacique
que ufano participa en el desdoro.

No importa lo que digan otras lenguas
que emiten el lenguaje del beodo,
ya sé que acabarán su borrachera
en diálogo sutil y muy borroso.

Debemos confiar en nuestras fuerzas,
las mismas que conviven con nosotros,
aquellas que nos dicen que adelante,
abriendo nuestros ojos legañosos.

Debemos superar tantas barreras
que llegan cada día de trasfondo,
haciendo que se nublen nuestras almas
en medio de este tiempo borrascoso.

El tiempo que se marcha y que no vuelve,
el tiempo de frenéticos desdoros,
con frases que señalan y que acusan
al hombre que es paciente y que es piadoso.

"...No importa lo que digan otras lenguas
si acaso el pensamiento de los tontos,
porque ellos están cuerdos, todavía,
ajenos a este mundo tan ansioso..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/06/12

martes, 5 de junio de 2012

NO QUIERO FLORES NI VELAS...


No quiero flores ni velas
cerca de mí, en el lecho,
ni tampoco las macetas
de jazmines y de enebros.

Quiero tan sólo la luna
para que vele mi sueño,
mientras me canta una nana
con esos labios que veo.

Quiero también a mis  libros
donde bebí de sus versos,
donde aprendí que ser libre
era virtud sin defecto.

Quiero de nuevo a mi barca
con su timón y sus remos,
sin capitán y con velas
y una oración cara al viento.

No quiero flores, repito,
cerca de mí, y en tus dedos,
son chirimías lascivas
con su profundo embeleso.

Quiero la paz en el alma,
esa que dan en los cielos,
la que se viste de fiesta
en primavera e invierno.

Quiero la voz que susurre
y que me deje su anhelo,
con un sentido suspiro
que ponga fin a mis miedos.

Quiero tu mano de nieve
para tocar con mis dedos,
a los que van en la tuya
y que acarician mi pelo.

No quiero flores ni honores
cerca de mí, sin saberlo,
son las medallas de barro
que hoy se dan a los muertos.

Quiero tu cara tan linda,
quiero tus labios tan frescos,
para beber de los mismos
dejando en ellos mis besos.

Quiero sentir a tu sangre
en el latir de mi cuerpo,
quiero también desnudarte
y dibujar en tus senos.

Quiero besar tus mejillas
y proseguir en tu cuello,
mientras la luna se apaga
y se consume de celos.

"...No quiero flores ni velas
cerca de mí, estoy cuerdo,
porque las flores se mueren
y yo con ellas me muero..."

Rafael Sánchez Ortega ©
05/06/12

lunes, 4 de junio de 2012

HAY UN QUEJIDO EN EL ALMA...



Hay un quejido en el alma que brota y se apaga, 
una luz parpadeante que llama y devora, 
un sonido increscendo que lleva al silencio, 
es un mar de nostalgias que surge y que envuelve 
sin más a los cuerpoS.


Pero el hombre resiste y aguanta 
a pesar del dolor y la sangre. 
Porque siente el dolor en su pecho 
que casi lo ahoga tras duros combates 
y sus venas soportan la sangre caliente 
que marcha al galope sin brida y sin freno 
buscando ese soplo de viento, 
ese aire que llegue y refresque, 
esa mano de nieve que roce la frente, 
ese dulce suspiro del cielo que mande 
los besos de lluvia que curen su alma.


Yo no sé el final de esta historia 
y tampoco yo creo que nadie lo sepa. 
Es la historia del hombre y su vida, 
es la lucha cruel en el tiempo del hombre y su alma, 
es la eterna pelea sin campo y batalla, 
sin armas ni duelos, 
sin voces ni riñas buscando la nada.


Es la vida que grita y reclama en el día y la noche,
esa eterna pregunta que nadie contesta, 
que todos ocultan, 
ese enorme vacío que todos sabemos que existe, 
esa gran soledad en que quedan los muertos 
y ese enorme silencio donde siguen los vivos.


Porque el hombre que sufre y que lucha, 
el que busca la huella en la playa, 
el que va caminando tras ella 
con sólo su antorcha en mitad de la noche... 
Ese hombre eres tú, buen amigo. 


¡Ese hombre soy yo, sin palabras..."


Rafael Sánchez Ortega ©
04/06/12