Por último confieso que abandono,
que bajo por mi pie de la escalera,
no busco el oropel ni colecciono
el premio ni el laurel de esta carrera.
Confieso que renuncio, y no perdono,
a ser el pordiosero que pidiera,
la miga de ese verso que menciono
por culpa de una envidia torticera.
Confieso que me quedo, tristemente,
llorando como un tonto, arrepentido,
y herido por un arma, mortalmente.
Confieso que he vivido y he sentido,
la vida de una forma diferente,
y ahora el corazón está vencido.
Rafael Sánchez Ortega ©
05/04/17
que bajo por mi pie de la escalera,
no busco el oropel ni colecciono
el premio ni el laurel de esta carrera.
Confieso que renuncio, y no perdono,
a ser el pordiosero que pidiera,
la miga de ese verso que menciono
por culpa de una envidia torticera.
Confieso que me quedo, tristemente,
llorando como un tonto, arrepentido,
y herido por un arma, mortalmente.
Confieso que he vivido y he sentido,
la vida de una forma diferente,
y ahora el corazón está vencido.
Rafael Sánchez Ortega ©
05/04/17
Me preocupa la segunda estrofa, Rafael.
ResponderEliminarCuantas veces perdimos un verso por culpa de una envidia torticera.
Sé bien de qué me hablas.
Sí, Tecla, es como dices y agradezco tus palabras.
EliminarUn abrazo.
Cuando vemos la vida entre vencidos y vencedores, todo parece una lucha, pero para mí, el que actúa de corazón y con bondad, tiene permanentemente un triunfo personal, que nadie se lo puede arrebatar. Cierto?
ResponderEliminarUn fuerte abrazo amigo.
Que todo siga mejor, y obviamente espero leer mucho más de ti, mucho más tiempo.
Coincido con tu apreciación Paty.
EliminarUn abrazo y gracias por este comentario.
Muy compungido e incluso airado te siento en estos últimos poemas que te leo.
ResponderEliminarTal vez es que los versos salgan retorcidos a veces...o eso espero.
Que no sea nada, te deseo.
Un beso.
En realidad estos tres últimos sonetos forman una unidad, y eso es evidente. El motivo ya lo he explicado en el primero, aunque siempre puede haber una razón subyacente que sea el origen de los mismos.
EliminarUn beso y gracias por tus palabras Marinel.
Todo el poema me conmueve, sobre todo las dos últimas estrofas.Espero que la herida sea de amor y el corazón no se dé por vencido.
ResponderEliminarUn abrazo.
La sangre se renueva Fanny y el corazón puede doler, pero también se recompone, aunque sea malherido.
EliminarUn abrazo.
Rafael, me deja preocupada este poema, por nada en el mundo te sientas vencido, espero que solo sean versos sobre lo que te rodea, y no de forma personal.
ResponderEliminarTe mando un gran abrazo.
Feliz día, amigo.
Es poesía Carmen, míralo así. Lo demás es cosa de la vida o de los sueños del autor. Tú bien lo sabes.
EliminarUn abrazo.
Una confesión que honra y dignifica al poeta por su sinceridad y humildad...Impresionante el poema, Rafael.
ResponderEliminarMi abrazo y mi cariño.
Gracias sinceras, María Jesús.
EliminarUn abrazo.
Yo llevo dias sufriendo por lo mismo que tu expresas ahora ...
ResponderEliminarabrazos
Pues no sufras por ello, Marina. Quizás no merece la pena.
EliminarUn abrazo en la tarde.
gracias Rafael por tu visita y consejos...eso mismo me decías en tu primer correo hace muchos meses...
ResponderEliminarabrazos ...
Abrazos y feliz semana Marina.
Eliminarwwuuaau que duro jooo la vida misma profunda eehh, por cierto magistral soneto mi querido amigo , un abrazo desde mi brillo del mar
ResponderEliminarGracias por tus palabras Bea.
EliminarUn abrazo en la tarde.
Y a pesar de todo, pasará y brillará el protagonista del soneto.
ResponderEliminarMomentos, solo eso, momentos.
Quien lleva la poesía en vena no se rinde ante una envidia, se fortalece.
Un abrazo, Rafael.
Gracias Verónica. Supongo que tienes razón.
EliminarUn abrazo.